Una mirada retrospectiva a la mesa redonda celebrada el 10 de marzo de 2025 sobre el tema del cambio climático y la gestión del agua en México y Francia: ¿qué está en juego?

Invitados por Geneviève de Rivières, Presidenta del Instituto Francia-América Latina y Caribe, en presencia de la embajadora de México, Bianca Jimenez Cisneros, miembro del IPCC*.

Como invitados: Alain Meyssonnier, Presidente del Instituto Mediterráneo del Agua; Jean-Louis Martin, economista e investigador asociado del Ifri (Instituto Francés de Investigación y Debate sobre las Cuestiones Internacionales, creado en 1979 y presidido por Thierry de Montbrial); Paul Petit, Director de Altero, que trabaja en proyectos en América Latina, en particular sobre la gestión del agua en México.

*(Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). Este organismo fue creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y cuenta con 195 Estados miembros.

NO PODEMOS SEGUIR IGNORANDO EL AGUA

La reunión tuvo lugar en el Hôtel Le Marois, sede de France-Amériques, asociación privada que trabaja en proyectos entre Francia y Estados Unidos desde 1919. Desde entonces, esta labor se ha extendido al resto del continente americano.

Bianca Jiménez es una prestigiosa investigadora y embajadora de México en Francia y Mónaco desde 2021. Ella hizo la primera presentación de este encuentro, explicando varios temas que se han vuelto recurrentes en los medios de comunicación cuando se habla del clima global. Los múltiples efectos del cambio climático, que afectan ya a todos los países y cuya intensidad, frecuencia y consecuencias, cada vez más significativas en el tiempo, están alertando a la comunidad internacional y científica.

Estos efectos en cascada se reflejan en incendios difíciles de controlar, inundaciones repetidas, olas de calor y tormentas, cuya potencia hace temer lo peor en los próximos años. Esta serie de catástrofes naturales tiene un impacto directo en la migración de la población y en la salud.

En términos económicos, las pérdidas son difíciles de calcular: la mayoría de las aseguradoras subestiman la magnitud de los daños y la incertidumbre sobre lo que se puede asegurar y lo que no. Según los países, las pérdidas por inundaciones pueden reducir directamente el PIB entre un 20% y un 80%.

La ciencia tardó en desarrollar estudios serios para predecir y comprender los fenómenos climáticos. Hasta la década de 1970, los científicos empezaron a comprender la complejidad del clima y, por primera vez en la historia de la humanidad, utilizaron sistemas de medida y análisis de datos. El IPCC prevé que en 2050 habrá 2.500 millones de personas afectadas por el cambio climático, sobre todo en África y Asia.

NO PODEMOS SEGUIR IGNORANDO EL AGUA

América Latina, por su parte, también verá afectadas sus economías por la alternancia de sequías e inundaciones, debido a la urbanización galopante de sus ciudades. El caso del huracán Otis, que azotó Acapulco en 2023, ha alarmado a los científicos. En sólo 24 horas, Otis pasó de ser una tormenta tropical a un huracán de categoría 5, con vientos de entre 266 y 322 km/h. Los daños se estiman en millones de dólares. Los hoteles no disponían de seguros suficientes para cubrir la magnitud de los daños, que se produjeron en tan poco tiempo y fueron de una magnitud sin precedentes.

Con la llegada de Trump al poder, las Naciones Unidas han visto reducidos importantes fondos, especialmente en lo que se refiere a estudios y vigilancia meteorológica. A partir de ahora, cada país gestionará su propia meteorología, mientras que todo el planeta estará conectado y se verá afectado por todos los fenómenos climáticos.

Paul Petit describe algunos de sus trabajos en México, donde la falta de agua se está convirtiendo en una prioridad nacional, especialmente en el norte del país. Su trabajo con Altero pone de evidencia las dificultades a las que se enfrentan municipios y ciudades para facilitar el acceso a este preciado líquido. Por el momento, el actual sistema de distribución no se adapta a las crecientes necesidades de la población, ni a las de la agricultura y la industria. 

NO PODEMOS SEGUIR IGNORANDO EL AGUA

El análisis de Jean-Louis Martin añade otra variable a este intercambio al destacar la falta de lluvias en determinadas zonas. Desde la época colonial, en América Latina, quien posee la tierra tiene también derecho a explotar lo que hay debajo de ella y, por tanto, las aguas subterráneas. Este fenómeno beneficia a la industria, que tiene acceso a agua barata para sus actividades, en detrimento de la población, que tiene que comprar agua. En su opinión, esto crea un desequilibrio entre una mayor necesidad de agua debido al crecimiento demográfico, la producción de energía hidráulica y nuclear, y los peligros del cambio climático.

Jean-Louis Martin explica también la complejidad del sistema político, que no permite las rápidas reformas sociales y políticas necesarias para lograr un equilibrio entre las necesidades de una agricultura comercial ávida de agua y las inversiones del sector privado necesarias para tratar el agua, ya sea para desalinizarla o para sanearla. Menciona la necesidad de municipalizar el agua, lo que permitiría a las autoridades locales gestionar el precio y los impuestos sobre el consumo a pequeña escala, fomentando el desarrollo de un sistema de gestión del agua más rentable. Concluye con un poderoso argumento: el agua no se destruye tras su uso, puede regalarse y compartirse.

Para Alain Meyssonnier, el recurso está muy mal distribuido: el agua salada es mayoritaria en la Tierra, y el agua dulce, que se encuentra en los polos y en los glaciares, se derrite a un ritmo considerable, invirtiendo un equilibrio existente desde hace varios milenios y acelerando la subida del nivel de las aguas. El caso de la cuenca mediterránea, que cuenta con 34 hotspots, se refiere a un grupo de países afectados por la sequía, entre ellos Francia, que sufre cada año olas de calor cada vez más graves. Establece un paralelo con el riesgo hídrico, que mide el uso y las necesidades de agua en ámbitos que van desde la agricultura al turismo y la industria. Varios modelos concluyentes muestran que es posible crear sistemas que permitan un uso óptimo del agua, pero estos sistemas no son adecuados si la ola de calor dura demasiado. Por ejemplo, si una ola de calor dura más de lo previsto, es probable que el agua vertida por una central nuclear, que suele estar entre 2 y 3 grados más caliente que la temperatura ambiente, agrave el problema.

Lo ocurrido en Valencia (España) en 2024 es una advertencia para el mundo. A pesar de toda la tecnología de un país europeo desarrollado, fue imposible avisar a tiempo a la población. El balance: 230 muertos y miles de heridos. 

NO PODEMOS SEGUIR IGNORANDO EL AGUA

En conclusión, el cambio climático es incuestionable. Aunque el hombre más poderoso del mundo base el modelo económico de la primera potencia mundial en los combustibles fósiles, responsables de la aceleración de las emisiones de gases de efecto invernadero, es importante reconocer que la gestión del agua es una responsabilidad colectiva.

A pesar de los avances técnicos y de las proezas de la inteligencia artificial, el agua sigue siendo un gran problema en las relaciones humanas. No tiene sentido creer en la conspiración que algunos medios de comunicación promueven sobre una guerra del agua. Por el contrario, debemos pensar en el agua como una oportunidad, el motor de todas las economías del mundo. Sinónimo de vida y recurso limitado, el agua nunca dejará de dar sorpresas. 

Juan Duputel

Juan Duputel

Por El Café Latino Presse / Psicólogo

Crédito fotos: France-Amériques