La historia común entre Francia y Colombia se inicia con las relaciones comerciales, con la llegada en 1824, del primer cónsul comercial Benoît Chassériau A CARTAGENA enviado por el rey Luis XVIII. marcó el inicio de una era. Por un lado, la joven república de la Gran Colombia, con una superficie inmensa y un potencial económico increíblemente atractivo. Por otro lado, el país galo, de tradición monárquica, estaba experimentando un cambio de orden social que pasaba del modelo monárquico, republicano e imperial.
Francia y Colombia, en ese inicio del siglo XIX, van a estar inmersas en cambios políticos. El sistema francés va a influir en Colombia, que adopta gran parte del código civil y se inspira en el modelo de senado francés. La lengua francesa fue la primera lengua extranjera enseñada en la educación colombiana hasta finales de los años 80, después el inglés se volvió una necesidad y se impuso en los programas escolares. Los sistemas educativos, militares, policiales, universitarios y de salud se inspiran en los de Francia, casi siempre vanguardista en estas áreas.
En 1917 se creó una cámara de comercio entre los dos países y más de 250 empresas francesas convirtieron a Francia en el principal empleador extranjero en Colombia. Para Francia, Colombia es la cuarta economía de Suramérica con la que más tiene intercambio comercial. El país cuenta con 12 alianzas francesas y 5 liceos franceses.
Buscando en los registros históricos se halla que en el año 1543 el pirata francés llamado Robert Boal ataca y saquea Cartagena. La imagen de corsarios y piratas hacía parte del imaginario del entonces virreinato de la Nueva Granada sobre Francia. Tras la Revolución Francesa de 1789, la imagen de Francia cambió radicalmente, y las ideas de la revolución se volvieron atractivas y tenían eco en las antiguas colonias americanas. La revolución mostró un cambio en la jerarquía social y dio esperanza a muchas ciudades de la América colonial que pedían más autonomía y representantes del rey más honestos y además poder acceder a cargos públicos, la condición de mestizo o de nacimiento en el nuevo mundo les impedía acceder a cargos importantes. La revolución francesa ilumina un camino de esperanza que lleva los gritos de independencia.
El encerramiento de la América española al comercio mundial y la concentración del monopolio y la riqueza de las colonias españolas atraían la envidia de otros países europeos. Mediante la piratería, ingleses, holandeses y franceses saquearon los puertos y atacaron los barcos en alta mar. El 2 de mayo de 1697, las tropas de Luis XIV saquearon Cartagena. Meses después, se abandonó la idea de establecer una colonia en el actual Darién, con el fin de proteger Luisiana y fortalecer el poder de Francia en América del Norte. Las fronteras entre los territorios de ultramar como Guadalupe, Martinica y Guyana son cercanas a Colombia desde un punto de vista geográfico, pero la proximidad de las relaciones es con Francia metropolitana. Francia siempre ha sido una fuente de inspiración para Colombia, como la gastronomía, el arte, la cultura e incluso el idioma.
La traducción de Nariño de los Derechos del Hombre y del ciudadano hizo de Francia una nación de inspiración y libertad para los revolucionarios colombianos. El gorro frigio formó parte del emblema nacional colombiano, y Marianne también se utilizó como imagen de unidad para representar al primer banco de la república colombiana en 1923. Francia, deseosa de contrarrestar las ambiciones del Reino Unido frente a las jóvenes repúblicas que se endeudaban con los bancos ingleses para financiar sus batallas y guerras de independencia, quería tener una posición privilegiada. España, por su parte, estaba debilitada por la pérdida en poco tiempo de más de la mitad de su imperio en América. Las ambiciones de Estados Unidos, ya interesado comercialmente en la idea de un paso entre los dos mares por medio de Panamá, presionan a las autoridades colombianas para obtener importantes concesiones en el istmo de Panamá.
Las décadas siguientes traerán grandes cambios en ambos países. En Francia, se produjeron dos guerras civiles en 1830 y 1848. La instauración de la segunda república siguió un segundo imperio y luego una tercera república, una cuarta y actualmente una quinta. En Colombia, la república fue amputada de más de la mitad de su territorio, con la secesión de Venezuela y Ecuador en 1830. La Gran Colombia se convirtió en la República de Nueva Granada, luego en la Confederación Granadina, después en los Estados Unidos de Colombia, antes de adoptar su nombre actual, República de Colombia.
Las relaciones comerciales entre ambos países condujeron a la adjudicación a Francia del contrato del canal de Panamá. El viaje de Humboldt y Bonpland a Colombia no fue en vano: sus estudios sobre la viabilidad de tal proyecto convencieron incluso a los más escépticos. En 1839, las autoridades colombianas autorizaron a Francia a realizar estudios sobre el diseño y la construcción de un canal oceánico que uniera por fin el Pacífico con el Atlántico, un proyecto que se remontaba al siglo XVI. El tiempo ahorrado en la travesía fue milagroso, una vez se inauguró el canal en 1914. El comercio mundial estaba a punto de acelerarse y progresar como nunca antes en la historia de la humanidad. La complejidad del territorio dificulta las obras y provoca retrasos, además de los numerosos escándalos que acabaron con la ambición francesa de excavar y administrar el canal. El prestigio del trabajo de Ferdinand de Lesseps en el canal de Suez aseguraría el éxito de este colosal proyecto. Una empresa estadounidense se hizo con el control del proyecto tras su hundimiento en bolsa y el escándalo que afectó a toda la esfera política y económica de la época. El proyecto de Ferdinand de Lesseps se vino abajo. Panamá, urgida por Estados Unidos, exigió la independencia de Colombia, en un contexto de guerra civil, una de las más mortíferas del país: la guerra de los 1.000 días, más de 100.000 muertos en un país que contaba con solamente 4.000.000 millones de habitantes.
En el siglo XX, las relaciones entre ambos países se hicieron aún más turbulentas: las dos guerras mundiales y el estallido de la guerra civil en Colombia distanciaron a los dos países. Colombia favoreció las relaciones con Estados Unidos, su principal socio comercial, relación vigente hasta hoy en día, en vez de Francia y el Reino Unido en plena reconstrucción después de la guerra.
En 1964, Charles de Gaulle visitó Colombia. Treinta y siete años después, el Presidente Andrés Pastrana visitó Francia. En el 2017, el Año Francia-Colombia unió a los dos países en un ambicioso intercambio cultural, con más de 700 eventos que tuvieron lugar en ambos países. Los estudiantes colombianos eligen Francia como país de estudios. Francia sigue ejerciendo un poder simbólico en la mente de los colombianos. Las relaciones diplomáticas entre Francia y Colombia comenzaron oficialmente el 30 de mayo de 1892 con la firma de una convención «relativa al establecimiento de las nacionalidades, el comercio y la navegación» entre las dos naciones.
Francia es una especie de hermana mayor y tiene una imagen romántica pero realista del contexto colombiano. Así, Colombia es el segundo exportador de café que surte el mercado francés. El turismo galo a Colombia crece, pero con cautela. Cada vez más franceses vienen a descubrir el país, que fascina a los franceses por su naturaleza y su singularidad. La atractividad de los programas universitarios franceses y la calidad de vida y del sistema social franceses atraen a miles de colombianos a Francia que se han identificado más con los valores de Francia que con los de Estados Unidos, país en el que residen la mayoría de los colombianos en el extranjero.
En la actualidad, Francia invierte grandes cantidades de dinero en Colombia. La comunidad colombiana en Francia asciende a más de 100.000 personas y varias generaciones de colombianos ya han nacido en Francia. Este fenómeno de doble cultura está cada vez más presente en la vida asociativa y civil de los dos países. La historia se sigue escribiendo, la comunidad colombiana en Francia es cada vez más importante y la economía colombiana sigue atrayendo inversión francesa. Un tratado de fiscalidad entra en vigor en 2023 para evitar tributar en los dos países.
No es por nada que al departamento de Antioquia se le llama el nuevo dorado francés. La inversión francesa ya sea la zona hotelera y turística en la comuna 13, muchas empresas se han creado con capital de jóvenes franceses en busca de una vida tranquila, un clima agradable, gozando de los beneficios de una gran ciudad pero con calidad de vida y con la apertura al Océano Paciiifico que también abre puertas a una nueva forma de turismo, como el avistamiento de ballenas; y viajes en lancha por el pacífico. Dentro de las ciudades que los franceses prefieren visitar incluso radicarse se encuentra Medellín.

Juan Duputel
psicólogo, miembro de UMSTANDA FRANCE ASSOCIATION FRANCO-COLOMBIENNE POUR L'ENVIRONNEMENT.
Tengo información directa de San Agustín y me siento muy comprometida con este tema, puede escribirme y compartiremos nuestra inquietud y trabajo