Vigo. Mirando a las Islas Cíes. 2004.

Regreso a la tierra de su concepción. Para pisar las huellas de la familia de su padre biológico.

En ese viaje hacia sus orígenes, Marina se enfrenta con lo que se calla, con los secretos de familia, a los márgenes de la ley, y se adentra en las aguas turbias de los tabúes. En una época de libertad ochentera, de rebeldía, de adicciones y enfermedad, muchas familias se rompen en silencio para mantener las apariencias de unas tradiciones mojigatas. Carla Simón lo filma todo con un esteticismo único, bajo la deslumbrante luz atlántica. La dirección de fotografía de Hélène Louvart es simplemente preciosa, un motivo de por sí para franquear el umbral de una sala de cine. Y la intensidad del silencio en los ojos de Marina (Llúcia García) es otro.

Romería es una película intimista, muy personal, que nos habla de memoria, de transmisión y de subjetividad. Temas que le hacen un eco peculiar a la forma de trabajar de la directora. Según desveló Carla en la charla que siguió al preestreno de su obra en el Instituto Cervantes de París, para crear una familia, entre actores, pasan mucho tiempo juntos, e improvisan en torno a situaciones que pudieran haber acontecido antes de la película: así se forma una memoria compartida. De eso se trata con esta romería al santuario de la juventud: de restablecer y celebrar una memoria compartida. Compartida entre una historia familiar (aún así universal), entre la España de ayer y la de hoy, y un público. Aplausos.

Elias S. Demang

Elias S. Demang