Los nietos de la emigración devuelven la visita con voz, guitarra y bandoneón
“El taller de Montreuil, donde arreglo bandoneones y ensayo con la guitarra, es tan importante como lo fue el patio de mi casa en La Plata, esas casas donde siempre había cosas para hacer, y mientras pintábamos o poníamos ladrillos, mi padre, que es médico, cantaba…”, dice Julián Naranjo, 37 años, nieto de inmigrantes venidos de todos los puntos cardinales. Por sus venas movedizas discurre sangre nativa (del sur de la Provincia de Buenos Aires y de Mendoza), española y hasta sirio-libanesa.
Luthier, psicólogo, músico, cantante, qué fue primero, qué hace en París Julián Naranjo, un joven argentino, con madre psicóloga, que un día, como tantos, decidió empezar por España para radicarse en la vecina París, estrenando pasaporte europeo. Y empezó conviviendo con once personas en el 94, lo que no le resultó raro porque ha compartido la vida con nueve hermanos. Ahora tiene algo más que sueños y amor.
Con tanta fanfarria genética, nada le cuesta cantar y tocar en París, esta ciudad de la que se enamoró en su segundo viaje a la capital francesa, hace trece años, y que fue postergando hasta hace cinco años, cuando pudo cumplir el sueño de partir y llegar.
Naranjo Machado
Alentado por sus orígenes mendocinos, bajo el apellido Naranjo, y los españoles de su abuela materna, hija de asturianos de apellido Machado, Juli, como le dicen, tiene una energía a toda prueba. Reparte su tiempo y sus altas capacidades entre la música y la psicología, entre el arte de la voz, la enseñanza y la habilidad manual.
El arreglo de los bandoneones, algunos desahuciados, pero con alma, y otros abandonados como adorno en la casa de campo de alguien, empezó hace años en las tierras pampeanas y tuvo su continuidad en el curioso taller de Montreuil, a unos pasos de la Croix de Chavaux, un espacio que le abrió las puertas en la nueva versión del mundo multicultural.
Cumplir sueños y pisar escenarios
Entre los hitos de Julián hay que mencionar el magnífico y entusiasta concierto de la sección de Tango del CDR Edgard-Varese de Gennevilliers, que fue difundido en France Musique, presentado por Françoise Degeorges. En dicho concierto actuó en primera fila Julián interpretando “Fuimos” en la versión de Anibal Troilo. También se lució en La Cigale, abriendo para Kevin Johanser junto al cantante Carlos Cruzalegui. La agenda de actuaciones va aumentando en distintos puntos de la geografía europea, especialmente francesa.
Hay que aclarar, como lo hizo Piazzola y lo ratifica Julián, que un bandoneón no es un acordeón, eterna disyuntiva que van planteando los interesados en los orígenes más remotos de este instrumento, cuando se acercan para tomar clases de canto y guitarra.
Del consultorio de psicólogo al taller, y desde los jueves, a sentir la fuerza de los conciertos, con las piezas más atractivas para bandoneón, como las zambas tradicionales. Para el canto y la guitarra elige las zambas de Falú y de los Hermanos Abalos y en el tango le gusta lucirse con “Sin palabras”, de Mariano Mores con letra de Discépolo o el vals “Absurdo” de los Hermanos Expósito: “En el taller, aparte de afinar o reconstruir, estoy desarrollando un soporte para micrófono del bandoneón, siempre hay horas a partir de las seis en las que me pongo a tocar y cantar, y a “jugar” un poco más”.
Parece que estos jóvenes, nietos e hijos de la emigración, de la inquietud y del movimiento han sido hechos para irse probando con pasión a lo largo de la vida. No siempre es el conocimiento puro, muchas veces es el encanto personal, el carisma. Y casi siempre es la voluntad férrea y el trabajo, que ofrece más cuanto más te gusta.

Patricia Almirón Cairoli
Periodista