Escrito por Juliette Cumin

¿Es el cine el reflejo de nuestra sociedad, o al contrario su impulsor? ¿Quién influye en quién? Un poco de ambos. El cine de animación en particular cumple con esta ambivalencia dado su público objetivo: los niños. Los niños se impregnan de lo que ven, escuchan, y más tarde basan sus creencias y opiniones en este conocimiento. Por lo tanto, las películas de animación en la era digital desempeñan un papel en la construcción y la apertura del espíritu de un niño.

Repensar América Latina mediante el cine de animación

 El cine latinoamericano es bastante reciente y desconocido. Así, no refleja realmente la visión que tiene el mundo de ese continente. Aquella es mucho más novelada, hollywoodiense. Otra vez, los dibujos animados como los de Disney y Pixar ofrecen una ventaja: su universalidad. Todos los conocen, por todas partes.

¿Qué mejor manera de dar cuenta de la imagen que proyecta América Latina que con películas internacionales y de gran alcance?

El peso de las culturas precolombinas  

Repensar América Latina mediante el cine de animación

 Los franceses, si tuvieran que citar sin pensarlo demasiado un elemento de la cultura latinoamericana, probablemente pensarían en los aztecas o el Machu Picchu. Por cierto, todos hemos soñado delante de Las misteriosas ciudades de oro, o El camino hacia el Dorado. Esas películas están centradas en una fantasía europea que data de la descubierta del Nuevo Mundo por los colonos: la búsqueda de oro.

Por un lado, esta aproximación a América Latina a través de la historia de su colonización difunde estereotipos sobre los pueblos, sus costumbres y su relación con los colonos.

Por otro lado, el papel preponderante de las civilizaciones precolombinas en el imaginario colectivo tiene sus ventajas. En efecto, fascinan y maravillan a los niños, aún más allá de la búsqueda del oro. La película de animación Las locuras del emperador ofrece justamente una visión del imperio Inca anterior a la llegada de Cristóbal Colón a América. El realismo histórico no es de ningún modo el objetivo de la caricatura, solo busca estimular la imaginación de su audiencia. Con sus decorados extravagantes y surrealistas, parece como sacado de un sueño. Otro interés a la ubicuidad de la era precolombina es su rol de unificadora de todo un continente. Incas, mayas, aztecas: forman una herencia común que une a los países de América latina.

El cine de animación ayuda a construir esa identidad propia al continente.

Un vacío para colmar en la cultura y la historia de los países latinoamericanos

Entonces ahí es donde nos paramos: civilizaciones precolombinas, luego colonización por los conquistadores, luego… ¿Hoy? ¿Qué ocurre con ese intermedio? A semejanza de Egipto, la percepción de América latina se reduce a su Antigüedad. El resto de su historia es nebulosa, poco conocida. Y sin embargo, el continente sudamericano sí tiene una historia y una cultura actual.

Producir películas sobre América latina que se desarrollen en un pasado más cercano, es reconocer que el continente tiene una historia. La industria cinematográfica de los países latinoamericanos hace de hecho especial hincapié sobre los problemas sociopolíticos de las últimas décadas. Se producen muchas películas históricas sobre cada país. ¿Pero cambia eso la percepción exterior -internacional- de América latina? Aquí es donde el cine de animación toma el relevo. Disney particularmente, se da por misión de hacer descubrir una parte del mundo en cada una de sus películas. Así pues, los dibujos animados tienen el poder de llenar ese vacío percibido en la cultura latinoamericana.

Repensar América Latina mediante el cine de animación

La película Coco es un ejemplo perfecto de esta revolución cultural naciente. En primer lugar, la historia transcurre en México. A diferencia de las películas citadas previamente, el contexto cultural es propio de un solo país. Esto refleja bien el estado actual de la cultura en América latina: cada país tiene su propia cultura, rica y compleja. Luego, esta caricatura va más allá de los clichés. No elige el camino fácil limitándose a un ambiente colorado y a decoraciones típicas mexicanas. Profundiza abordando un tema central de la cultura mexicana: la muerte. Esta película nos demuestra que nos queda mucho por aprender de la sociedad mexicana y de su visión única del luto, lo que le da más importancia al México actual.

 Para terminar, no se puede negar que el continente conserva un tipo de unidad que no perdió desde la época precolombina, único en comparación con otros continentes.

Claro, la lengua – el español para la casi totalidad de los países – es un pilar de ese sentimiento de pertenencia, y deriva justamente de la colonización del “Nuevo Mundo”.

Pero el cine de animación, en su afán de asombro, parece señalar una segunda herencia común a las naciones latinoamericanas: la Amazonía. En efecto, esta selva se extiende sobre nueve países de América latina. Las películas animadas Up y Río hacen viajar al espectador en la selva amazónica, mágica y misteriosa. En la primera película, es el viejo Carl Fredricksen y el pequeño Russel que parten en busca de un lugar inspirado de la Gran Sabana de Venezuela; en la segunda, el loro Blu está sumergido en el corazón de la selva brasileña. Este nuevo interés en la Amazonía por parte del cine de animación podría tener consecuencias inesperadas para América latina, despertando vocaciones entre los más jóvenes de proteger ese patrimonio natural.

El cine de animación puede reformar América latina, si América latina reforma el cine de animación.

¿Cómo será el próximo Disney, Pixar o Dreamworks que nos sumergirá en este universo?

Juliette CUMIN

Juliette CUMIN

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