Si estudiamos la historia de la gestión del agua en las sociedades industrializadas “occidentales” o bajo influencia o mejor bajo dominación occidental, podemos observar cómo se repite la historia, y al constatar las injusticias del pasado, podemos cuestionar la gestión del presente. Históricamente, no se ha respetado el goce y el ejercicio de derechos como la vida, la salud y el agua de los sectores más vulnerables de la sociedad; los pobres y las comunidades indígenas. Históricamente, estos sectores han sido las principales víctimas del impacto ambiental negativo producido por una gestión del agua que no involucra a sus usuarios.
“El espíritu de la época estaba dominado por la creencia en que la iniciativa privada solucionaría todos los problemas humanos y que la empresa pública era perversa y dispendiosa por naturaleza. El resultado fue la emergencia de un nuevo tipo de crimen: el robo del agua.”
Ward, 1997, p.5 (citado en Castro, 2005)
Paisaje industrial europeo por Edmund Kregczy (1855-1916)
Esta frase cuenta la historia de Inglaterra de mediados del siglo XIX, cuando comienza a expandirse la ideología neoliberal y la dinámica mercantil a invadir todos los aspectos de la vida social. Es así, como el desarrollo de los servicios de suministro de agua en los países europeos industrializados y en Estados Unidos estuvo relacionado con el auge de los ideales privatistas. El modelo de suministro de agua basado en los principios del libre mercado, es traspasado a los países colonizados, incluyendo América latina, donde se crean pequeñas compañías de agua que abastecen los barrios más prósperos, los que podían pagarla.
Sin embargo, las alarmantes tasas de mortalidad causadas por enfermedades relacionadas con la falta de agua y drenaje sanitario en Preston, Inglaterra, condujo a la decisión por parte del gobierno municipal de comprar una empresa privada que se dedicaba a atender solamente a un sector de la ciudad. Esta medida se generalizó en Inglaterra desde 1840 y en otros países europeos y Estados Unidos, cuyas autoridades locales se hicieron cargo de los servicios de suministro de agua tras el fracaso del sector privado que no se involucra en resolver el creciente desafío de la recolección, tratamiento y disposición de volúmenes cada vez mayores de « agua sucia ».
Abastecimiento de agua, campamento del río American, California, valle de San Joaquín.
Hacia fines del siglo XIX se conforma entonces un modelo de carácter más universalista, en el cual la provisión de agua y drenaje sanitario no podía dejarse a las fuerzas del libre mercado, sino que constituía más bien un deber social y moral que recaía necesariamente en manos del poder público. Así, a comienzos del siglo XX se había instalado en el mundo occidental, y de forma creciente en los países de la periferia capitalista, un modelo de gobernabilidad centrado en la premisa que el Estado debía asumir un rol ordenador y director del desarrollo social. Mientras que en los países Europeos y en Estados Unidos en la década de los sesenta este modelo permitió alcanzar el objetivo de universalizar el acceso a los servicios esenciales de agua y saneamiento, en la mayoría de los países periféricos el Estado « falló » en alcanzar esos objetivos.
Desde la década de los ochenta el carácter autoritario de este modelo comienza a ser fuertemente cuestionado, destacando la formación de burocracias públicas especializadas y centralizadas, cerradas al escrutinio y al control ciudadano. Esta situación habría provocado el distanciamiento del usuario, una cultura del desperdicio, así como la ausencia de cuidado del uso y manejo del agua. El modelo de gestión pública del agua, es entonces transformado mediante las políticas de liberalización, desregulación y privatización implementadas en el mundo.
Las metas universalistas del siglo XIX son abandonadas y reemplazadas por valores de mercado, transformando el carácter del agua de bien público y derecho social universal en bien privado sujeto a las reglas del libre mercado. Según la teoría económica que distingue entre bienes públicos y bienes económicos, los segundos son aquellos que resulta posible excluir de su consumo a quienes no los pagan.
Sistema hidráulico construido por pueblos indígenas en Looy.
En el modelo instaurado predominan los principios mercantiles que contribuyen a exacerbar las condiciones de desigualdad y polarizaciones sociales. Estas políticas privilegian además la acción de grandes monopolios, privados nacionales e internacionales, y manifiestan un desinterés por las preferencias y opiniones de los ciudadanos comunes, la participación de la sociedad civil consiste en obediencia y voluntad de pago (Castro y Lacabana, 2005).

Nanette Liberona
Antropóloga, Chile-Francia.