© Unleonfoto – Tigrada de Chilapa de Álvarez en 2018
En la ciudad de Chilapa de Álvarez, en el estado mexicano de Guerrero, se celebra en agosto la emblemática Tigrada, una celebración que conjuga la ancestralidad prehispánica con la fervorosa devoción católica. En efecto, las raíces de la Tigrada se hunden mucho más allá de la época colonial. Sus orígenes se remontan a la época prehispánica, cuando los pueblos indígenas rendían culto a Tláloc, el dios de la lluvia, para asegurar buenas cosechas y la fertilidad de la tierra. Esta celebración se llevaba a cabo en los campos de cultivo, donde agricultores, disfrazados de tigres corrían de un lado a otro para ahuyentar a los malos espíritus y asegurar una buena cosecha. Hoy en día, aunque la devoción a la Virgen de la Asunción se ha fusionado con esta tradición ancestral, la esencia de pedir por la fertilidad de la tierra y agradecer a la naturaleza sigue presente.
Tláloc, también conocido como Tlalocantecuhtli («el que hace fluir el agua» o «el que siembra» en náhuatl), dios azteca del agua.
Con el paso del tiempo, la fiesta se trasladó a la ciudad, convirtiéndose en uno de los eventos más significativos del estado de Guerrero; un verdadero espectáculo visual y auditivo. Hoy en día, niños, jóvenes y adultos participan en este juego simbólico, donde la figura del tigre representa la fuerza de la naturaleza y la fertilidad de la tierra. Sin embargo, es importante destacar que hace 50 años, la celebración no tenía un nombre específico; simplemente se decía que «ya venían los tigres» para anunciar la llegada de agosto y el inicio de los juegos callejeros.
Aunque esa fiesta se llama la Tigrada, el felino representativo de las culturas mesoamericanas no es el tigre sino el jaguar, asociado con atributos como la valentía, la lluvia, los terremotos y la fertilidad. Si bien en la región de Guerrero habitan jaguares, durante la Conquista, los españoles lo confundieron con tigrillos, lo que dio lugar a una fusión de culturas que perdura hasta nuestros días.
Cartel oficial de la Tigrada 2024
Durante la Tigrada, las calles de Chilapa de Álvarez se convierten en un escenario donde los tigres, con sus máscaras talladas y sus vestimentas coloridas, bailan al ritmo de la música. Además, arrastran pesadas cadenas de metal que, al rozarse con el suelo, producen un estruendo ensordecedor que simula el sonido de la lluvia. Esta representación sonora tiene un significado profundo, ya que se cree que emula el enojo de Tláloc, el dios de la lluvia, quien según la leyenda, fue engañado por los hombres disfrazados de tigres para robar su maíz sagrado.
En el caso de la Tigrada de Chilapa, la figura del tigre ha adquirido un significado particular a lo largo del tiempo. Si bien algunos cronistas locales han señalado que esta celebración tiene raíces prehispánicas y está asociada con rituales para pedir lluvia, Según el profesor Luis Aguilar Nava, el tigre de Chilapa es, ante todo, una figura de diversión que se ha convertido en una tradición del pasado reciente y que no es universal. En otras partes de Guerrero, como Zitlala o Acatlán, la figura del tigre sigue vinculada a prácticas rituales para pedir lluvia y a la cosmovisión prehispánica. Sin embargo, en Chilapa, el tigre ha evolucionado hacia una celebración más lúdica, donde los niños y jóvenes se disfrazan y corren por las calles, creando un ambiente festivo y alegre. Como señala el profesor Aguilar Nava, hace 50 años, la Tigrada se reducía a un simple juego callejero, donde los niños se disfrazaban de tigres para asustar a los demás y divertirse. Con el paso del tiempo, esta tradición se ha consolidado y ha adquirido un carácter más formal, pero sin perder su esencia lúdica.
