Tapizando cielo y tierra con lanas milenarias
Pia Kalfón es una artista plástica, profesora y mediadora cultural, con una vida repartida entre Francia, Argentina, Chile, Italia y Francia (otra vez), lugares donde nació, vivió y despliega su amalgama creativa, lugares donde absorbió paisajes, colores y texturas: la prueba son sus maravillosos tapices murales hechos con lana pintada con materiales naturales. Tapices en los que hasta el mismísimo color blanco tiene un matiz diferente según como lo reinvente. Igual que su amplio abanico de lenguas. En castellano predomina el acento chileno aunque dice que puede cambiarlo cada vez que quiere.
Hace apenas dos años Pía Kalfón instaló su taller-casa en la Bretagne francesa, a dos pasos del Océano Atlántico, donde sigue componiendo tapices murales y proyectos artísticos, que pronto saldrán a la luz en sendas exposiciones en París y Barcelona. Y hay que decir que Pía no sólo teje lanas, sino que hila palabras con maestría, de pronto alumbra frases poéticas como si no se diera cuenta .
Después de más de treinta años de práctica constante, le gusta definirse como una «militante artística» por su trabajo de educación plástica en el medio escolar, bibliotecario y cultural y, cerca de ese balcón Atlántico, sueña con mirar hacia esas tierras de sus primeros años, tocando las aguas del mismo Océano a través de hilos invisibles que siempre está tejiendo, con telar y sin él.
De padres exploradores
Pía Kalfón no puede desvincular su vida de la de un padre francés (Orán, 1930-París,2019): Pierre Kalfón, reconocido intelectual, diplomático, periodista que se comprometió con Salvador Allende y sus circunstancias históricas primero, con la Nicaragua revolucionaria después y con el conocimiento, la literatura y los derechos humanos siempre. Autor de la mejor biografía del Che Guevara conocida, y de otra treintena de libros, muchos de ellos ganadores de importantes premios.
Sin duda, esos padres de diferentes orígenes y sin embargo tan afines entre sí, transmitieron a sus hijos las inquietudes y el movimiento que les han ido llevando a distintos lugares del mundo: Si los padres pasaron de Francia a Argentina (Rosario, Mar del Plata y Mendoza) y al país andino después, volviendo más tarde a Francia, en la memoria de sus hijos quedó ese especial modo de vida, de trabajo y nomadismo creativo.
“El haber vivido a ambos lados de la Cordillera de los Andes, creo que me permitió aprovechar esa capacidad de adaptación en distintos contextos y el entusiasmo y curiosidad por el mundo en que me toca estar”.
La familia se trasladó a la Argentina cuando Pía tenía apenas tres años, en un largo periplo de navegación que la prendó para el resto de su vida. De allí y de otros viajes sobre el mar le quedó el amor al peculiar olor de la madera. Haber crecido hasta los 18 años en tierras de Sudamérica marcó sin duda su quehacer artístico.
Volver a los 17
Con esa tímida mayoría de edad (como el “Volver a los 17″ de Violeta Parra), llegó a París a comerse el mundo y se apropió de los miles de estímulos de la Europa post Mayo del 68, rica en historia y abierta al arte. Después de estudiar y formarse en París en l’Ecole Nationale des Arts Décoratifs siguió su camino artístico en el campo del textil con la creación de tapices de alto licio (método Gobelins).
A los diez años de locura exploratoria y realizaciones pioneras en materia ecológica, le siguieron un largo período italiano de su formación humana, cultural y familiar.
Antes de llegar a Italia trabajó en Córcega para delimitar terrenos plantando palos con hilo espinado, en la montaña adentrada en lugares inaccesibles, recorriendo senderos a lomo de burro, las condiciones extremadamente precarias y un desacuerdo político sobre el enfoque de la identidad corsa respecto a la Francia:
“Bueno, la etapa en Italia comenzó cuando recién me había separado de mi compañero de vida de aquel entonces, un campesino camagües bello como el sol, después de los últimos años de trabajo juntos en una cooperativa de agricultura biológica aún muy minoritaria en los fines del setenta”.
“Ello hizo que me separe y volviera a París con la idea de un retorno a Chile que siempre llevo dentro con inmenso apego, nostalgia y cariño. “El retorno no se dio por mil razones pero sigue vigente la canción de Violeta Parra » volver a los diecisiete … después de vivir un siglo …. «, de igual manera me estremece el famoso tango de Gardel «Volver»… Quién sabe si un día…”
Bueno al final pensó que Italia era un buen compromiso entre Argentina “donde me crié de chica y Chile con la adolescencia. El resto de la vida me lo dividí entre Italia y Francia donde hoy en día vivo”.
Italia fue mucho más que un período, inmerso en medio de la extrema belleza de la Toscana. “Ahí puse raíces, desarrollé mi vena creativa y fundé familia y dos hijos maravillosos. Me tomó un buen tercio de vida y reconocí miles detalles e idiosincrasia de mi vida en Argentina, se puede entender por la imigracion italiana en Argentina”.
¿Dónde están los amigos?
“Pucha caray, diseminados por el mundo entero, ellos mismos como mundos que se mezclan conmigo, encuentros, resonancias, amistades eternas, y también pérdidas y desapariciones, pero siempre un motor para seguir adelante con la conciencia del privilegio extraordinario del tesoro que representan”.
Al fin, ya mayor, dice ella, tuvo que decidir “como dicen en Argentina y no tiene nada de trágico, encontrar un lugar «donde caerme muerta….» y apareció sin más ni menos la Bretaña hasta ahora escondida en algún rincón remoto, será que mi madre nació por estas tierras ?”, Pregunta.
Yo que siempre crecí y viví en climas soleados y mediterráneos de repente me encuentro en territorios con fuerte influencias célticas, otro clima, otra dieta, lejos de la civilización del aceite de oliva o de los deliciosos tomates.
Aún no lo tengo muy claro, pero así es.
Lo que sé es que quería vivir cerca de un océano, y me gusta la idea de saber que es este mismo océano atlántico que me separa del añorado sur del mundo.
Aquí sigo trabajando en mi telar vertical, tejiendo tapices murales desde los años ochenta, ya del siglo pasado, y no me canso nunca como si hubiera descubierto una buena vena que yo sé de dónde viene, tiene origen en esas tierras vividas de un lado y otro de la Cordillera con sus colores variopintos y sus telares ancestrales.
Así sigo sin grandes pretensiones las huellas de mis creaciones como si fuera un camino conocido sin conocer, o como bien lo dice el poema en el cual me reconozco «Caminante no hay camino, se hace camino al andar…»

Patricia Almirón Cairoli
Periodista