El encuentro del haitiano con el del cubano, es un proceso sociocultural no concluido, entre otras cosas por la proximidad geográfica. Involucrados en los procesos acontecidos en los últimos setenta años en Cuba, contribuyendo a enriquecer el intercambio biológico y cultural etno nación cubano, ocasionando una nueva realidad a partir de la mezcla, consciente o inconsciente, de elementos de la Regla de Ocha, el sistema adivinatorio Ifa y el vodú.
Los inmigrantes, portadores de la cultura de su país de origen, siguiendo el ejemplo de sus ancestros africanos, comenzaron un proceso de resistencia, es decir, conservando sus raíces frente a la cultura cubana; transmitiendo idioma (lengua materna), hábitos, costumbres, religión entre otros, a sus descendientes y al entorno donde se asentaron.
En la emigración producida hacia Las Tunas, se destacan las familias “Hilmo y Sandy”. Procedentes de Okay sur de Haití asentándose en 1920 al lugar conocido como Meriño (batey perteneciente al central Manatí, llamado desde el 1959 Argelia Libre). En 1977, se instalan en el camino del Oriente en el municipio Las Tunas, comenzando una etapa de protección cultural al integrarse al Movimiento de Artistas Aficionados, adaptando el nombre de Petit Dancé (que significa pequeña danza).
Esclavos recolectando café, 1835
Los inmigrantes antillanos en Cuba cultivaban casi clandestinamente en los cafetales y en los cañaverales las danzas y los cantos que trajeron consigo como único tesoro, que el padre transmitía al hijo, manteniendo viva de esta forma su herencia. (“Su expresión cultural” Balaguer, Cabrera, J .R 82).
Los haitianos supieron conservar su cultura y su modo de vida, casi no ha cambiado de generación en generación. Actualmente podemos observar la sobrevivencia de las tradiciones haitianas.
Su familia y religiosidad, constituyen una de las aristas de nuestra cultura, formas culturales surgidas de tejido social e histórico de la cubanía, expresión nacida de la necesidad de autoafirmación de los miles de hombres y mujeres que en condiciones vergonzantes fueron traídos a las tierras de América, y que hoy son la sal y luz de estas tierras. Característica sobresaliente de nuestra psicología social, de nuestra cultura popular tradicional, auténtico recurso de nuestra identidad.
Dimitri Dan La Havana, Cuba
Es imposible comprender a fondo nuestra historia y mucho menos el alma de nuestros pueblos americanos si no nos apoyamos sobre el legado de los pueblos que dieron origen a nuestro etnos-nación, de sus mitos, leyendas, historias, valores y conocimientos de todo tipo, sus formas de comprender y aprender el sentido popular de la historia, la visión optimista o pesimista, heroica, o mesiánica, circular o lineal que un pueblo tiene de su pasado y su devenir, que se transmiten pacientemente de generación a generación y que se expresan en la cotidianidad de las expresiones religiosas como manifestación de la conciencia de nuestro pueblo, y que fue simultáneo al de la reconstrucción del sistema de creencias. Así, familia y religión se reconstruyeron paralelamente, ínter penetrándose y constituyéndose sobre el culto a un antepasado divinizado.
En la provincia Las Tunas se palpa también la influencia del Vodú en los asentamientos haitianos como expresión cultural y aún de esa emigración se mantiene como legados por sus ancestros.
De esos inmigrantes nunca hubo regreso a su país de origen, asentándose en nuestras tierras, llegando no solo a construir familias sino verdaderas comunidades donde se mantendrían idiomas, costumbres, música, danza y otros elementos culturales.
[1] campamento de plantación de azúcar
Escudo de armas de Haïti

Francisco Batista Fernández y Aleida Best Rivero
Máster en Procesos de Aprendizaje de las Artes en la opción Danza. Profesor en la universidad de la ciudad de Las Tunas en Cuba