En Colombia, en el departamento del Cauca, en las sierras y valles que descienden a lado y lado de un sector de la cordillera central, en los municipios de Inzá, San Andrés de Pisimbalá, Belalcázar y Vitonco, en medio de una abrupta topografía, encontramos unos increíbles vestigios arqueológicos y con ellos el Parque Arqueológico de Tierradentro, creado en 1945 y declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1995, con el fin de preservar, conservar, estudiar y difundir una excepcional riqueza prehispánica

Tierradentro

El paisaje es imponente; se aprecia el torrentoso río Páez en medio de esta tupida y verde cordillera que nos lleva de montaña a montaña; estamos literalmente tierra adentro. Aquí la primera capa de las montañas es la Toba; una piedra porosa resultado de la compactación de la ceniza volcánica; donde fueron talladas con cinceles y azuelas de andesita y basalto verdaderas casas subterráneas para resguardar sus símbolos sagrados y en urnas funerarias los restos de sus ancestros.

Estos vestigios, hoy llamados hipogeos (estructuras hechas bajo la tierra que implican una escalera de descenso a un pozo con cámaras y nichos internos), han sido datados con una fecha de antigüedad de 750-1000 años antes de nuestra era. Los ancestros en el norte de Suramérica y el sur de Centroamérica, desarrollaban un rito funerario que implica un segundo momento (segundo entierro) donde los restos del cuerpo son depositados en una vasija que a su vez se dejaba en un espacio subterráneo o hipogeos. La cultura que habitó el valle de Tierradentro en Colombia realizó los más elaborados de estos recintos conocidos en el Abya-Yala.

El arqueólogo, Carl H. Langebaek, en su libro «Antes de Colombia, los primeros 14.000 años», nos ayuda a concebir el hombre del trópico desde su realidad geográfica y climática para comprender que su comportamiento, antes de la conquista, en sus tiempos primeros después de la llegada del homo sapiens al Abya Yala, era muy diferente a la “occidental” que hoy en día hemos naturalizado como la nuestra.

Tierradentro

 En las cimas de las montañas de Tierradentro como (las hoy llamadas) Loma de Segovia, el Alto del Duende, Alto de San Andrés, Loma del Aguacate, El Tablón y El Hato, se cavaron espacios o cámaras subterráneas que hacen una clara alusión a las malocas y casas de habitación de los vivos donde se pueden apreciar las columnas, las vigas, los estantillos que sostienen el techo de palma tejida, pintadas con figuras geométricas evocativas en colores amarillo, blanco, rojo y negro. También se distinguen unos nichos o ventanas donde también se depositaban las urnas funerarias.

Tierradentro

Es evidente que la alfarería alcanzó un alto nivel de desarrollo. Así como las cerámicas más elaboradas y decoradas, algunas de ellas corresponden a urnas funerarias con figuras antropomorfas y zoomorfas de gran valor religioso y artístico. Esta característica es la que nos permite diferenciar la cultura de Tierradentro con la de su contemporánea y cultural del Pueblo Escultor que habitó el Valle de San Agustín e Isnos en el departamento del Huila a unos 400 kilómetros al sur, aunque compartiendo una misma geografía, un mismo clima (que los hace primos hermanos) fueron comunidades con puntos importantes en común, pero a su vez con distintas formas de expresión.

Es seguro que tenían un significado simbólico que según los expertos está relacionado, como en muchas otras culturas, con la fertilidad, la veneración a la tierra y los pagamentos. También se han encontrado diversos objetos como metates de piedra para moler el maíz, herramientas y piezas ornamentales o con atributos mágico-religiosos elaborados en cerámica, piedra y concha.

Tierradentro

En 1539 llegaron los primeros europeos a esta región cuando las tropas de Sebastián de Belalcázar penetraron en su sed de conquista el territorio habitado por las comunidades indígenas Paeces, Yalcones, Timanáes y Guanacas. Solo durante la primera mitad del siglo XX se hicieron las primeras exploraciones arqueológicas en las que participaron varios antropólogos, entre ellos el español José Pérez de Barradas en 1936. En los años 70 los arqueólogos colombianos Álvaro Chaves y Mauricio Puerta iniciaron las nuevas exploraciones y estudios sobre la región siendo los  suyos los más completos hasta el momento.

Para su colega Héctor Llanos “el pasado y el origen son un patrimonio siempre vivo” y en Tierradentro, donde hoy vive la cultura Nasa, antes llamada Páez, podemos constatarlo, pues no siendo una comunidad con descendencia directa de los artífices de estos monumentos sienten una comunión ancestral que respetan y cuidan como suya.

El Cafe Latino

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Traduction: Claudia Oudet