El movimiento literario y cultural latinoamericano conocido como nadaísmo (de la palabra “nada”) no puede explicarse sin conocer la sociedad colombiana de los años 60, conservadora y costumbrista.
La figura clave y principal arquitecto de este movimiento vanguardista que influyó en la literatura, el arte y la cultura fue el escritor antioqueño Gonzalo Arango. Surgía también esta nueva corriente como respuesta al piedracielismo, movimiento elaborado en honor a la figura del poeta andaluz Juan Ramón Jiménez, defendido por escritores como Jorge Rojas, Darío Samper y Eduardo Carranza.
A su vez, este movimiento piedracielista existió en contraposición del parnasianismo del escritor, político y diplomático Guillermo Valencia Castillo.
El piedracielismo, si bien cambió el rumbo de la poesía y literatura colombiana, fue considerado demasiado conservador y anticuado por los abanderados del nadaísmo. Gabriel García Márquez dijo del movimiento Piedra y cielo que posiblemente fue lo que le llevó a ser escritor.
La capital del nadaísmo fue Medellín. Allí se publicó en el año 1958 el Primer Manifiesto Nadaísta, firmado por Gonzalo Arango. En él se citaban a autores como Kierkegaard, Franz Kafka, Jean-Paul Sartre o André Breton. Era el germen del nuevo movimiento subversivo que cambiaría el devenir de la cultura colombiana, influenciado por el existencialismo, el surrealismo y la generación Beat. La primera página del manifiesto rezaba: «El Nadaísmo, en un concepto muy limitado, es una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico consciente entre los estados pasivos del espíritu y la cultura”.
Primer manifiesto nadaïsta
Los nadaístas acusaban a la sociedad colombiana existente de hipocresía. A través de la irreverencia, el inconformismo y la indefinición, pretendían combatir un status quo que extendía sus ramas en la política, la educación y las instituciones del país latinoamericano. Una de sus máximas aspiraciones era un pueblo colombiano ilustrado y alejado del oscurantismo de la sociedad, y eso conllevaba romper con todo lo anterior, haciendo especial énfasis en la juventud como herramienta transformadora.
Arango, nacido en 1931, provenía de clase media burguesa y tuvo de compañero de estudios al pintor Fernando Botero. Estudió hasta el tercer año de Derecho en la Universidad de Antioquia. Más tarde, siendo profesor de literatura y bibliotecario en la misma universidad, empieza a colaborar con reseñas literarias en periódicos como El Colombiano. También fue corresponsal en La Paz, periódico al servicio del presidente Gustavo Rojas Pinilla, Gurropín, y miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente. Su gobierno duró hasta 1957, cuando Gonzalo Arango se exilia en el Valle del Cauca, donde escribe el Primer Manifiesto Nadaísta. Gonzalo Arango caminó hacia la autocrítica alabando la caída de Rojas Pinilla, figura política que no había beneficiado a la sociedad colombiana como en un principio él quiso creer, repudiando el clima de violencia vigente por aquel entonces. En Viaje a pie (1929), escrito por Fernando González Ochoa, se hace apología de la energía, la fuerza vital y el poder transformador de la juventud. Esta obra y su autor marcaron profundamente el pensamiento del joven Arango.
Amílcar Osorio, Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario Arbeláez, Fanny Buitrago, Eduardo y Alberto Escobar, Rosa Girasol o Darío Lemos fueron también algunos de los nadaístas más relevantes. Entre las obras más destacadas del nadaísmo encontramos De la nada al nadaísmo, Obra negra, Sexo y saxofón, El oso y el colibrí, Los ojos del basilisco, Vana Stanza, Del embrión a la embriaguez, Mi reino por este mundo, El hostigante verano de los dioses o Invención de la uva.
Los nadaístas crearon la revista Nadaísmo 70, que surgió bajo la consigna “locura, viscosidad, revolución, desorden, belleza nueva y verdad desvestida”. Confluyeron generacionalmente con el rock nacional, organizando festivales de música protesta de la mano de artistas como Eliana y Pablus Gallinazus. Estrechamente relacionados con el movimiento hippie de la época, impregnados de revolución sexual, experimentación con drogas, comunas y utopía, también eran firmes defensores de la revolución cubana y la revolución sandinista. La rebelión era el motor nadaísta, en oposición al yugo y al dogma. También se alude a la revolución espiritual acompañada de una ética para la tierra o ética de la inmanencia.
Muchos de los nadaístas provenían de familias católicas muy religiosas. Usaban la provocación y el escándalo para poner frente al espejo las contradicciones de la sociedad. Entre las distintas performances que realizaban había un especial énfasis en la burla de la religión, pues nada era digno de reverencia ni de sacralización. Sin embargo, perseguían una especie de progresismo no adscrito a ningún partido político y defendían un compromiso intelectual en defensa de la libertad de expresión y pensamiento, la protesta social y la igualdad de género. La investigadora María Dolores Jaramillo defiende el componente ético del nadaísmo, que considera intrínseco al propio movimiento.
Surge además una nueva estética, el “maravilloso cotidiano” conformado por los encuentros sociales y las fiestas bohemias en las que se promueve el sano hedonismo frente a la violencia y la prohibición. Eran expertos provocadores embriagados de surrealismo. Se dice que uno sus miembros más destacados, Jotamario Arbeláez, invitó a sus amigos a su propia velación en varias ocasiones, en las que se quedaba reposando en un ataúd oyendo los lamentos del resto de artistas y escritores que iban a velarle. Otro de sus actos más controvertidos fue cuando propusieron cambiar el busto del escritor romántico Jorge Isaacs Ferrer por la de la actriz, cantante y símbolo sexual Brigitte Bardot en Cali en un acto de “compasión estética”. Por su parte, Gonzalo Arango paseó con una correa de perro a Amílcar Osorio por Junín y La Playa, presentándolo como el Jean Genet Tropical. Sin duda, el humor era parte esencial del nadaísmo, y el fracaso era tratado como un éxito. El nadaísmo cumplió una función catártica en Colombia y Latinoamérica, y su simple existencia logró modernizar el paisaje cultural e intelectual de una sociedad ávida de cambio.
Gonzalo Arango
Paraíso en la mente
Si llevas el paraíso en la mente,
lo verás en la gente, los pájaros, las fuentes,
los árboles y las piedras del camino.
¡Fraternidad viviente!
Todo revestido de un nuevo esplendor,
como tocado por la Luz Divina.
Todo como recién salido de los crisoles
misteriosos de la Creación.
Todo existiendo en armonía de fidelidad al SER.
El Génesis en perpetua gestación perfecta:
lo pasado, lo presente, y el después.
Visión profética en el ancestro de nuestra
condición edénica.
Soledad
Cuando uno cede en su alma
deja de ser uno
para ser como la masa.
Ceder es dejar de ser.
La soledad más insufrible
es la sociedad;
incomunicación de las almas
que van marchitando la carne.
Epilogo
Que tu ejemplo sea guía en ese camino
solitario de salvación,
por donde hoy solo transita la Esperanza
y un puñado de heroicos caminantes
que han descubierto el valor de la Vida, de la Libertad, de la Conciencia,
esa mina infinita de posibilidades
que apenas empezamos a descubrir en nosotros.

Marcela Fernández-Le Gal
Filóloga y periodista cultural