EL RECODO

Oscuro el salón, el ensueño me escolta con el ramo de rosas marchitas que la chimenea alumbra a ráfagas intermitentes rasgando el túnel del espejo. Vestigios frente a mí, al alcance de los siete ojos de la noche, como si fuera ayer pero es hoy.

Hoy, es cuando hablo. Y fue ayer el mañana que regresa aunque no tenga el mismo tacto ni aroma el rastro que se mece arbitrario. Solo las rosas marchitas acompañan al eco perfumado por diciembres helados en este mi yo en derredor. Mis versos son, lo que no seré yo.

LA GARGANTA DEL POEMA

“El no seré” es lo que me mantiene obstinada, perseverante, terca, ganando una losa de impoluto abstracto, nieve virgen de cima inalcanzable que se derrite sobre la palma de la mano. Sonrió, perdiendo y ganando, esa volátil flor ígnea, tan sólida y vigorosa, como indestructible es el ser que no será.

Un yo en fuga sediento, góndola candente que desfila por la garganta, hambriento ser que destella con la fuerza del rayo y arde con mis despojos sin quemarme.

ALBAS EN BRUMA

Quema la piel, se postra como rezos sumisos, dóciles fieles que penetran el arco de la catedral sombría. Las plegarias infinitas cosen el templo del gozoso lamento. Es inalcanzable el tótem que los relámpagos alumbran solo una vez.

Es locura versar para sombras, encadenada a albas en bruma y tinieblas en fuego. Rocío sobre los pensamientos, os confieso, acompañó a la noche sin amanecer.

AMOR, AMÉ

Siempre amanecer, Amor de alas de gacela. A los besos, versos,  eternos lares de claro manantial, espejo de reflejos vírgenes. Lo acepto, seré demodé, porque Amor, amé. Rima de equilibrio quebrado, cálido crepúsculo de perenne primavera, tardes que son estelas malvas, ámbar, granate, de escarcha entreabierta.

Amor que despertó a la mañana con los labios, que despedía a la noche con el tacto. Tantas lunas fueron, cuántos soles haya, cuántas albas mueran. Amor, Amé. En la frente, en la boca, en el aliento, latido y piel.

LA BIBLIOTECA DE LENGUA ROJA

Dentro de un espejo roto vivía Una Biblioteca de Lengua Roja, yo fondo encerraba primaveras florecidas de golondrinas de menta con  alas de mistral. Destacaba en penumbra el pecho de una mujer tocado de mediodía que dormitaba sobre un escritorio de caoba con escamas de sirena junto a un paquete de cartas enlazadas con una cinta de violetas y un aterciopelado guante solitario.

Invariablemente, sobre las seis de la tarde en la campana de la laguna, el murmullo siseaba el nombre de JULIA escrito en llamas sobre una carta abierta, que el humo de las murmuraciones inundaba con arrebatadoras líneas secretas, imperecederas horas que caían lentas, se despeñaban desde lo alto de una faya con remite de Gustavo: Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida: En tu mirada, mi mirada azul.

ESAS OLAS SON ANHELOS

De mirada azul, ese mar, esas gigantescas olas que se rompen opuestas a la costa donde muero, que saltan enfurecidas, chocan, estallan contra el acero que cae del más allá.

Esas olas son anhelos que se estrellan, y colosales brincan fascinantes los más extravagantes sueños. Envanecida lujuria de imperio que conmueve tanto al mal como al destemplado infierno.

LAS ZAPATILLAS DE BAILARINA

Destemplada, cuanto estimo conciliar el sueño, dormir sin la pesadilla atada a las zapatillas de bailarina que danzan la infamia.

Cuánto es el odio que repica, solo, odiando, durante la escena henchida de delirio y rabia.  Vidrio es lo que se clava en mis labios y sangran locura. Misericordia.

Pilar Mata Solano

Pilar Mata Solano

Ilustración Xavier Vidal Benet