Los bancos tienen como misión el de dar confianza, seguridad y estabilidad a la economía. Las monedas y billetes en Colombia han provocado durante décadas desconfianza en los consumidores por la cantidad de ceros que hay en su economía. La cantidad no calculada pero significativa de moneda falsa que circula en el país nos hace olvidar la belleza de los billetes impresos por el banco de la república de Colombia. Esta es la historia del billete más famoso del país.

Para conmemorar los 500 años del descubrimiento de América que se cumplirían en 1992, como si el continente hubiera sido una isla desierta y perdida en medio de la nada, antes de la llegada de los conquistadores españoles; el Banco de la República lanzó un concurso en 1988.

De dicho concurso sale el diseño del billete de 10.000 pesos, el más bello jamás realizado en el país. Un verdadero homenaje a los pueblos de origen, a la naturaleza representada por las aves más representativas del país. El billete tiene el rostro de una mujer, Adriana Martínez Dogirama, perteneciente a la comunidad de los Emberá del departamento del Chocó, pero también presentes en los departamentos de Risaralda, Cauca y Antioquia. Su rostro fue fotografiado cuando tenía 14 años. Giraldo Adolfo Tovar Bonilla, un hombre que además de compartir su pasión por la numismática, defiende  la versión en la que el rostro que aparece en el billete pertenece a Adriana y no es el azar como lo dice el banco de la república. Durante años, Adriana ha buscado respuestas y ha manifestado la voluntad de que el banco se haga responsable de sus acciones, que reconozca que usó su imagen para imprimir el billete más famoso de Colombia. Las respuestas del banco son sorprendentes y lamentables al mismo tiempo. 

La deuda simbólica del Banco de La República de Colombia

La artista colombiana Liliana Ponce de León hizo un diseño preliminar del billete. Trento Cionini, hizo la propuesta final del billete, el famoso grabador italiano se inspiró de la foto tomada por Mauricio Pardo, antropólogo colombiano quien fotografió a Adriana cuando era adolescente.

Cuando el billete salió a la circulación, muchos cercanos del entorno de Adriana, pensaron que era rica, pues su rostro estaba en todas partes. Las únicas mujeres que aparecen en los billetes son reinas, científicas, artistas, escritoras. Además la mayoría de veces, las personas que salen en los billetes ya no viven, Adriana sí, tiene 53 años

La historia de este billete se convirtió en una maldición puesto que el robo del banco de Valledupar en 1994 y que inspiró la famosa serie de Netflix «El robo del siglo», tuvo como consecuencia reemplazar este billete de la circulación nacional. El robo considerado como el más grande del país, 24,072 millones de pesos equivalía en ese entonces a 33 millones de dólares. La junta del banco identificó el serial y la denominación de los billetes de 10.000 pesos robados del 16 al 17 de octubre, quienes  perdieron su valor instantáneamente y se llamarían los billetes vallenatos, en honor al género musical insignia del departamento, el vallenato. Las investigaciones judiciales que se llevaron a cabo identificaron a 100 personas que tuvieron que ver ya sea por su complicidad o por su silencio con el robo, incluidos miembros de la policía nacional, solamente 26 fueron condenados. Hoy en día quedan 4 personas vivas. Los billetes de la bella indígena emberá fueron reemplazados por otra figura femenina, la Pola (Policarpa Salavarrieta 1795-1817) heroína de la independencia de Colombia y fusilada por los españoles. 

La deuda simbólica del Banco de La República de Colombia

La vida de Adriana estuvo marcada toda su vida, su rostro estaba en todos los bolsillos y hogares colombianos, incluso después que el banco descontinuó los billetes, al ser raros y muy hermosos, los colombianos los guardaron como recuerdo, los numismáticos los venden a precios considerables al ser este billete una leyenda.

Adriana quien actualmente vive en Panamá y cuya familia en la familia de los Emberá son los Dobidá, han vivido la inclemencia del conflicto armado, los intereses mineros, los cultivos de coca provocando desplazamiento masivo de su comunidad. Los laboratorios clandestinos manejados por criminales que transforman la coca en cocaína y que aprovechan la falta del estado en el pacifico colombiano han hecho que este grupo huya de sus tierras durante varias ocasiones. El antropólogo Mauricio Pardo quien pasó años estudiando estos pueblos y quien tiene la certeza de que el rostro de Adriana es el que salió en el billete vallenato.

El Banco de la República siempre ha defendido la tesis que el rostro de Adriana que apareció en el billete entre 1992 y 1994 no fue hecho a partir de las fotos de Mauricio Pardo sino que es un resumen de esta cultura, responde ante las críticas que el diseño es único. A pesar de las medidas, la morfología y todos los aspectos que muestran la similitud de la foto de Adriana y el rostro del billete el banco se niega a reconocer esta innegable evidencia. No es tanto por el miedo de tener que indemnizar a esta mujer a quien no se le pidió permiso para aparecer en el billete, sino reconocer que como institución se equivocó.

La deuda simbólica del Banco de La República de Colombia

Adriana sostiene que si algún día el banco le da una indemnización, la compartiría con los miembros de su familia y comunidad lo que sería un reconocimiento a la dignidad de esta mujer sino también un deber de reparación. El billete que debía conmemorar el descubrimiento de América y termina siendo la radiografía de un país que unió su historia pasada y reciente en un rostro, en el de Adriana.

El mensaje que este billete iba a vehicular, no es compartido hoy en día por una parte de los colombianos que se alejan de esa idea eurocéntrica del descubrimiento del nuevo mundo y después de que en varias ciudades varias estatuas de conquistadores españoles hubieran sido derribadas en 2021 y 2022, muchos colombianos piensan que el estado colombiano imita a los europeos que minimizan errores del pasado y no están dispuestos en no reconocer y de no reparar a pueblos precolombinos cuyos derechos les fueron vulnerados durante la época de la conquista (1510-1810). 

La deuda simbólica del Banco de La República de Colombia

¿Cómo es posible que un banco que le pertenece a la nación no haga lo necesario para reparar la dignidad y sobre todo este error histórico que día tras día tacha su labor de entidad? Desde su creación en 1923 el banco ha hecho un trabajo considerable destacando lo mejor que el país puede proponer en términos de símbolos que unifican. Desafortunadamente las desigualdades sociales favorecen una división de la sociedad colombiana. Si el rostro de Adriana no hubiera sido de una comunidad indígena, la situación de no reconocimiento de los derechos de Adriana sería distinta.

Ojalá que el Banco se ponga del lado de la historia y repare a esta mujer cuya vida estuvo y estará marcada por ese error de funcionarios y de voluntades institucionales que aprovecharon de su estatus para seguir manejando un argumento que se asemeja al discurso español actual, que por ejemplo no quiere entregar el tesoro Quimbaya pretextando que lo que se regala no se pide. Reconocer a Adriana es un  gesto adicional de reparación institucional en un país en donde la guerra sigue siendo una triste y cruel realidad. El papá de Adriana, Floresmiro Dogiramá (1902-1982), fue un chamán que pasó parte de su vida pidiendo al gobierno títulos colectivos de tierras para los miembros de su comunidad en la cuenca alta del río Baudó (departamento del Chocó). Un día dijo con la simplicidad y la sabiduría que le caracterizaba «los indios son la gente más abandonada de la República

Juan Duputel

Juan Duputel

Sicólogo

Fotos: Mauricio Pardo