Latinoamérica está patas arriba. Uno de los eventos recientes que sin duda dio de qué hablar fue la victoria de José Antonio Kast en las presidenciales chilenas en diciembre de 2025.

Las opiniones radicales del ultraderechista impactaron al mundo. Sobre todo su apoyo asumido a la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, este acontecimiento no resulta tan sorpresivo si analizamos la historia reciente del país costero. Es, más bien, nuevamente, la concretización del famoso péndulo electoral chileno.

Esta tendencia a alternar entre gobiernos de derecha y de izquierda se mantiene desde hace casi veinte años. En esta ocasión, José Antonio Kast reemplazará al izquierdista Gabriel Boric.

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« Es muy difícil ser popular cuando se gobierna en Chile »

Cuando Gabriel Boric llegó al poder en 2022, el mundo era otro. Este encarnaba uno de los rostros del llamado « estallido social » y gozaba de una aprobación del 50 %. Cuatro años después, Boric acabará su mandato con un 62 % de desaprobación y cediendo el poder a la oposición.

Para Antoine Maillet, profesor de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, este desgaste no es inusual: « cuando se elige a una persona en Chile, esta tiene escasa capacidad para sostenerse en el tiempo. Hay una gran dificultad para ser popular cuando se gobierna ».

En los últimos años, esta tendencia se ha acentuado aún más. « Existe una gran distancia entre los ciudadanos y la política », explica Antoine Maillet. « El voto obligatorio, restablecido en 2022, refuerza este fenómeno. El número de votantes casi se duplicó en comparación con las elecciones de 2021. Hablamos ahora de electores menos politizados y, por lo tanto, más propensos a expresar esta volatilidad ».

La prohibición de la reelección inmediata en Chile es otro factor clave para entender el « péndulo ». Los presidentes salientes tienen una gran dificultad para transmitir su popularidad al candidato de su bando político. A pesar del 80% de aprobación que gozó Michelle Bachelet en su primer mandato, el candidato de izquierda salió derrotado.

« Su herencia extremista estuvo poco presente en la elección »

La victoria de José Antonio Kast coincidió con una dura derrota de la derecha tradicional. La candidata de Chile Vamos, Evelyn Matthei, quedó relegada al quinto puesto de la elección. Esto podría entenderse como el fin del péndulo electoral. Se deja atrás a las fuerzas clásicas dando un paso a una nueva derecha. Esta lectura puede resultar engañosa. Más acertado sería hablar de un « cambio dentro de una continuidad », retomando a Giancarlo Visconti, profesor de la Universidad de Maryland, en declaraciones a France 24.

José Antonio Kast proviene de la derecha tradicional. Fue militante histórico de la Unión Demócrata Independiente (UDI), donde ocupó cargos políticos importantes hasta su renuncia en 2016. Esta herencia lo sitúa en un lugar particular dentro de la ola global de derechas. Antoine Maillet señala que se distingue de « líderes excéntricos y excesivos como Javier Milei, Jair Bolsonaro o Donald Trump ». En su forma de hablar y de vestir, Kast se muestra más moderado.

A ojos del electorado chileno, José Antonio Kast apareció igualmente menos radical que en el pasado. La irrupción del extremista Johannes Kaiser, quien sí asumió los estereotipos del outsider libertario, permitió recentrar a Kast por efecto de comparación. También lo favoreció haber evitado los aspectos más extremistas de su propio discurso. « Su herencia extremista estuvo poco presente. Se ha enfocado en la economía, la seguridad y la inmigración, y evitó temas como el aborto », explica Maillet.

Decir que Kast es el primero en romper con los políticos tradicionales es factualmente falso. Sin crear falsas simetrías entre ambos, « el movimiento de Gabriel Boric, el Frente Amplio, ya era diferente a la izquierda clásica. Se le dio espacio a una izquierda joven con discursos y metodologías nuevas ».

Rodrigo Castillejo

Rodrigo Castillejo

Periodista y licenciado en Ciencia Política y estudiante de maestría en la ESJ Lille y Sciences Po Lille