Viviane Le Bellec, la franco-peruana que estudia la iconografía de cerámicas precolombinas del Museo de Arqueología, Antropología e historia de Lima. Del Parlamento Europeo a Perú, pasando por Benín y Tanzania, una mujer que representa la interacción cultural. El museo más antiguo de Perú cuenta con la investigación de esta experta en iconografía
Poco antes del año 2000, Viviane pasaba apenas los veinticinco años, y ya era una figura de andar alegre y sonrisa poderosa en el novedoso Parlamento Europeo, como asistente parlamentaria del conocido eurodiputado francés Sami Naïr.
Viviane, de madre peruana y padre francés, se ha sumado al equipo de investigación del museo más antiguo de Perú, el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Lima, hoy en proceso de completa renovación.
Los inicios en el Parlamento Europeo del 2000
A principios de los años 2000, el Parlamento Europeo se abría paso a la consolidación y expansión, con un gran empuje político. Se acababa de estrenar, un año antes, la nueva sede de la eurocámara en Estrasburgo, el edificio Louise Weiss, y no hacía mucho que se había inaugurado la sede de Bruselas que sustituye vetustos edificios a costa de barrios enteros desmantelados en la capital belga.
En 2004, hace ya un cuarto de siglo, la UE estaba en el proceso de su mayor expansión, cuando se vivió la explosión demográfica de la construcción europea y la UE pasaba de 15 a 25 con la adhesión de los países de Europa del Este. El Parlamento jugó un papel clave en la negociación y aprobación de los tratados de adhesión y se debatía la futura Constitución Europea, finalmente truncada tras los referéndums de Francia y Países Bajos.
Poco a poco, mientras desplegaba sus conocimientos y aptitudes en las comisiones o en las sesiones plenarias del Parlamento, al mismo tiempo que se viven acontecimientos como el 11S, o compartía con sus colegas los secretos para evadir el frío de Bruselas, muchos pudieron descubrir que entre las valiosas mujeres que habitan el vasto mundo, Viviane Le Bellec destacaba por su inteligencia y talento, tanto en el campo intelectual y artístico como por su capacidad de adaptación.
De Benín a Tanzania
Pero esos eran sólo los principios de Viviane. La ecuación de la Viviane trabajadora, madre, artista y experta no hacía más que empezar.
De contribuir a la escritura de los discursos y conferencias de Naïr, con su título de Ciencias políticas de Bordeaux y su master en Desarrollo y Cooperación de la Sorbona bajo el brazo, pasó a ser madre de tres niñas (Josephine, Inés y Amaya) y a mudarse en familia a Benín (África), donde su compañero, funcionario de la Comisión Europea, era trasladado (por voluntad propia y compartida) a esa nueva experiencia africana por varios años.
En Benín, Viviane fue voluntaria en una ONG que capacitaba a jóvenes para ser carpinteros, produciendo muebles y juguetes de madera. La misión de Viviane era la de promover las ventas y apoyar en los diseños de los distintos productos.
De allí pasaron en familia a un puesto en Tanzania, donde Viviane completó sus estudios con una licenciatura en Bellas Artes en la Universidad de Dar Es Salaam, ya que siempre le había gustado pintar. Y para poder dedicarse a su arte, la mejor manera era la de crear un espacio para poder hacerlo.
En Tanzania, participó en varias exposiciones, presentando sus pinturas. Allí también empezó a apasionarse por la historia del arte en general y por la historia del arte africano en particular. Luego, tras un paréntesis de unos años en Bruselas, donde trabajó como colaboradora científica en el Museo de Arte e Historia, sección América, de la capital belga, después de haber sacado su título en arqueología e historia del arte precolombino, se embarcó rumbo a Perú, la tierra de la mitad de sus ancestros.
Viviane posee una habilidad excepcional para planificar y optimizar recursos y es precisamente esta capacidad de organización la que le permite manejar proyectos de diversa índole. Experta en cerrar casas y etapas mientras educa junto a su marido a sus multiculturales hijas, Le Bellec busca vuelos para seguir la vida familiar de viajeros franco-peruanos por el mundo.
Viviane Le Bellec en Tanzania
Destacó su extraordinaria capacidad intelectual y artística, y especialmente la adaptación
Lo más importante de todas estas experiencias y seguramente lo que también me ha hecho sentir feliz al fin y al cabo de todas ellas, es mi capacidad de adaptación, es cierto. La considero como una gran suerte, probablemente fruto de mi educación.
¿Cómo se siente una francesa como tú en Perú?
Si te digo la verdad, no me considero como una francesa en Perú… ¡Me considero realmente como franco-peruana! Y siempre ha sido así. En cualquier lugar del mundo en el que he vivido, siempre me he sentido mitad, mitad.
¿Qué rescatas de cada experiencia en distintos países?
De manera general los viajes espectaculares y las experiencias con la gente, han sido de las cosas más bonitas vividas. Me gusta tanto viajar, como el contacto con la gente. Y la diversidad del mundo. Por ejemplo, a veces desde Europa, oyes a la gente hablar de “África” refiriéndose a un solo y único país. África reúne a países muy distintos, la diversidad es extraordinaria (¡mi hija menor vio la nieve por primera vez en África! En Lesoto). Además, son países sumamente ricos a nivel cultural, con historia y arte, que se va conociendo cada vez más. Te podría hablar horas del tema…
Viviane le Bellec al MNAAHP
De tu trabajo actual ¿qué aportas y qué te aporta?
Desde octubre de 2023, tengo la suerte de apoyar al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) en acciones de investigación. Considero este trabajo como una oportunidad y un inmenso honor. El MNAAHP es el museo más antiguo de Perú, creado en 1822, y uno de los más representativos también del país. ¿Por qué el más representativo? Por su valioso y vasto patrimonio cultural. En los depósitos y repositorios se encuentran aproximadamente 300.000 piezas que conforman el legado del pasado peruano: prehispánico, colonial y republicano.
Desde un punto de vista intelectual, trabajar en un museo como el MNAAHP es muy estimulante y aún más en la actualidad, que nos encontramos en un proceso de renovación del museo y de construcción, que implica obviamente una nueva museografía y nuevas perspectivas.
¿De qué te ocupas en el Museo?
Después de haber llevado a cabo investigaciones sobre una cultura preinca, llamada cultura Lima (200 – 600 n. e.) y más específicamente sobre las representaciones de la serpiente bicéfala dentro del sistema de creencias y valores de esta sociedad, me han asignado la tarea de copiar la iconografía plasmada en unas cerámicas de otra cultura preinca, llamada Moche (o Mochica).
Desde el punto de vista de la conservación, resulta interesante redibujar y recompilar esta iconografía, ya que con el paso del tiempo los dibujos pueden desvanecerse. Para no perder esta información, es importante reproducir las representaciones. La segunda razón es que, aunque se puedan observar los dibujos, representarlos en una sola escena permite apreciar mejor los detalles. A largo plazo, esto contribuye a la creación de un léxico iconográfico.
En última instancia, el objetivo es lograr leer estas escenas como parte de un discurso, para comprender mejor a estas sociedades. Sociedades que nos han dejado un sistema de escritura tal como lo entendemos hoy, pero que sin duda desarrollaron un sistema de comunicación a través de la iconografía representada en sus cerámicas.
Dibujar de nuevo la iconografía
Tus padres, un matrimonio mixto, con su peculiar historia de conocerse cuando él visitaba Perú en la Fragata francesa y ella, alumna en la Alianza francesa acudió al baile de bienvenida…
¿Cómo describirías a la pareja y la familia que crearon juntos?
Creo que la suerte que tuvieron mis padres es que, aunque vinieran de países con realidades tan distintas, sus familias eran de niveles socioeconómicos similares y que sobre todo, compartían los mismos valores: el de llegar a una buena posición a través del estudio, del esfuerzo y de manera honrada. Yo nací y me crié en Francia, al igual que mis hermanos. Mi padre siempre fue muy respetuoso del país de mi madre y mi madre siempre estuvo muy orgullosa del país en el que había nacido y de su cultura. Desde que nacimos nos habló en castellano a mí y a mis hermanos. También tuvimos la suerte de viajar a menudo a Perú, desarrollando estrechos vínculos con nuestra familia peruana. Y luego, también tuve la gran ventaja de estudiar en un colegio internacional, donde llevaba clases de español y en español, al igual que el francés. Eso también supuso un esfuerzo para mis padres, matricularnos en ese colegio, que no quedaba cerca de casa, pero fue la base de una educación no sólo bilingüe, sino bicultural.
En conclusión, dicen los expertos, las mujeres peruanas y francesas o francesas y peruanas han sido y siguen siendo protagonistas en la vida intelectual y artística de cada lugar donde viven. Y Le Bellec, la mujer que me enseñó a disfrutar de la lectura del gran escritor peruano Julio Ramón Ribeyro es un vivo y extraordinario ejemplo de ello.

Patricia Almirón Cairoli
Periodista
fotos: Viviane le Bellec