Uno de los legados más importantes en la cultura de un país es su música. La música está presente en los contextos más variados (desde los más populares, hasta los más sagrados). Se relaciona con el quehacer de las comunidades y con su historia; posee una dimensión política, social o económica y logra ser parte en todo tipo de ocasiones: bodas, funerales, celebraciones patrias…sin distinción.
Desde hace más de un siglo la música tradicional costarricense, patrimonio inmaterial del país, tiene un gran representante: las bandas musicales de los municipios (o alcaldías), conocidas popularmente como “Cimarronas”.
Las Cimarronas son grupos pequeños de músicos (entre 5 y 8 integrantes), compuestas únicamente por instrumentos de viento y percusión. Poseen un estilo musical único que se trasmite de “oído en oído” (básicamente sin partitura) y de generación en generación .Se les llama «Cimarronas» pues se les compara con algunos animales salvajes que hacen mucho ruido mientras se desplazan de un lugar a otro. Tal es el caso del ganado cimarrón o de los gatos cimarrones en los techos de las casas.
Los músicos de cimarrona, son muy versátiles y poseen un alto nivel musical. Esta versatilidad les ha permitido crear composiciones para eventos como desfiles, procesiones o incluso para marchas fúnebres (en Semana Santa). Además, han generado, a lo largo del tiempo, una influencia directa en otras manifestaciones culturales relacionadas con el arte del espectáculo: como lo son las mascaradas y los bailes típicos.
Las cimarronas aparecen en las fiestas del pueblo, las bodas, los “quince años” y las festividades patrias. En Costa Rica, cada región cuenta con sus propias Cimarronas. Algunas tienen décadas de existir y han logrado ganarse un espacio privilegiado en la memoria de la comunidad de donde provienen, creando así un sentido de pertenencia y de identidad.
En la mayoría de los eventos, la cimarrona llega acompañada de una mascarada. La mascarada es un grupo de bailarines disfrazados que siguen el ritmo de la música y que interactúan con los pasantes. Es una tradición popular costarricense que tiene influencias indígenas europeas y africanas. Según diferentes investigaciones su origen tendría lugar en el Valle Central, en la región de Cartago, en el siglo XIX, durante los eventos organizadas para festejar a los santos patronos. Con el paso de los años la tradición adquirió rasgos criollos representativos de la cultura costarricense.
A los integrantes de la mascarada también se les llama mantudos o payasos. Mantudos porque antes se utilizaba una manta para cubrir el cuerpo de quienes portaban las máscaras.
Dos rasgos particulares identifican una mascarada tradicional: la fabricación y los personajes que la integran. Con respecto a la fabricación, es importante tomar en cuenta que las máscaras son hechas a mano y deben respetar las técnicas artesanales de los mascareros de las diferentes regiones. Generalmente, se usa papel maché, yeso, barro y pegamento casero y pinturas de diferentes colores, todo buscando una estructura sólida según el tipo de máscara el tamaño y la forma. Hay varios tipos de máscaras los “gigantes” que sobrepasan el cuerpo de quienes las usan; los “cabezudos” o máscaras que cubren toda la cabeza; las “caretas”, que cubren solo el rostro; y los “aparatos”, que representan animales. La mascarada incluye diversos personajes tradicionales o legendarios de Costa Rica. El objetivo es exagerar algún rasgo particular de los personajes resaltando algún detalle. Entre los personajes que nunca pueden faltar se encuentran el Diablo, la Muerte, la Bruja, el Gigante y la Giganta. En las mascaradas actuales también se incluyen personajes políticos, y algunos personajes de dibujos animados y hasta futbolistas.
Desde 1997, mediante Decreto Ejecutivo N° 25724, se declaró al 31 de octubre el Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense. Una forma de rendirle homenaje al trabajo apasionado de músicos, mascareros y bailarines en su afán por preservar las tradiciones populares.
La Original Domingueña: Una Cimarrona Experimental
Una de las cimarronas más importantes de Costa Rica en la actualidad es La Original Domingueña (de la región de Santo Domingo de Heredia a 10km de San José)
Formada en el año 2004 por seis jóvenes músicos profesionales, los domingueños conservan lo tradicional de una cimarrona y lo fusionan con el sabor y las influencias de la música afro latina y latinoamericana. Además, incorporan música de otras latitudes tales como Skajazz, Reggae, Second Line, musica orquestal (soundtracks de películas) y sonidos de brass band y fanfarrias alrededor del mundo.
Todos tienen menos de 30 años y en su mayoría poseen una vena artística heredada de sus familiares.Se les encuentra en muchos escenarios del país dando conciertos y presentaciones privadas, además se han convertido en gestores culturales de su comunidad, rescatando las tradiciones populares y la música costarricense. En junio 2016 la agrupación se hizo presente en el Festival de Fanfarrias de Montpellier y en el Encuentro de Gigantes y Cabezudos de Cataluña, en la Llacuna. La gira fue declarada de interés cultural por parte del Ministerio de Cultura de Costa Rica.
Pie de foto La Original Domingueña dio un concierto único en la fuente de Saint Michel en Paris, como parte de las actividades de la Semana de América Latina y el Caribe. Contó con el apoyo de Asociación de Costarricenses en Francia ACRF, la Embajada de Costa Rica en Francia, la Alcaldía de París, la Asociación Jour et Nuit y ACA, la Asociación Centroamericana en París.
Integrantes: Juan José Carazo – percusión, redoblante Carlos Ocampo – percusión, bombo y platillos Johel Mora – trompeta Doryan Unfried – trombón Antony Cordero – sax Andres Villalobos – tuba
“De Kañir” un grupo de tradiciones costarricenses en París
La Asociación de Costarricenses en Francia (ACRF) es un proyecto sin fines de lucro que busca difundir la cultura costarricense en territorio francés, gracias a la puesta en marcha de proyectos interdisciplinarios. Desde su creación hace más de 6 años, la ACRF se ha dado la tarea de producir y recrear manifestaciones culturales tradicionales costarricenses, como es el caso de la Cimarrona, de la Mascarada y de los bailes típicos costarricenses.
En el 2013 y gracias al talento de sus miembros, se construyeron 4 máscaras (Una giganta, y 3 cabezudos: el Diablito, la Muerte y la Negrita). Además se conformó una cimarrona con 5 músicos y se creó un grupo de bailes folclóricos. Este grupo de artistas se presenta bajo el nombre de la compañía de tradiciones costarricenses “De Kañir” que significa amanecer en lengua indígena.
