El próximo 13 de octubre comienza la 14ª edición del Panorama de cine colombiano de París (PACCPA), el festival de cine nacional más longevo que existe en el exterior.

Este evento, organizado por el colectivo El Perro Que Ladra – Le Chien qui aboie, presenta este año 39 películas colombianas. Las salas de cine L’Arlequin y le Reflet Médicis, ancladas en las calles del Barrio Latino, acogerán el festival este año nuevamente.

Una veintena de invitados, entre productores y directoras de las películas seleccionadas, completan el cuadro festivo.

 

El Panorama de cine colombiano comienza su fiesta anual en París

La selección de este año

Para esta decimo-cuarta edición, la apertura está a cargo de la película Barrio Triste, dirigida por el artista Stillz y que sigue el cotidiano frenético de un grupo de adolescentes en la Medellín de los años 80. Su proyección estará precedida del cortometraje Pelotón Trueno, dirigido por Theo Montoya.

Con estas dos obras se declarará abierta nuestra cita anual y comenzará el torbellino de funciones, fiestas y eventos académicos, bajo el sonido de la corredera y el ajetreo de un equipo de una treintena de voluntarios. 

Como cada año, los miembros de la asociación han trabajado durante largos meses para ofrecer a los espectadores la oportunidad de descubrir historias inéditas de esta región en diversas formas y, en particular, a través de películas que, para la 14.ª edición del festival de 2026, reivindican su carácter híbrido (a mitad de camino entre ficción y documental).

Las películas seleccionadas son, en su mayoría, obras que escapan de los géneros establecidos, ya sea porque rompen con la narrativa clásica y se centran en la propia textura cinematográfica, o porque se miran en un espejo (compartiendo con el espectador el artificio del cine), o también porque que reflejan un mundo en plena transformación, donde los valores y los puntos de referencia del pasado ya no parecen tener vigencia. Estas películas son la obra de cineastas emergentes que nos deslumbran, pues son capaces de crear momentos que nos sacan de nuestra zona de confort, con un cierto expresionismo del Sur —siempre en movimiento, pero también en contemplación.

El PACCPA culminará esta edición el domingo 18 de octubre, con la función de En Tierra, documental dirigido por Simón Uribe y Todas las Manos Que Solté, cortometraje de Laura Chará.

Una vez que los créditos hayan rodado hasta el final, tendrá lugar la entrega de los premios, acompañado de las palabras de cada jurado y una última noche de celebración con música y comida latinoamericana.

Un espacio para el cine latinoamericano y un espacio para los nuevos públicos

A los 9 largometrajes y 12 cortometrajes que compiten por el premio del público y de los jurados se suman 3 largometrajes latinoamericanos en la Sección Paralela.

Nuestro festival ofrece esta ventana desde hace varios años al cine latinoamericano, siguiendo siempre una temática o un núcleo alrededor del cual gravitan tres largometrajes cada año. Para esta edición, bautizada Animales Heridos por los miembros del equipo, las cinematografías de Chile y República Dominicana son los invitados de honor. La presencia de esta ventana es para nosotros ineludible: nuestro equipo cuenta con varias nacionalidades, sobre todo latinoamericanas, y nuestro público también desborda los límites de Colombia.

Por otra parte, el festival siempre ha creído en la importancia de la creación de públicos, razón por la cual todos los años se presenta la sección Petit Chiot, para niños y niñas a partir de 4 años de edad. Esta sección de cortometrajes es un momento indispensable para crear el hábito de ir a cine colombiano, para preservar el vínculo con la tierra y la lengua de su familia y para transmitir la noción de que el cine estadounidense o europeo no es el único que puede narrar la niñez.

Este compromiso con la creación de públicos no termina acá. Desde hace un par de años, el Paccpa trabaja de la mano con profesores y profesoras de español, para organizar funciones y talleres con estudiantes de diversas edades. El año pasado, 300 alumnos y alumnas se beneficiaron de este dispositivo y de esta manera de aprender el español, y este año el dispositivo continúa con la misma acogida.

El Panorama de cine colombiano comienza su fiesta anual en París

Un festival que no es ajeno al mundo que lo rodea

Llegamos a esta nueva edición del festival con mucha ilusión por el trabajo de programación descrito y por el trabajo de los otros equipos. 

Sin embargo, el festival no existe en un vacío, y es indispensable decir que nos preocupa mucho ver los peligros a los que se enfrenta nuestro mundo, que parecen multiplicarse como las cabezas de una serpiente. Las catástrofes naturales, como los incendios que asolaron Francia este verano o los terremotos que ocurrieron en Colombia y Venezuela, demuestran cuán inestable es nuestro futuro a muy corto plazo; estos temas serán abordados por los cineastas invitados durante la mesa redonda del festival.

Es imposible no decir algo sobre el genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel, ante el cual nuestra sociedad aún reacciona de manera convincente. Incluso hoy en día, los medios franceses reaccionan con la mayor cobardía ante la acusación de genocidio (la censura de Adèle Haenel en la emisión de televisión pública La Grande Librairie). Los festivales tampoco se salvan de la crítica: el llamado al boicot cultural que surgió en el último FidMarseille en relación con el director Nadav Lapid y su obra solo dio lugar a una controversia torpe, seguida de un acalorado debate en los medios de comunicación.

Por otro lado, la carrera por la inteligencia artificial también provoca consternación entre todas las clases trabajadoras, incluidos los autores y autoras, y los artistas de todo tipo. Ambas amenazas son, sin duda alguna, de talla existencial.

Los experimentos cinematográficos con inteligencia artificial generativa, que hace apenas un año hubiéramos podido observar con curiosidad y asombro, ya no parecen tan inocentes. No descartamos la posibilidad de tomar medidas contra las obras creadas con ayuda de la IA en las próximas ediciones. Nuestra perspectiva al respecto ha cambiado, y lo ha hecho muy rápidamente.

Vale la pena también una reflexión sobre los recortes presupuestales al Ministerio de Culturas y la suspensión de todas las ayudas artísticas otorgadas por Colombia: su impacto no se sentirá inmediatamente, pero es solo cuestión de tiempo para que estas medidas tomadas al otro lado del Atlántico afecten a nuestro festival. Es sobre todo una muestra de desprecio hacia el sector cultural que nos hace presagiar cuatro años difíciles por delante. Desafortunadamente, aquí en el Hexágono el horizonte nos deja también intranquilos: la posible venta del edificio que ocupa la Maison de l’Amérique latine es una noticia inquietante que esperamos no sea definitiva. 

¿Será que es necesario, de ahora en adelante, enunciar su postura frente a los grandes debates de nuestra época? Quizás no, pero vistas estas múltiples amenazas, la neutralidad de antaño ya parece ser una opción. Tendremos que encontrar maneras distintas de trabajar pero sobre todo, debemos seguir cumpliendo con nuestra misión: asegurar una plaza privilegiada para el cine colombiano (y latinoamericano) en París, alzar la voz y hacer ruido, y nunca conformarnos con un lugar al margen.



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