Antes de franquear el umbral de un quilombo, hace falta esclarecer este vocablo. Procede de una de las lenguas bantúes, más precisamente del quimbundo o kimbundo, un idioma hablado en Angola.
En un artículo anterior habíamos evocado la esclavitud en Brasil y la procedencia de los africanos raptados y llevados a Brasil. Entre ellos muchos procedían de Angola, lo que explica su aportación linguística y el portugués brasileño sigue empleando decenas de palabras que franquearon el Atlántico (El Café Latino, n° 74). En cuanto a quilombola, esta palabra se refiere a la persona que vive en él.
En la Angola del siglo XVII la palabra se refiere a comunidades de jóvenes guerreros llamados también imbangalas, en su fase de iniciación, y a su campamento fortificado. Cuando los portugueses presentes en Angola desde 1482 descubren que esas hermandades militares les podían ser muy útiles, no dudan en reclutarlos como mercenarios y como proveedores de esclavos entre los cautivos de los pueblos que combatían. Así es cómo entran las palabras quilombo y quilombola en el idioma portugués. Ya es hora de adentrarnos en el Brasil colonial.
El origen de los quilombos
La mayoría de los africanos deportados se destinaba a las plantaciones de caña de azúcar que nacen en Brasil en el siglo XVI cuando empieza a estancarse la explotación de la madera, el pau brasil, en los años 1530. Cabe señalar que si los portugueses empiezan con el empleo de la mano de obra indígena, tienen que renunciar a la esclavitud de los nativos tras la lucha de los jesuitas, entre ellos destaca la figura del Padre José de Anchieta (1534-1597), que pretendían protegerlos para evangelizarlos y aciertan en el intento con el visto bueno de la Corona.
El ciclo de la caña acaba de iniciarse y también coincide con la transición de una colonización de explotación a una de asentamiento, favorecida por la instauración de las 14 Capitanías Hereditarias en 1534 por el rey Dom João III destinada a incentivar la instalación perenne de los portugueses en las tierras brasileñas.
Dio en el blanco ya que si ya había sido creado el primer engenho (conjunto vinculado al cultivo y a la explotación de la caña de azúcar) en 1516, al final del siglo XVII son más de 500, ubicados principalmente en el noreste.
Las condiciones de vida de los esclavos en los engenhos son muy duras, sobre todo para los que cortan la caña en los campos y los que se encargan de los molinos y de las calderas. Por cierto no cobran ningún sueldo, se hacinan en viviendas insalubres, la senzala, se les da poca y mala comida y padecen castigos físicos. Se trata de someter tanto los cuerpos como las voluntades. Así es cómo empiezan a huir esclavos de lo que es un auténtico infierno y eso a pesar del estatuto « privilegiado » que tienen los criados de la casa grande. Hace falta añadir que también acuden a los quilombos indígenas, blancos pobres atraídos por otra forma de vivir y que buscan un resguardo lejos de los abusos de los colonos y llegan incluso soldados portugueses desertores.
La inmensidad del territorio colonial, la naturaleza agreste favorecen a los fugitivos que se adentran en el monte, ventajas que no tienen los esclavos cimarrones de otras colonias americanas.
El primer quilombo nace en 1575 en el estado actual de Bahia. Sólo se sabe que existió sin más datos. A lo largo de la historia colonial, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, surgen decenas y decenas de quilombos (también llamados mocambos) en casi toda la colonia aunque se concentran sobre todo en las zonas agrícolas, las de la caña de azúcar, luego las de los cafetales y no nos olvidemos de los esclavos fugitivos de las minas ni de los de las áreas urbanas, y aún menos de las de la ganadería del sur. En ellos se juntan desde algunos quilombolas hasta centenares y miles de fugitivos aislados o con familia.
Por supuesto se persiguen a los fugitivos, un esclavo es considerado como una pertenencia cuyo valor es el que le proporciona a su amo, su fuerza de trabajo, sus retoños que a su vez serán esclavos, una ganancia hereditaria. Y se les ofrecían recompensas gratas a los cazadores de esclavos fugitivos. Por cierto éstos padecen castigos tremendos cuando son detenidos vivos.
Además la huida de esclavos amenaza la economía colonial que se ancla en el sistema de la esclavitud. No dudan ni las autoridades ni los señores de los engenhos en contratar a hombres armados cuyo papel es destruir los quilombos y capturar a los quilombolas, sin hablar de numerosas expediciones militares con el mismo propósito.
Si los esclavos habían mantenido sus lenguas, sus creencias, sus costumbres a escondidas de los amos en la senzala, el quilombo les permite reanudar con ellas a su aire.
¿ Cómo era la vida en un quilombo ?
Ante todo cabe decir que la comunidad quilombola se organiza sin seguir para nada el sistema colonial portugués, por el contrario se apoya en tradiciones oriundas de África. La comunidad es gobernada por un rey o una reina en el sentido africano de la palabra, nada que ver con cualquier forma de despotismo. Aunque hay pocos datos sobre su administración y sin llegar a emplear el vocablo moderno de democracia, parece que todas las decisiones importantes se toman congregando a los más sabios, a los más competentes. Aún hoy en día en Angola se consultan a los sobas, guardianes de las tradiciones y capaces de solucionar problemas.
Lo que queda claro es que el quilombo es un lugar de sociabilidad y de intercambios, de interacción y de convivencia solidaria. A menudo los quilombolas organizan expediciones para liberar a otros esclavos, para hacerse con armas, con herramientas, con la complicidad de los que aún viven en los latifundios o en las senzalas.Y se protegen con fortificaciones.
Las comunidades son autosuficientes gracias a la agricultura, la caza, la pesca.
« También producían artesanías y hacían comercio, había abundancia alimentaria. Todo quilombola recibía tierra, pero no podía vender y estaba obligado a cultivar. Toda la producción iba para el Consejo, que repartía entre todos. Era una forma colectivizada de producción. El excedente, además de ser comercializado, probando que no había aislamiento del quilombo, era repartido y almacenado para evitar la escasez y el hambre. » [1]
Lo más relevante es comprobar que se trata de una administración económica y política totalmente opuesta a la colonial, por eso se les declara una guerra sin tregua y es hora de evocar en algunas líneas el quilombo más emblemático de la historia de Brasil.
El quilombo de Palmares
Es imposible redactar un artículo dedicado a los quilombos sin referirnos al que le dio mucha guerra a la administración colonial. El, o mejor dicho, los de Palmares, en el estado actual de Alagoas, congregan hasta unas veinte mil personas y los quilombolas resisten durante casi un siglo (1605-1694) a los asaltos repetidos tanto de los holandeses presentes en el noreste de Brasil [2] como de los portugueses. Su adaptación y su conocimiento del entorno les da la ventaja.
Sin embargo destaca un héroe de la resistencia, Zumbi dos Palmares (± 1655 – 1695). Educado por un padre jesuita aprende el portugués y el latín pero huye y se refugia en Los Palmares con tan sólo quince años. Desde 1675 pasa a ser un estratega reconocido y de 1680 hasta 1694 encabeza la resistencia contra el ejército portugués. Pero las disensiones que nacen entre los jefes rebeldes llevan a una traición y después del asalto sangriento que congregó fuerzas considerables contra los Palmares el 20 de noviembre de 1694 y destruye los quilombos. En 1695 Zumbi es detenido y degollado por los portugueses.
Zumbi dos Palmares forma parte del panteón de héroes y heroinas de las luchas contra la esclavitud, por la abolición (1888) y hoy en día por los derechos fundamentales de los afrobrasileños.
¿ Y hoy ?
Según el censo de 2022 la población quilombola actual llegaba a 1.330.186 personas, un número que sigue creciendo y con un asentamiento sobre todo en el noreste.
La Constitución brasileña promulgada el 5 de octubre de 1988 incluye la « la verificación de la propiedad de la tierra por parte de los pueblos indígenas con fines de demarcación y titulación de tierras » [3] y el criterio de « marco temporal » (2018 y 2021) respecto a las tierras indígenas no les da aún derechos territoriales a los quilombolas que por lo tanto siguen luchando y reivindicando.
Los quilombos del siglo XXI darán lugar a otro artículo.
[1]https://litci.org/es/quilombo-los-palmares-la-resistencia-negra-1597-1695
[2]Nueva Holanda, durante la primera mitad del siglo XVII en el marco de un auténtico conflicto económico entre la Provincias Unidas de los Países Bajos y los reinos ibéricos, relacionado por una parte con el tráfico de esclavos
[3]da Silva, L. A. L. ., & Souza Filho, C. F. M. de . (2021). Marco temporal como amenaza a los derechos territoriales indígenas y quilombolas en Brasil. Homa Publica – Revista Internacional De Derechos Humanos Y Empresas, 5(2), e:094. Recuperado a partir de https://periodicos.ufjf.br/index.php/HOMA/article/view/36504

Isabelle Moreau-Chesneau
Professeure d'espagnol - Maîtrise LLCER en espagnol (Lyon 2) et Master "Langues et sociétés - Parcours : Les Amériques" (Rennes 2)
Traducido del francés por Isabelle Moreau-Chesneau