Impresionantes coincidencias parecen escritas en los planetas, en las estrellas de la música y en el universo de la octava nota. El ocho de noviembre nos invita a descubrirlas.

Si la música guardara un secreto, ¿dónde comenzaríamos a buscarlo? Quizás en los surcos de un disco, en una partitura olvidada o en esa canción que nos detiene porque acaba de devolvernos un recuerdo.

Probemos mirando el cielo.

Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno: ocho planetas alrededor del Sol. Sus nombres nos llevan hacia distancias inmensas. Pero la pista que necesitamos cabe en una palabra: ocho.

Guardémola. Hay un disco esperando, una voz que todavía no escuchamos y una fecha que empieza a insinuarse.

La pista que podemos cantar

Basta cantar despacio: do, re, mi, fa, sol, la, si… do.

Al alcanzar la octava nota de la escala, reconocemos el nombre del comienzo. El do reaparece más agudo. Hemos recorrido el intervalo llamado octava.

Volver a lo conocido después de haber ascendido: la música nos entrega una imagen para continuar. Así regresan ciertas canciones de nuestra juventud. La melodía permanece; quienes escuchamos hemos cambiado.

El ocho también resuena en la Octava Sinfonía de Beethoven, llena de energía, humor y sorpresas.

Los vínculos que estamos trazando son poéticos. Las fechas que encontraremos están documentadas. Entre ambos caminos comienza a tomar forma nuestra búsqueda.

El sonido aprende a quedarse

En la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos se conserva la patente del gramófono de Emile Berliner, concedida el ocho de noviembre de 1887.

La grabación sonora ya tenía antecedentes, entre ellos el fonógrafo de Thomas Edison. Berliner abrió camino al sistema de discos que contribuiría a llevar la música grabada a millones de hogares.

Pensemos en lo que aquello permitiría. Los intérpretes podían marcharse, las luces apagarse, la sala quedar vacía. Una interpretación registrada podía regresar.

Con el tiempo, guardaríamos discos como quien conserva cartas. Junto a las voces quedarían nuestras tardes, despedidas y celebraciones. Alguien que jamás nos conocería cantaría exactamente lo que necesitábamos escuchar.

La fecha ya está sobre la mesa. Acerquemos los discos.

Ocho canciones hacia el cielo

El ocho de noviembre de 1971, Led Zeppelin publicó el álbum conocido como Led Zeppelin IV. Contiene ocho canciones. Entre ellas está Stairway to Heaven: una escalera al cielo.

Ocho planetas, ocho canciones, el día ocho. Y dentro del disco, una guitarra que comienza suavemente, como si pidiera silencio antes de mostrarnos el camino.

La interpretación crece. La voz y los instrumentos transforman la calma inicial hasta alcanzar una intensidad que parece ocuparlo todo. Hemos viajado sin abandonar la habitación.

Aquella tecnología que aprendió a conservar sonidos nos permite emprender el ascenso cuantas veces queramos.

Las estrellas se encuentran

Seguimos recorriendo los discos. El ocho de noviembre de 1972 aparece Transformer, de Lou Reed, producido por David Bowie y Mick Ronson. Allí conviven Walk on the Wild Side, Perfect Day y Satellite of Love.

Después de la escalera, un satélite. El cielo sigue prestando palabras para hablar de la Tierra: sus calles, sus personajes, el deseo de ser querido, la fragilidad de un día feliz.

El ocho de noviembre de 1974, Queen publica Sheer Heart Attack, con Killer Queen entre sus canciones. La teatralidad del grupo añade brillo y energía al encuentro.

La huella continúa el ocho de noviembre de 1988, cuando R.E.M. lanza Green en Estados Unidos. Otro sonido llega a otros oyentes. Quizás alguien lleva el disco a casa sin imaginar cuánto tiempo lo acompañará.

La fecha también guarda voces

Abramos ahora las biografías.

Minnie Riperton nació el ocho de noviembre de 1947. Su voz, que tantos reconocen en Lovin’ You, parece suspender por un instante el peso de las cosas.

Bonnie Raitt nació el ocho de noviembre de 1949. Con ella llegan el blues y una guitarra que prolonga lo que su canto acaba de decir.

Rickie Lee Jones, nacida el ocho de noviembre de 1954, suma su particular manera de frasear: escucharla puede parecerse a seguir una historia que se descubre mientras es contada.

Patti Page, nacida el ocho de noviembre de 1927, completa los ocho protagonistas escogidos para este recorrido. Sus voces y sus discos pertenecen a épocas diferentes, pero el calendario les reserva un lugar compartido.

Lo que nos estaba esperando

Ocho planetas. Ocho protagonistas. Ocho canciones. La octava nota. El ocho de noviembre.

La búsqueda empezó mirando el cielo y terminó acercándonos a nuestra propia vida. Porque detrás de una fecha hay canciones; detrás de las canciones, personas.

Una aguja toca el surco. Una voz regresa. Recordamos a quien nos enseñó aquella melodía, a quien bailó con nosotros, a quien quisiéramos volver a escuchar.

La música nunca termina de sorprendernos. Creemos guardar canciones hasta que descubrimos cuánto de nosotros permanecía dentro de ellas.

Y quizás, si este ocho de noviembre diéramos lo mejor de nosotros, podríamos regalar ocho abrazos de esos que se recuerdan toda la vida.

Rubén Darío Basay Roberts

Rubén Darío Basay Roberts

Escritor, comunicador e investigador académico en políticas públicas