Cuando emprendemos un viaje por los sitios más recónditos de la tierra, lejos de la agitada civilización, de la cotidianidad, de esas agendas repletas de cosas por hacer… nos encontramos con nosotros mismos ante la Naturaleza que se impone.
Al final del día, a la hora del ocaso cuando el Sol desaparece detrás de la línea del horizonte y se esconde, nos deja una luz que según el capricho de los rayos solares en contacto con la fiebre del aire, tiñe el cielo esplendoroso con una gran gama de colores. Atardeceres límpidos, tormentosos o alegres aparecen y como cuando nos tocan el alma, nos extasiamos y en silencio sentimos… reflexionamos dejando nuestro espíritu divagar.
Mi pasión por los viajes y la aventura me ha hecho comulgar con los más grandes viajeros de todos los tiempos, quienes descubrieron nuevas rutas haciendo revelar el Nuevo Mundo al viejo continente.
En el siglo XIX, entre abril y mayo de 1800, el gran naturalista y científico alemán, Alexander de Humboldt, se internó en la selva amazónica venezolana con el objetivo de verificar científicamente la existencia del Casiquiare.
Canan Pasiba
Sus reflexiones junto a Aimé Bonpland, botánico francés, seguramente fueron acompañadas por los hermosos atardeceres del río Orinoco hasta el río Negro atravesando el Brazo Casiquiare.
Imaginemos a estos jóvenes científicos de la época, estudiando el célebre mapa que Sir Walter Raleigh publicó en 1599 donde no aparece el Casiquiare, sino una cordillera y un gran lago llamado Parima, ubicado entre los ríos Orinoco y Amazonas. Pero, para la época nuevas informaciones existían; en 1744, el misionero Manuel Román hizo una incursión por el Río Negro y el Casiquiare, creando una polémica y una incógnita sobre la existencia de ese brazo fluvial que luego muchos otros negaron. Durante dos semanas, a pesar de lo arduo de su expedición, Humboldt avanzó sin parar porque quería conocer la verdad y la consiguió.
En el Casiquiare se produce un fenómeno único en el mundo, este brazo fluvial de una longitud de 326 kilómetros, es el único río en la Tierra que une dos grandes sistemas: la cuenca del Orinoco, una de las mayores de Sur America y la del Amazonas, la mayor del mundo. Estando en el Casiquiare podemos decidir nuestro viaje navegando por las mismas aguas, bien sea con salida al Atlántico por el Delta del Orinoco o a 1.600 kilómetros al Sur desembocando en el Delta del Amazonas, en Brasil.
Humboldt y Bonpland
Siguiendo los pasos de Humboldt, leyendo uno de los cuadernos de su obra Le voyage aux régions equinoxiales du Nouveau Continent (Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente) donde el naturalista dice que “El Casiquiare, en su estado actual, no es, como dicen los poetas del Lacio*, un plácido arroyo extremadamente manso; no se parece nada a ese Cocytos** de fluir lánguido”; compruebo que hoy por hoy el Casiquiare sigue intacto.
Verde y más verde, su magnífica selva, su extensa penillanura, pobladas por indígenas de diversas etnias de vida casi ancestral, sus aves multicolores, sus morichales, sus toninas… y sus bellos atardeceres que nos tocan el alma. Afortunadamente, para continuar preservando este maravilloso fenómeno natural, el Casiquiare forma parte de la Reserva de Biosfera con el nombre de “Alto Orinoco-Casiquiare”, declarada en 1991 por el Gobierno Nacional y ratificada como tal por la UNESCO en 1993.
*Virgilio, Grecia
**En la mitologia griega, el Cocytos es un rio de los Infiernos

Margarita Cadenas
Directora de cine