El 8 de diciembre, en el espacio Saint-Michel de París, la Fundación Tchendukua presentó en estreno su segundo documental, “Koguis, juntos para curar la tierra” en presencia del director Alexandre Bouchet y del codirector Éric Julien. La película está dedicada a los Kogui, uno de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia.
Durante una hora y quince minutos, las imágenes majestuosas del glaciar, los valles y las montañas de la Sierra Nevada nos sumergen en un universo donde emerge otra manera de comprender el mundo: una especie de “segunda ciencia”, que explica los fenómenos naturales con palabras sencillas y cargadas de espiritualidad.
Desde los primeros minutos, el espectador queda conmovido por la presencia y la sensibilidad de la delegación Kogui, compuesta por cinco miembros: el gobernador Arregocés Conchacala, un mamo (chamán), una mujer chamana, un joven transmisor de cultura y su acompañante. Su viaje inicia en el glaciar del Ródano, lugar de nacimiento del río Ródano.
A lo largo del documental, los Kogui aparecen en distintos contextos: zonas urbanas, parques naturales, paisajes de Córcega donde comparten su lectura espiritual y simbólica de los lugares. En Córcega, frente a un alineamiento megalítico, el gobernador comenta la orientación precisa de las piedras y la posible presencia de ofrendas antiguas, hipótesis confirmada por el arqueólogo presente. El mamo, por su parte, percibe en estas piedras una energía masculina y femenina, complementaria, destinada a proteger la montaña
Alexandre Bouchet,presente en la premier en el space Saint Michel el 8/12, es el director y productor de la película.
Poco a poco, la película nos introduce en un encuentro entre dos visiones del mundo. La delegación colombiana dialoga con científicos europeos que, desde el respeto mutuo, confrontan y comparten sus saberes. En el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), en Ginebra, los Kogui exponen su concepción del universo, mientras los investigadores explican la noción de energía y la manera en que esta permite explorar la estructura íntima de la realidad, gracias a los estudios en física de altas energías y aceleradores de partículas.
El documental recuerda que los desafíos ambientales van mucho más allá de las fronteras colombianas. En Francia, el río Ródano de 800 kilómetros de longitud está regulado por diecinueve represas hidroeléctricas, lo que lo convierte en el río más intervenido del mundo. La reducción del aporte de sedimentos amenaza la Camarga, cuyos ecosistemas se están reduciendo. En medio de los humedales, el mamo habla de “la vieja mar”, un entorno originario donde habría nacido la vida y cuya preservación es vital.
La filosofía Kogui sorprende por su sencillez y su fuerza. No dicen nada que ignoremos por completo, pero su tono, su dulzura y su sinceridad nos recuerdan cuánto necesitamos reconectarnos con la naturaleza. Esta reconexión no es simplemente un paseo: es un aprendizaje, una manera de habitar el mundo. En un momento, el gobernador levanta una piedra y recuerda que el ser humano llegó después de ella, pero aun así alteró el orden natural: “¿Por qué consideramos necesario transformarlo todo?”, pregunta. Reconoce la importancia de la electricidad, pero advierte también que los peces necesitan un agua cuyo ritmo no esté dictado por nuestras horas de consumo.
Los informes del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) señalan que los saberes indígenas cumplen un papel esencial en la preservación de los ecosistemas: gracias a ellos, muchos entornos y especies logran sobrevivir. Así, los Kogui aparecen como mensajeros del pasado que recuerdan lo esencial: hacer la paz con uno mismo y con la naturaleza. Porque cuando la naturaleza se ve amenazada, puede volverse implacable. Su mensaje, profundo y sencillo, resuena como una verdad atemporal: vivir con lo que la Tierra ofrece, sin excesos, porque cuando tomamos más de lo que puede dar, es nuestra propia existencia la que se tambalea.
Para ellos, la ciencia ganaría si se abriera a otros relatos. En el CERN, ante un proyecto que busca reproducir las condiciones del origen de la vida, recuerdan que estamos hechos de polvo, y que cada átomo de nuestro cuerpo pertenece al universo. Para los científicos, el universo es una enorme biblioteca donde cada partícula cuenta un fragmento de la historia de la creación.
Hoy, la biodiversidad mundial se derrumba como nunca antes. En algunas décadas, varios glaciares habrán desaparecido. Sin la red de seres vivos que mantiene el equilibrio de los ecosistemas, nuestra presencia en la Tierra estaría comprometida. Todo está conectado. Nada existe sin cumplir una función. El mundo artificial que estamos construyendo no podrá sostenerse indefinidamente: depende de recursos que no son infinitos.
La misión de los Kogui en este documental es sembrar palabras capaces de hacer germinar esperanza en nuestros corazones, más allá de las fronteras y las culturas. Su mirada sobre nuestros paisajes resuena con el viaje interior que cada persona emprende en su propia vida.
La Tierra, desde esta visión, se convierte en un espejo: el glaciar representa nuestro espíritu; el agua que fluye hacia el Mediterráneo, nuestro cuerpo. En la cosmogonía Kogui, la naturaleza es un organismo vivo que comunica. Aprender a escucharla es entender, por fin, por qué estamos aquí.
Y surge entonces una última pregunta planteada por la película: ¿qué ganamos con la guerra? La guerra es nuestro caos, y ese caos destruye la vida. Sanar a la humanidad es aprender a vivir con las fuerzas de la Madre Tierra. La naturaleza no nos necesita; somos nosotros quienes la necesitamos. Somos una especie entre muchas. La Tierra ha visto nacer y desaparecer miles de especies. ¿Por qué seríamos una excepción?
Kogis,un voyage pour soigner la terre – Yemaya Productions
Distribuido por Nextfilm.
Éric Julien, presente en la premiere en el space Saint Michel el 8/12, es coautor de la película y fundador de Tchendukua.

Texto de Juan Duputel, de la Asociación Umstanda, para El Café Latino
Fotos: Ilsa Oay