Hace un par de años, la autora tuvo la oportunidad de acompañar a un grupo de jóvenes en un programa de intercambio que pretendía lograr el acercamiento a otras culturas. A través de esta experiencia fue posible el encuentro con los «bateyes» en República Dominicana.

«Batey» [1] es el nombre dado a los pueblos que se encuentran en medio de las plantaciones de caña de azúcar. Según un informe de la ONU publicado en 2008 existen aproximadamente 500 bateyes instalados en República Dominicana. Estos pueblitos fueron construidos de manera muy rudimentaria en respuesta al crecimiento de la industria del azúcar durante la primera mitad del siglo pasado para acoger a los trabajadores. Por desgracia, el crecimiento de esta industria no ha beneficiado a los «braseros» [2], que aún hoy sufren de discriminación y exclusión social.

La mayor parte de los habitantes de los bateyes cuentan con ascendientes haitianos en su historial familiar, que llegaron a República Dominicana a partir de la década de 1920 y hasta hoy, convirtiéndose en una fuerza de trabajo manejable a voluntad, destinados a las más duras condiciones de trabajo [3].

 Los “Bateyes”, historia de un pueblo en constante migración como tantos otros...
 Los “Bateyes”, historia de un pueblo en constante migración como tantos otros...

La experiencia que viven hoy los bateyeros es un indicativo de la situación del mundo en el que vivimos y nuestra relación entre seres humanos. Vivimos en una época de desarrollo urbano y tecnológico, pero este desarrollo no parece ir de la mano con el respeto de la condición humana.

Estamos viviendo una época de transición y de revolución tecnológica. Es la era del progreso en dirección al conocimiento del espacio y al mismo tiempo de la búsqueda del entendimiento de lo infinitamente pequeño con la nanotecnología, tecnologías de investigación que requieren millones y millones de dinero y que son subvencionadas por muchos países. Al mismo tiempo estamos viviendo en una época donde la violación de los derechos humanos sigue siendo un elemento diario en los medios de comunicación. Es increíble seguir registrando hoy en día ejemplos de abusos y maltratos a poblaciones vulnerables.

Se trata de una situación que va más allá de la comprensión humana: pues el color de la piel es aún motivo de segregación en muchos países [4], tanto en el Norte como en el Sur.

 Los “Bateyes”, historia de un pueblo en constante migración como tantos otros...

Al regresar de este viaje revelador, sin tener intención de hacer un análisis antropológico, la autora desea compartir sonrisas ofrecidas y no robadas de los niños del sol tropical, que representan la esperanza de un mundo más justo y humano. Este reportaje fotográfico captura momentos íntimos y llenos de sentimiento de fraternidad.

Es en señal de respeto a la amistad y a la solidaridad ofrecida por los bateyeros durante su estancia que ella desea compartir sus emociones y testificar a través de su lente fotográfica en estas páginas culturales y expresar que el arte es un medio para abogar por más humanidad en el mundo.

[1] La palabra « Batey » sirve para describir un juego con una pelota, esta palabra tiene como origen el lenguaje taino de los aborígenes Tainos que fueron reducidos a la esclavitud durante la colonización española.

[2] Trabajador especializado en la recolección de caña de azúcar.

[3] El trabajo en las plantaciones de caña de azúcar es muy difícil pues se realiza a altas temperaturas que puede alcanzar niveles insoportables para el ser humano además de trabajar sin la protección adecuada.

[4] Haití cuenta con dos idiomas oficiales: el creole (lengua hablada por la mayoría de la población) y el francés (idioma que se aprende en la escuela), en República Dominicana el idioma oficial es el español.

Credito: J. Patricia Céspedes Arteaga

J. Patricia Céspedes Arteaga

J. Patricia Céspedes Arteaga

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