© Wikipédia, Rjcastillo   –   Estatua de Simón Bolívar en Cartagena de Indias

 

Cerca de los 194 años de la muerte de «el Sol de Colombia» Simón Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad paradójicamente del ciudadano español don Joaquín de Mier, es bueno recordar ciertos acontecimientos sucedidos con sus restos.

Tras su muerte se dio inicio al protocolo médico para determinar la causa de esta mediante la realización de una autopsia, su traslado y posterior embalsamamiento para realizar la exposición de los restos mortales en capilla ardiente al pueblo en la Casa de Aduanas, y tres días después realizar la inhumación en una tumba cedida por la familia Díaz Granados en la catedral basílica de Santa Marta. Desde ese momento se libra una de las batallas más singulares, como todas las suyas, para cumplir la voluntad del ilustre caraqueño: que sus cenizas reposen definitivamente en la capilla de la Santísima Trinidad en su ciudad natal.

Las guerras intestinas de la recién independizada Venezuela, la persecución de todos los bienes pertenecientes a sus herederos y la exaltación de los partidos políticos impidieron cumplir inmediatamente con sus deseos.

El drama de los restos del libertador Simón Bolívar

 © El Café Latino   –  Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, Colombia

El 14 de abril de 1838 su hermana, María Antonia Bolívar, se dirige al General Carlos Soublette, presidente encargado de Venezuela, y le solicita:  «Creo que el tiempo transcurrido desde el fallecimiento de Simón hasta la fecha es más que suficiente para que se hayan calmado, sino extinguido, las pasiones de los hombres, y yo por mí, a nombre de los demás herederos, hago a usted con encarecimiento, la súplica de que se nos conceda el permiso de trasladar a Caracas las cenizas de mi hermano». El General Soublette se dirigió al Congreso de 1839 solicitando autorización para llevar a cabo aquel acto de justicia y patriotismo, pero las pasiones partidistas todavía afloraban y dicha solicitud fue desatendida por ese cuerpo legislativo.

En mayo 24 de 1839 Fernando Bolívar, sobrino del Libertador, a sabiendas de que en el Puerto de la Guaira se encontraba una fragata de nacionalidad francesa que partía con destino a la Nueva Granada le escribe al Encargado de Negocios de Francia, Barón de Gros:

«Las cenizas de mi difunto tío, el General Bolívar, se hallan todavía en Santa Marta, de dónde no ha sido posible a su familia transportarlas al suelo natal… la circunstancia de partir una fragata francesa para Cartagena y regresar por esta agua nos ha parecido la más favorable y decorosa para hacerlo…». Las intrigas políticas tampoco lo permitieron en aquella oportunidad.

El 31 de agosto de 1840, el Secretario del Interior y Relaciones Exteriores, Jorge Tadeo Landínez, en representación del Presidente de la Nueva Granada, le informa a María Antonia, Juana y Fernando Bolívar, que «por parte del Gobierno de la Nueva Granada no hay inconveniente para que, previo cumplimiento de los requisitos necesarios, sean exhumados los restos del Libertador de Colombia por sus hermanas y sobrino que representan». Desprendido gesto de una nación que ya reconocía la dimensión histórica de Simón Bolívar y que sabía con certeza la animadversión y el rechazo que este hecho producía en algunos sectores de la hermana república.

El 29 de abril de 1842, doce años después de su muerte, y atendiendo las palabras del General José Antonio Paez, el Congreso de Venezuela aprobó el Decreto mediante el cual se aprobaba la repatriación «con todos los títulos y honores» de los restos del Libertador Simón Bolívar.

El drama de los restos del libertador Simón Bolívar

 © Getty Images/iStockphoto   –   Monumento a Simón Bolívar, Bogotá

La comitiva encargada de hacerlo partió del Puerto de la Guaira el 1 de noviembre de 1842 y cumplió su cometido el 20 de noviembre con el propósito de conmemorar, el 17 de diciembre siguiente, los doce años de la muerte del más ilustre de los americanos con ceremonia fúnebre en su ciudad natal. Varias naciones europeas se asociaron al homenaje preparado por las repúblicas que conformaron la Gran Colombia, tanto Francia, como Inglaterra, Holanda y Dinamarca enviaron sus buques de la Marina de Guerra para que hicieran guardia de honor a las sagradas reliquias.

Una vez exhumado el cuerpo se procedió a la identificación de éste, para lo cual se contó con la presencia de un envejecido Alejandro Próspero Révérend, su médico de cabecera, quien identificó los restos del general gracias a las marcas de sierra y los puntos de sutura hechos por él mismo en el cráneo del cuerpo al momento de realizar la autopsia, también se contó con la presencia del dueño de la casa donde murió Bolívar, el señor Joaquín de Mier, el general colombiano Joaquín Posada Gutiérrez, Manuel Ujueta y el doctor Luis José Serrano.

El drama de los restos del libertador Simón Bolívar

 © Robert Ford   –  Panteón Nacional, Caracas

El 13 de diciembre de 1842, la Goleta de Guerra Constitución arribó al puerto de La Guaira, tras 23 días de navegación desde Santa Marta, los restos del Libertador Simón Bolívar llegaron a Venezuela. Sin embargo, el desembarco de estos se produjo el día 15, mientras se hacían los preparativos para los actos oficiales a llevarse a cabo.

Los honores fúnebres los realizó el padre de la Iglesia San Pedro Apóstol, el día 16 de diciembre, los restos fueron trasladados en hombros por los marineros de la goleta Constitución, escoltados por la Guardia de Honor formada por los alumnos de la Escuela Militar y dos compañías de milicias.

El pueblo del litoral se volcó sobre las calles y la procesión tomó el viejo camino de los españoles en su ruta hacia Caracas, mientras las personas glorificaban al Libertador, estando las casas vestidas con el luto para tal ocasión.

En la entrada de Caracas, el pueblo aguardaba por el Libertador, el cual fue conducido hasta el Templo de la Santísima Trinidad (hoy Panteón Nacional). Esa noche se hizo una vigilia, mientras en los exteriores caía un torrencial aguacero, el cual no inmuta la intención de los presentes de permanecer allí, fieles a su sentimiento patriótico.

Tuvieron que pasar 12 años para que se cumpliera el último deseo del Libertador plasmado en su testamento: «Es mi voluntad que después de mi fallecimiento, mis restos mortales sean depositados en la ciudad de Caracas».

El drama de los restos del libertador Simón Bolívar

 © El Café Latino

Alvaro Zuluaga R

Alvaro Zuluaga R

Miembro de la Sociedad Bolivariana