Resiliencia, creatividad y multipotencialidad
En Argentina solemos decir, con una mezcla de picardía y orgullo, cuando lo que hace falta brilla por su ausencia: «lo atamos con alambre». La frase, nacida de la necesidad, se convirtió en símbolo de ingenio. Aunque parezca no haber una herramienta adecuada… igualmente lo resolvemos. Es una actitud ampliamente cultivada de la que incluso nos jactamos: esa creatividad que emerge frente a la carencia y la adversidad.
Del mismo modo, ante las crisis económicas, los cambios políticos, las migraciones y las transformaciones sociales emerge un talento adaptativo. Si bien el sistema educativo y la demanda laboral pueden exigir una línea recta en nuestra formación profesional, de alguna manera, el latino traza su propio camino para conseguir sus metas.
Resiliencia como entrenamiento invisible
En otros países más desarrollados o con contextos más estables, la especialización temprana es un indicador de futuro exitoso casi garantizado. Pero en nuestra región hemos aprendido a hacer un poco de todo. Es el famoso «multitasking», elevado a un plano más integral.
A diario podemos ver cómo los adolescentes recién egresados optan por una segunda carrera para incrementar sus ingresos; emprendedores que se animan a descubrir nuevas habilidades porque su profesión ya no era redituable; personas que al migrar deben reconstruir su identidad profesional en un lugar desconocido.
El valor de la resiliencia entra en juego. No actúa solo como resistencia, sino como un proceso de aprendizaje que activa competencias concretas para avanzar. En ese impulso de mejorar su situación se activan capacidades que hasta el momento permanecían ocultas: comunicación efectiva, liderazgo, negociación, resolución de conflictos, digitalización, etc., expandiendo sus posibilidades.
Creatividad nacida del límite
Muchas veces en los contextos restrictivos, paradójicamente, surge la creatividad. Cuando los recursos escasean, la imaginación se expande y el ingenio se vuelve nuestra principal moneda de cambio.
Lo que podemos ver como improvisación es, en realidad, el pensamiento creativo vinculado a un sentimiento de automotivación con el afán de encontrar soluciones donde aparentemente no las hay. El problema se transforma entonces en un reto personal.
En el ámbito educativo y profesional, esta característica cultural puede convertirse en una fortaleza diferencial. Las nuevas generaciones latinoamericanas crecen aprendiendo a moverse en escenarios que exigen alta tolerancia a la incertidumbre. Levantarnos a la mañana sin saber cuánto saldrá un litro de leche hoy, si tendremos transporte o habrá paro sorpresivo, si habrá un corte de luz, si lloverá o no a pesar del pronóstico.
Sin darnos cuenta, hemos desarrollado una gimnasia emocional y cognitiva envidiable. Nos acostumbramos a pensar un plan A, un plan B, etc. Y todo ello es un capital que todavía no siempre reconocemos como tal.
Multipotencialidad latinoamericana
En los últimos años la multipotencialidad está recibiendo la atención que merece, en oposición a la especialización. Anteriormente el foco se encontraba en obtener la mejor formación dentro de un único campo, desvalorizando a quienes intentaban progresar en varias disciplinas.
Actualmente, ya no se etiqueta como ‘dispersas’ a las personas con intereses diversos; por el contrario, se empieza a valorar su capacidad de síntesis, aunque a veces el desafío siga siendo ordenar sus prioridades. Sin embargo, en América Latina, esta característica no siempre surge del lujo de elegir, sino de la necesidad de sobrevivir.
Por ello, eso que comenzamos a utilizar como una respuesta frente a un entorno hostil para nuestras ambiciones profesionales, termina convirtiéndose en una ventaja realmente estratégica. Esa capacidad de integrar saberes tan disímiles conectando disciplinas y encontrando soluciones no convencionales es hoy una aptitud apreciada en el mercado laboral.
La clave se encuentra en ordenar esas potencialidades, darles prioridad y conectarlas en un proyecto con sentido personal. De esa manera pasamos de la dispersión a una identidad profesional flexible.
Del ingenio reactivo al talento con identidad
Adaptarse ha sido una fortaleza histórica en América Latina. El desafío actual no es seguir reaccionando, sino comenzar a elegir con intención. Porque toda resiliencia y adaptación sostenida en el tiempo genera un desgaste ya sea mental, emocional o físico.
Tal vez el paso pendiente sea pasar de «atar con alambre» a diseñar con intención aquello que ya sabemos construir con intuición. Para evitar el desgaste, la clave está en elegir con claridad y orientar la multipotencialidad hacia un propósito con sentido. Cuando esas habilidades que parecían dispersas se integran con conciencia, se transforman en una identidad coherente. Entonces, la resiliencia deja de ser solo resistencia y se convierte en talento elegido.
