El Popol Vuh, Popol Wuj (según la ortografía quiché) o Libro del Consejo es el libro sagrado del pueblo maya quiché, nativo de Guatemala. Se trata de un compendio de mitos y leyendas que trata de explicar el origen del mundo y diversos fenómenos naturales, así como la historia del pueblo quiché. Es un manuscrito bilingüe, dispuesto en columnas paralelas en español y quiché y escrito por fray Francisco Ximénez, quien dijo ser el transcriptor y traductor del texto original, cuya posible existencia se debiera a un indígena maya que existió a mediados del siglo XVI y que aprendió a escribir bajo el alfabeto latino la tradición oral que escuchó de un sabio anciano. Alrededor de 1715 fray Francisco Ximénez llevó a prosa el Popol Vuh y lo incluyó en su Historia de la provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala.
Según recoge el historiador y académico mexicano Ernesto de la Torre Villar, Francisco Ximénez de Quesada, fraile dominico nacido en Écija (Sevilla, Andalucía) en el año 1666, había llegado a Guatemala en 1687, y desde muy joven empezó a aprender la lengua quiché y la lengua kaqchikel, demostrando ser un talentoso gramático.
Al cabo de unos años, siendo ya cura doctrinero (figura religiosa característica de las Indias, a la que se le asignaba cierta población indígena para instruir y adoctrinar) llegó a Santo Tomás de Chichicastenango a principios del siglo XVIII, donde encontró el que se supone que era el manuscrito original, que se había mantenido escondido desde su redacción. Es muy posible que Ximénez omitiera ciertos pasajes, no deliberadamente, sino por una natural falta de control de una lengua que era muy diferente a su español nativo.
Primera página de la versión escrita más antigua del Popol Vuh (manuscrito entre 1701 y 1703 de Francisco Ximénez).
René Acuña, investigador y ensayista, señaló que el Popol Vuh estaba occidentalizado y que compartía rasgos con el Génesis de la Biblia en su composición y estructura, dando como resultado una Biblia maya en un claro proceso de aculturación. Hasta 1830, las obras del fraile quedaron archivadas en el Convento de Santo Domingo. Posteriormente, tras la expulsión de los dominicos de la Federación Centroamericana, se llevaron a la Escuela de Ciencias de Guatemala, donde los encontró Karl Scherzer, explorador y científico austríaco, en el año 1854. Años después presentaría en Viena Las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala.
Fue el abad francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, apasionado de la historia y cultura precolombina y pionero de los estudios precolombinos, quien obtuvo el manuscrito original de Ximénez y lo llevó a Europa dándolo a conocer bajo el nombre de «Popol Vuh, le livre sacré et les mythes de l’antiquité américaine», en el año 1861. Al fallecer el abad, Alphonse Pinart recibe su colección, quien a su vez vende el manuscrito original a Edward E. Ayer, un coleccionista estadounidense que decide donar a la Biblioteca de Newberry de Chicago su colección de 17.000 piezas, encontrándose entre ellas el Popol Vuh.
El manuscrito contiene pasajes de la historia precolombina y postcolombina, citando a Juan de Rojas y Juan Cortés como los últimos reyes quiché, ya en la Santa Cruz del Quiché, antigua Q’umar K’aaj, capital del reino quiché.
Uno de los descubrimientos que ratifica la existencia de toda esta mitología maya recogida, es el del mural maya de El Mirador, descubierto por unos arqueólogos a cargo de Richard D. Hansen, de la Universidad Estatal de Idaho, en el año 2009, mientras investigaban el sistema de recolección de agua de la antigua ciudad maya de la selva tropical de Petén.
El panel de yeso descubierto formaba parte de la decoración de un canal que distribuía el agua de lluvia por toda la antigua ciudad, y fue precisamente ese avance uno de los motivos por los que se convirtió en el centro de la cultura maya quiché. En el mural, que data aproximadamente del año 200 a.C, se aprecia a los héroes gemelos del Popol Vuh, Hunahpú e Ixbalanqué, hijos de Hun-Hunahpú e Ixquic.
El pueblo quiché fue conquistado en 1524 por indígenas mexicanos y españoles a las órdenes de Pedro de Alvarado. Tecún Umán fue el último jefe guerrero quiché, fallecido en combate y convertido héroe popular. Los colonizadores españoles quemaron muchos de los libros maya, que estaban fabricados con corteza de árbol, siendo el Popol Vuh reelaborado por Ximénez uno de los pocos vestigios que quedan de la escritura maya junto a obras como los Anales de los kaqchikeles o el Título de los Señores de Totonicapán. El Popol Vuh es una obra a la vez histórica, religiosa y mitológica, que se preguntaba por la razón de ser de las cosas. En el Popol Vuh, los dioses crean la Tierra y todo lo que existe dentro y fuera de ella, como las estrellas y los planetas. Crean a los animales, criaturas que, como no les adoran, condenan a comerse entre sí. Realizan en total cuatro intentos de crear al ser humano, y no triunfan hasta crear a los hombres de maíz, quienes son los primeros hombres de verdad: Balam Quitzé, Balam Akab, Mahucutah e Iqui Balam, leales a los dioses y recompensados por ello.
También crean a las primeras cuatro mujeres, con las que los hombres tienen descendencia. Nace Venus, y después el Sol. Explican las migraciones quiché, y cómo poco a poco el pueblo quiché fue alcanzando el poder, aterrorizando a los demás pueblos, que temían convertirse en sus esclavos. Se explica asimismo la expansión de los quiché, y cómo alcanzan el poder sociopolítico hasta la llegada de los españoles, quienes se erigen como últimos dirigentes quiché en la cronología.
En la mitología del Popol Vuh, Tepeu-Gucumatz es el origen de todo, cuando todo era oscuridad. Estaba enterrado en plumas de quetzal cuando le descubrió la deidad Uk’ux Kaj, que era tres en esencia, y de su diálogo nace la creación. Es el origen del impulso creador del resto de cosas que vinieron después. Junto con Uk’ux Kaj y la diosa madre-abuela Ixmucané, también llamada abuela del día, abuela de la claridad o dueña del maíz, realiza los primeros intentos de crear a los hombres, criaturas que pudieran adorarlos.
Creación. El Popol Vuh visto por Diego Rivera. 1931
Otro de los personajes más importantes es Vucub Caquix o Siete Guacamayo, quien tenía ojos y pico plateados y dientes de oro, y un hermoso plumaje verde. Vucub Caquix vivía en la Noche Eterna o Aq’ab’. Mentía diciendo ser el sol y la luna, presumiendo de sus piedras preciosas. Parecía ser una mezcla entre un guacamayo y un hombre. Simbolizaba el orgullo, la vanidad y el amor por las cosas materiales, en detrimento de los buenos valores. Vucub Caquix fallece cuando los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué arrebatan, con la ayuda de los ancianos Zaqui Nim Ak y Zaqui Nimá Tzÿ, sus bienes materiales, que era lo único que le hacía poderoso, quedando al descubierto su auténtica fealdad.
Zipacná, hijo primogénito de Vucub Caquix, era el creador de las montañas y los volcanes. Como su padre, era arrogante y vanidoso, y es derrotado por los gemelos a través de la invención de un falso cangrejo, la comida favorita de Zipacná. Los gemelos lo entierran, irónicamente, bajo una montaña. El otro hijo de Vucub Caquix, llamado Cabrakán, (literalmente “terremoto” o bien “bípedo”), era dios de las montañas y los terremotos. Normalmente, Zipacná y Cabrakán eran considerados una especie de demoniosde la mitología maya.
Hun-Hunahpú era hijo de Ixmucané e Ixpiyacoc, quienes contaban los días y eran gemelos. Ixmucané, madre creadora, creó a los hombres del maíz (los primeros hombres) a raíz de mezclar variedades del grano del maíz. Tenía el poder, otorgado por el dios del sol, de solucionar cualquier preocupación del ser humano, dando origen a la figura de la muñequita quitapenas o quitapesares. Estas diminutas muñecas, de entre 10 y 15 centímetros, fabricadas con madera y telas muy coloridas, servían de amuleto y consuelo de la persona que dormía preocupada, ya que según la leyenda ellas se preocupan del problema para que la persona no necesitará preocuparse y despertara al día siguiente con serenidad.
Hun-Hunahpú era el dios de la fertilidad y del juego sagrado de la pelota. Se dice que junto a Ixbaquiyalo engendró a los gemelos Hun-Batz y Hun-Chowen, contra quienes jugaba a la pelota, junto a su hermano Vucub-Hunahpú. Los gemelos eran artistas, músicos, escribanos y sabios. Jugaban encima del inframundo de la mitología maya quiché, llamado Xibalbá, lugar de muerte y enfermedad. El juego molestaba a Hun-Camé y Vucub-Camé (“Uno Muerte” y “Siete Muerte”), señores del inframundo, quienes les invitan a los hermanos Hunahpú a descender a Xibalbá a jugar con ellos. Allí son torturados y asesinados. En el lugar de su muerte, crece un árbol de jícaras o morro (Crescentia cujete), un pequeño árbol con fruto de cáscara leñosa que servía para crear recipientes y artesanía en época precolombina. Del árbol nacen dos frutos, que son las dos cabezas de los hermanos Hunahpú. Ixquic, hija de Quqjumakik, uno de los señores de Xibalbá, es una chica inteligente y de naturaleza curiosa que pasea debajo del árbol y alcanza la cabeza de Hun-Hunahpú, quien escupe en su mano. Es así como Ixquic queda embarazada de los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué.
Hun-Batz y Hun-Chowen, los hermanastros artistas de Hunahpú e Ixbalanqué, tenían envidia de ellos y los despreciaban, por lo que Hunahpú e Ixbalanqué les convirtieron en monos. Los gemelos mono eran apreciados por los mayas quiché como protectores de los artistas.
Los dioses Hunahpú (“cerbatanero”) e Ixbalanqué (“jaguar del lado oculto del sol”), grandes guerreros y cerbataneros, encarnaban los buenos valores de valentía, inteligencia e integridad, pero también eran muy vengativos, y estaban en constante contacto con Uk’ux Kaj, dios creador. Existen dudas sobre si Ixbalanqué era mujer, caso en el que estaríamos hablando de unos dioses mellizos.
Tojil, Awilix, Jaqawitz y Nik’aj Taq’aj, son deidades y guías de los cuatro primeros hombres de maíz, vengativos y sedientos de sangre, con la que rejuvenecen y se hacen más fuertes. Se encargan de dirigir la guerra de los quiché con el resto de pueblos que se convertirán en sus súbditos y tributarios. Otras figuras importantes del Popol Vuh son Q’ukumatz y K’otuja, quienes abren paso a la época dorada de los quiché, o K’ikab’ y Kawisamaj, grandes guerreros que engrandecieron el territorio quiché sometiendo ciudades y pueblos.
Los gemelos Wuuj Junaj pu y Xbalanq’e. Pintado por Lacambalam. Patrón tomado de una antigua cerámica maya.
Cada 30 de mayo, Guatemala celebra el Día Nacional del Popol Vuh, preservando así su legado. Sin embargo, el Popol Vuh continúa siendo un gran desconocido de la literatura universal, pese a ser sin lugar a dudas un importantísimo texto de valor humano, histórico y cultural incalculable.
Bibliografía y webgrafía:
Woodruff, John M.. «Synthesizing Popol Vuh».
Recinos, Adrián (1947). Popol Vuh: las antiguas historias del Quiché
González Torres, Yólotl (1999). Diccionario de mitología y religión mesoamericana.
https://web.archive.org/web/20060410224427/http://www.literaturaguatemalteca.org/popol.html

Marcela Fernández-Le Gal
Filóloga y periodista cultural