Un lingüista argentino afincado en París ha inventado un sistema para anotar el tango sobre el papel. Detrás de este proyecto, un hombre que ha pasado cerca de quince años transformando una intuición en método.

Los lunes por la noche, en el campus Condorcet de Aubervilliers, una sala se anima. Los cuerpos se buscan, se deslizan sobre el parqué, dibujan en el suelo trayectorias invisibles. Y quien guía esos pasos se llama Matias Tripodi.

Y sin embargo, su terreno de reflexión desborda con creces los muros de esa sala.

Nacido en Buenos Aires en 1985, Matias Tripodi entra en el tango por la puerta más tradicional que existe. A los diecisiete años ya frecuenta las milongas porteñas, donde la danza se transmite mediante la observación paciente de los mayores y el calor de un abrazo aprendido al hilo de las noches. Se forma también en la Academia de Estilos de Tango Argentino, institución dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Para él, el tango no es ni un pasatiempo ni una disciplina más. Es una lengua materna, aprendida en los mismos lugares donde nació.

Pero Tripodi no es solo un bailarín. En paralelo, cursa estudios de lingüística en la Universidad de Buenos Aires, de los que se licencia en 2012. Dos prácticas que todo parece oponer, la una entregada al rigor de las estructuras, la otra a la fluidez del cuerpo. Él las hace dialogar de manera permanente. Y es precisamente en ese cruce donde nacerá su proyecto más singular.

La intuición le llega progresivamente. La música tiene su partitura, el teatro su texto. ¿Por qué la danza, en cambio, habría de quedar condenada a la sola transmisión oral y corporal, sin dejar nunca rastro escrito? El lingüista que hay en él presiente que un sistema de signos es posible, y el bailarín que también lo habita sabe que ese sistema deberá permanecer fiel a la materia viva que pretende describir.

 

 

Matias Tripodi, el hombre que quería escribir el tango
Matias Tripodi, el hombre que quería escribir el tango

Trece años para dar forma a una intuición

Es en 2013 cuando Tripodi se pone verdaderamente a trabajar. Instalado en París desde hace algunos años, observa, dibuja, recomienza. Se trata de encontrar los buenos signos, aquellos que darán cuenta de los apoyos, de las direcciones, del diálogo silencioso entre los dos bailarines. El lingüista sienta las bases. El bailarín prueba, corrige, baila de nuevo para verificar.

El resultado tiene un nombre, el sistema de notación estructural para el tango. Una gramática visual, compuesta de trazados y de símbolos, que participa a la vez del esquema científico y del dibujo de artista. Pretende sobre todo ser simple, eficaz, transmisible, tres cualidades que Tripodi buscó largamente antes de juzgar su herramienta lista para ser compartida.

En octubre de 2016 aparece en París la primera versión del libro, en español, bajo el título Una propuesta de sistema de notación del movimiento para el tango. La obra se presenta algunas semanas más tarde en la Casa Argentina, en el barrio de la Cité Universitaire de París. Es el fruto de varias residencias de trabajo sucesivas y lleva el sello de Incidence Chorégraphique, estructura francesa de la que Tripodi se ha convertido en artista asociado. La traducción francesa llega en mayo de 2017, bajo el título Essai de système de notation du mouvement pour le tango.

En sus páginas, Tripodi despliega su sistema de notación y lo acompaña de textos más literarios, escritos de su mano, en torno a una obsesión que lo persigue desde el principio, lo que significa escribir lo efímero del tango. Teórico y artista se encuentran en la misma página, el uno con el rigor del lingüista, el otro con la sensibilidad del escritor.

Una vez planteado el método, le quedaba hacerlo vivir. Tripodi se entrega a ello con la misma paciencia. Multiplica los encuentros, los talleres, las exposiciones, las conferencias. Un intersticio elástico entre el arte y la teoría, donde cada formato le permite poner a prueba su sistema frente a públicos diferentes. A los bailarines les muestra la precisión. A los investigadores, la coherencia. A los curiosos, la belleza gráfica.

Matias Tripodi, el hombre que quería escribir el tango

De los grandes escenarios a las salas de barrio

Esta circulación le abre puertas inesperadas. En 2015, en Bonn, en el marco de la exposición consagrada a Pina Bausch, transcribe en signos un tango bailado por la coreógrafa alemana en persona y el legendario Tete Rusconi. Ver un tango improvisado convertirse en partitura, ese es exactamente el gesto que Tripodi quería hacer posible. Seguirán colaboraciones con la Fundación Pina Bausch, el Ballet de la Ópera Nacional del Rin y el Ballet de la Ópera de Leipzig. En 2023 firma incluso la coreografía de Tango y Tango en el Théâtre du Rond-Point, junto a Marcial Di Fonzo Bo y a Philippe Cohen Solal, del Gotan Project.

Pero junto a estas colaboraciones prestigiosas, Tripodi sigue haciendo vivir su práctica a una escala más pequeña. Los talleres semanales, los cursos de fin de semana en ciudades medianas, las conferencias en museos de provincia, las milongas improvisadas con un puñado de alumnos. El tango internacional nunca lo aleja del tango de proximidad, aquel que se baila en una sala de cincuenta personas, un lunes por la noche, en París o en otra parte. Es sin duda ahí, en ese ir y venir permanente entre las grandes instituciones y los pequeños parqués, donde se juega la coherencia de su trabajo.

Lo que sorprende, en la trayectoria de este artista, es precisamente esa continuidad entre la sala de clases del lunes por la noche y la gran escena internacional. Una misma convicción irriga ambas. El tango no es ni un folclore congelado ni un cliché de postal. Es una lengua viva que Tripodi ha emprendido, pacientemente, dotar de una memoria escrita.

Queda entonces la pregunta que plantea cada uno de sus libros, sin responderla nunca del todo. ¿Se puede realmente escribir el movimiento sin traicionarlo? Su respuesta no se encuentra en ninguna página. Se baila.

Lucien Février

Lucien Février

Periodista

Traducido del francés por Lucien Février