En esta historia se entrelazan las voluntades de algunos franceses y argentinos, en distintas épocas y lugares, pero unidas en objetivos de solidaridad y apoyo mutuo. Por un lado, un pueblo de Santiago del Estero, en Argentina, y por otro, franceses y descendientes de franceses que han sumado su inestimable apoyo para hacer el bien común.
Existen antecedentes, como el de la Asociación Vol de Nuit, que tanto contribuyó, en palabras del Padre Sergio, para la escolarización de niños en el Tigre, en Buenos Aires, hace ya una veintena de años. Y un presente alentador, porque una donación de Francia ha venido a consolidar la ansiada construcción de un pozo que garantizará el agua para los vecinos, a quienes nadie parecía escuchar: a excepción del Padre Iglesias. O del donante anónimo.
El Padre Sergio: del Tigre a Villa La Punta
En la iglesia, en la calle, junto a los enfermos o tomando el infaltable mate, el Padre Sergio (Sergio Iglesias) junto a otro colega del clero, desarrolla toda clase de actividades, desde las habituales de un sacerdote que se desplaza por distintos enclaves, casi siempre a bordo de su moto, que es el mejor medio de transporte para las huellas o senderos que atraviesan esta inhóspita región. Siempre armado con las herramientas de la observación, la empatía, la solidaridad y, sobre todo, grandes dosis de paciencia y diplomacia.
Nacido en Buenos Aires, y ya con un amplio bagaje en el mundo de la solidaridad, el Padre Iglesias habita este lugar de la tierra poco frecuentado, desde un año antes del COVID, cuando decidió -tras visitar la zona en varias ocasiones- que ya había cumplido con su trabajo en el Tigre (Provincia de Buenos Aires) y había que iniciar otro ciclo.
Presta sus servicios ante una población indígena, que habla quechua, descendiente de indígenas que se agrupan en comunidades distribuidas en la naturaleza, a veces hosca y a veces fértil, y que se afanan en la búsqueda de lo esencial para vivir, entre mate, locro o empanadas.
Hace más de un siglo, los hermanos Emilio y Duncan Wagner…
Hace más de un siglo, los hermanos Emilio y Duncan Wagner, de origen francés, hicieron un aporte decisivo a la cultura y las ciencias arqueológicas y antropológicas de Santiago del Estero. De origen francés, sus investigaciones arqueológicas descubrieron una vasta civilización aborigen, a la cual denominaron «Cultura Chaco-Santiagueña». Debido a ello, el Gobierno de Francia los galardonó con la Legión de Honor, en el grado de Caballeros.
Los 500 habitantes de Villa La Punta
Villa La Punta es una localidad argentina ubicada en el departamento Choya de la provincia de Santiago del Estero, a 5 kilómetros de La Punta, y su estación de ferrocarril. Se trata de un caserío pequeño, con unos 500 habitantes desperdigados en una amplia superficie selvática, que después del mediodía dejan sus calles vacías, como si estuviera al borde de la extinción.
Una fiesta importante, el 16 de julio, Día de la Patrona Nuestra Señora del Carmen, famosa entre los santiagueños, logra reunir a miles de creyentes alrededor de esta humilde parroquia y de sus calles engalanadas.
El pozo de agua
Entre las necesidades más perentorias que detectó el Padre Sergio, estaba sin duda la de garantizar, en forma y en calidad, el suministro de agua, que cada vez se hacía más difícil, a causa de la industria de cemento cercana, que pudiera haber tapado algunas vertientes con la construcción de un dique.
Gracias a las gestiones de Iglesias, y a la colaboración vecinal se hicieron dos pozos; el primero no resultó, el segundo (a 100 metros de profundidad) ya está habilitado y logra abastecer a cuatro o cinco caseríos. Faltan las cañerías para transportar el agua.
El milagro se llamó dinero donado desde Francia, que pagó la apertura y la bomba. Ahora hay que buscar otros milagros para los caños.
Los lunes, payaso y titiritero
Sergio nació con otra vocación, que pudo probar a lo largo de su vida: payaso y titiritero y asiduo colaborador de hospitales infantiles. Espacios donde siempre necesitan la sonrisa permanente, el color, la gracia y la alegría de un cura payaso dotado de varios títeres con personalidad propia.
Los lunes se va al Hospital de Santiago, especialmente a la sección oncológica, con sus títeres, auténticos maestros para entretener, divertir y lograr que los niños hablen, expliquen, opinen y suelten la risa: “A veces hablan más con el títere de turno que conmigo o con los padres”, explica Sergio.
Ahora sueña con reproducir la experiencia del carromato rodante donde los niños puedan recibir apoyo escolar y funciones de títeres y de payasos.
“Es un merendero donde los chicos van a comer una o dos veces por semana, aparte de recibir apoyo escolar y contención. Lo hicimos durante bastante tiempo en Buenos Aires, y la idea es retomar…”, dice esperanzado.
El Club de Leones
El club de leones de Alta Córdoba, dirigido por Julio Sedrán, que conoce el pueblo y la labor que se está realizando, podría llegar a ser uno de los caminos para seguir cumpliendo sueños, en materia de equipamiento, siempre que se trate de un proyecto creíble y viable y que cuente con al menos una cuarta parte de colaboración ajena a esta entidad.
Desde Mendoza, donde inauguró el pasado mes de octubre un Consultorio de ortofonía y para sordos, nos transmitía la ilusión que tuvo al conocer al Padre Sergio. Habla de asociarse con municipios o comunas para hacer campañas en las que incluso intervenga la Internacional Lyon Club, pero indica que no es fácil.
No sé si Sergio Iglesias es seguidor de Eduardo Galeano, pero seguro que suscribiría la frase de la obra del escritor uruguayo “Espejos”, cuando dice: “…cualquier principio es un grandioso momento de la vida…y las primeras palabras de una carta o de un libro son tan fundadoras como los primeros ladrillos de una casa o de un templo.”

Patricia Almirón Cairoli
Periodista