Esta bebida se encuentra en todos los supermercados de Latinoamérica, acompaña el famoso cuba Libre y es un indispensable en la cena navideña. En el ranking de los países que más consumen esta bebida a nivel mundial, México se encuentra en primera posición según un estudio de El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México (Conacyt)
Desde mediados del siglo XX, la marca se convirtió en uno de los símbolos más visibles de la expansión cultural y económica de Estados Unidos en el mundo. En América Latina, la empresa logró insertarse profundamente en la vida cotidiana, modificando hábitos de consumo, prácticas sociales e incluso rituales religiosos. Este fenómeno ha sido definido por distintos investigadores como una forma de “imperialismo cultural” o “cocacolonización”.
América Latina: un mercado clave
Actualmente, América Latina es una de las regiones donde Coca-Cola tiene mayor presencia cultural y comercial. México ocupa desde hace años uno de los primeros lugares mundiales en consumo de bebidas azucaradas.
La expansión de Coca-Cola en la región no se explica únicamente por la publicidad. La marca logró asociarse con celebraciones populares, reuniones familiares y espacios comunitarios. En muchos lugares, consumir Coca-Cola se convirtió en una señal de modernidad, integración social e incluso estatus económico.
La economista mexicana Viri Ríos explica en su libro No es normal que “solo en México, Coca-Cola Femsa vende 1,5 millones de dólares por hora, su mercado más grande del mundo”. Según la autora, uno de los directivos de la empresa llegó incluso a afirmar: “Lo que desearíamos es que todos los mercados fueran como México”.
El impacto en la salud pública es enorme. Un refresco de 50 centilitros, el formato más consumido en México, contiene nueve cucharadas de azúcar, lo que representa el 156 % del consumo diario recomendado para niños por la American Heart Association.
Chiapas: el epicentro mundial del consumo
El caso más extremo se encuentra en Chiapas, al sur de México. Según investigaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México (Conacyt), esta región registra el mayor consumo de Coca-Cola del mundo: más de 820 litros por persona al año.
La influencia de la bebida comienza desde edades muy tempranas. Investigaciones dirigidas por el médico Marcos Arana revelaron que incluso bebés menores de seis meses consumen refrescos.
En Chiapas, el refresco adquirió además un valor religioso y simbólico. En varias comunidades indígenas, Coca-Cola reemplazó parcialmente al alcohol tradicional en rituales ceremoniales y prácticas de sanación.
Con el tiempo, ofrecer Coca-Cola en reuniones comunitarias pasó a representar prestigio social. En algunas localidades, servir otra marca de refresco puede interpretarse como señal de bajo estatus económico o falta de consideración hacia los invitados.
Agua, pobreza y desigualdad
La expansión de Coca-Cola en Chiapas no puede entenderse sin observar las profundas desigualdades sociales de la región. Aunque el estado posee importantes recursos hídricos naturales, muchas comunidades carecen de acceso a agua potable.
Paradójicamente, para numerosos habitantes resulta más fácil conseguir refrescos embotellados que agua limpia. Organizaciones locales han denunciado además que la planta embotelladora de Coca-Cola en San Cristóbal de las Casas extrae millones de litros de agua diariamente de pozos locales.
Este fenómeno refleja una de las críticas más frecuentes al capitalismo global: grandes multinacionales que obtienen enormes beneficios económicos en regiones marcadas por pobreza y escasez de recursos básicos.
La Copa del Mundo y las críticas recientes
En 2026, Coca-Cola volvió a ser objeto de polémica en México por su presencia masiva alrededor de la Copa del Mundo de fútbol. Durante un acto oficial en el Palacio Nacional, el presidente de Coca-Cola México, Louis Balat, pronunció un discurso frente a la presidenta Claudia Sheinbaum para celebrar la relación histórica entre la empresa y el país.
El activista Alejandro Calvillo, director de la asociación El Poder del Consumidor, criticó duramente el evento. Según explicó, la presidenta mexicana es consciente de los daños que provoca la industria de las bebidas azucaradas sobre la salud pública.
Las críticas también apuntaron a las campañas publicitarias de Coca-Cola durante el Mundial. Organizaciones de salud denunciaron que la empresa ocultó las etiquetas de advertencia obligatorias en las botellas durante algunos anuncios promocionales.

Nayra Palacios Miquel
Estudiante en el ESJ Lille.