Chocolates que se abren camino en la capital del manjar

Si uno lo ve por primera vez, tiene la pinta, el porte y el lenguaje de un funcionario europeo: profundo, preparado, capaz de convencer a cualquier interlocutor para cambiar leyes y reglamentos, o de viajar por el mundo llevando la idea (cualquier idea) que pueda transportarse por tierra, mar y aire. Pero este caso es especial.

Xavier, el chocolatero con una misión: el comercio equitable

Xavier Declercq, el creador de Xocolate, convertido en las mil caras del chocolate, nos obliga a reflexionar cómo es el proceso de cultivo, producción y comercialización del cacao,. Defiende con garra a los productores de cacao desde una óptica poco común, con los principios que lo hacen definirse como “un chocolatero rebelde”.

En efecto, Xocolate es una creación de un chocolatero artesanal que, después de 33 años dedicados a la solidaridad internacional y al comercio justo, ha apostado por cultivar una nueva pasión: el chocolate, en todas sus versiones, pero siempre negro. Y ya lleva casi diez años en ello.

Su vida empezó en el Congo

Xavier nació después de dos hermanos y una hermana, dos de los cuales nacieron en el Congo cuando este país todavía era una colonia belga, cuya administración está considerada como una de las más brutales del colonialismo europeo. Su padre trabajaba en la empresa aérea Sabena, hasta que se proclamó la independencia del Congo (el 30 de junio de 1960).

Muchos años después, Xavier se hizo chocolatero, que quiere decir, en su caso, importador, inquilino de un local-laboratorio, inventor de sabores, cocinero de delantal y gorro y hasta vendedor convincente…  después de 33 años de trabajo como un destacado dirigente de OXFAM, organización internacional para la defensa de la justicia.

Su reconversión a chocolatero fue casi por casualidad. Empezaba una nueva etapa y decidió hacer un curso de chocolatero, por pura inercia. Al terminar, lo pensó sin demasiado entusiasmo: tenía los contactos, conocía los países productores, su trabajo y sus preocupaciones, y podía gestionar una empresa, pero pretender vender chocolate en Bruselas era como llevar hielo a la Antártida, reflexionaba.

Además de ello, crear manjares era otro desafío, y por ello se arriesgó solo, con pocos medios, a navegar como un marinero solitario. Instalado en un primer local que consiguió alquilar a buen precio, puso manos a la obra probando sabores y rellenos para revolver cacerolas y escuchar algún consejo culinario de la suegra chilena. Uno de sus bombones de mayor éxito está relleno de secretos y cilantro.

Xavier, el chocolatero con una misión: el comercio equitable

¿Quién es Xavier Declercq?

Nací en el año 60 en el Congo, en el año de la independencia de este país africano, lo que supuso que mi madre volviera a Bélgica con cuatro niños (yo, un bebé de tres meses) y mi padre regresara seis meses después. Cuando yo tenía 11 años, en 197,  mi papá de un accidente de tráfico.

Hubo que empezar de nuevo…

Sí, pero mi mamá lo hizo muy bien porque todos pudimos ir a la Universidad y tengo muy buenos recuerdos de mi juventud, aunque por supuesto mis hermanos y yo siempre pedimos explicaciones sobre nuestra presencia en el Congo, aunque todo hay que ponerlo en el contexto de los años cincuenta, pero lo que no se explica es qué papel se podía jugar en un país colonizado por un Reino genocida, como era Bélgica.

Yo tengo la convicción de que mis padres estaban tratando de hacer algo bueno, no que se fueron para, digamos, civilizar el mundo, sino con una motivación de desarrollo.

Xavier, el chocolatero con una misión: el comercio equitable

¿Como fue la transición de directivo de la ONG OXFAM a fabricante de chocolate?

Todo empezó por un curso que hice para fabricar chocolate. El chocolate tiene sus características y no hay que avanzar demasiado rápido, entonces cuando terminé la formación decidí incursionar en este mundo, alquilé un local pensando que no tenía muchas posibilidades en un país cuya capital, Bruselas, es la capital mundial del chocolate.

Al cumplir un año y medio, la compañía ya empezaba a funcionar. Y hace un tiempo nos trasladamos al barrio europeo de la capital belga.

Sigues militando por el comercio justo o equitable

En efecto, me podría definir como un chocolatero rebelde o con una misión, porque Xocolate produce chocolate orgánico gracias a nuestro compromiso con el comercio justo,  y por eso nuestros agricultores de cacao reciben más del doble de precio estándar del mercado mundial. Y aún más: mi chocolate, que viene de Haití, si lo comparo con el promedio de lo que se paga en el comercio justo, todavía estoy 63% encima de este precio y para mí eso es lo único que sirve. El problema en este mercado es que las grandes empresas siempre presionan el precio hacia abajo, quieren aumentar sus ganancias y servir a sus accionarios. Quiero que se sepa cuánto están pagando las multinacionales a los productores.

Como se puede resumir el conflicto en el comercio del cacao?

El principal conflicto que existe en el mundo del chocolate enfrenta a los productores de cacao con las grandes empresas chocolateras porque los agricultores reciben una parte muy pequeña del precio final de una tableta de chocolate, mientras que la mayor parte del valor queda en la transformación, el marketing y la distribución. Y estas empresas continúan poniendo presión sobre el precio, maximizando su beneficio y dejando a los productores en condiciones inaceptables.

Algunos países productores denuncian problemas como bajos ingresos, trabajo infantil, trabajo forzoso y deforestación para ampliar las plantaciones de cacao.

Como consecuencia aparecieron respuestas como el comercio justo (Fair Trade) y el movimiento Bean to Bar, que intentan que se pague precios más justos a los productores y promover una producción más sostenible y transparente. 

Xavier, el chocolatero con una misión: el comercio equitable

Existe la criminalidad en el comercio internacional

La certificación orgánica garantiza el origen orgánico de la producción. Pero no ayudan suficientemente a los productores para llegar a este punto. Es un modelo que se orienta demasiado al consumidor y no al productor. Existe un marco legal a nivel internacional, lo que no es el caso con el comercio justo.

Hemos tenido una reunión con una delegación de productores de Ghana, ellos conocen todo sobre semillas de cacao, pero ignoran lo que ocurre con el chocolate. Estuvimos trabajando un día junto con presidentes de cooperativas y pusimos de manifiesto que tienen certificados bio y comercio “justo”, pero en realidad es mínimo el porcentaje de su producción que pueden vender al precio justo, no llega al 30. Me parece nuestro deber explicar al público que existe la criminalidad en el comercio internacional y todo eso en total impunidad. Igual observamos que una iniciativa de Costa de Marfil y Ghana tratando de crear un tipo de OPEC para el cacao, ha sido boicoteada por las grandes empresas. Sin embargo, se necesitan estas iniciativas si queremos garantizar la supervivencia del cacao a nivel mundial.

¿Por qué has convertido la chocolatería en una cooperativa?

La idea detrás es que cuando me toque jubilarme o retirarme sólo podría vender esta chocolatería a quien respete los mismos valores que tenemos en la actualidad. Pasaría por la defensa del comercio justo.

Además de ser miembros de la Federación Belga de Comercio Justo, nuestra dedicación e innovación, aparte de la dimensión social y ambiental, fueron reconocidas por Gault & Millau en 2022 con el título de «Descubrimiento del Año para Bélgica». Y mi colega Emilie Opdebeeck se unió al proyecto a finales de 2021 y, desde entonces, la empresa se ha convertido en una cooperativa.

Xavier, el chocolatero con una misión: el comercio equitable

Breve historia del Chocolate

 

El cacao nacía hace 3000 años a través de culturas como los olmecas, mayas y aztecas, que lo cultivaban y consumían mezclado con agua y especias.

Los mayas lo llamaban kakaw, y los aztecas (mexicas) preparaban una bebida espumosa aromatizada llamada xocolātl (del náhuatl.

Tras la conquista de los europeos, el cacao se empieza a consumir en España y Europa con leche, canela y azúcar, hasta el siglo XIX cuando se industrializa con los formatos de Tabletas de chocolate (negro, con leche, blanco y con frutos secos), bombones y trufas, cremas para untar, galletas y bollería, helados, postres y bebidas.

Los principales países productores: después de Costa de Marfil, el mayor productor mundial, están Ghana, Indonesia, Ecuador, Nigeria, Camerún y Brasil. Los dos primeros aportan el 65 por ciento de la producción mundial.

 

 

Patricia Almirón Cairoli

Patricia Almirón Cairoli

Periodista