“Al no poder fortalecer la justicia se ha justificado la fuerza.” – Pascal, Pensées

 2026. Vivimos en un mundo de expertos. De esos que salen del bosque con cada crisis, para florecer en los medios. Pronosticando que entre el 10 y el 20% de los iraníes que protestan están a favor del retorno de la monarquía, que alrededor de 20 o 25% de los venezolanos apoyan a Nicolás Maduro... ¿Cómo saberlo? No hay nada menos seguro.

La ceguera de un imperio

Mi bola de cristal no es de una precisión tan dramática, pero dice que lo que sí es seguro, es que estamos presenciando los espasmos de un mundo que se desmorona.

Con el golpe a Venezuela, el imperio cegado por su arrogancia corta la rama en la que se asentaba. Destruyendo la legalidad y el orden internacional que ellos mismos instauraron hace tres cuartos de siglo, los norteamericanos están tumbando la última barrera que aún podría protegerlos en un futuro no tan lejano.

La pérdida de su hegemonía es apenas una cuestión de tiempo (¿cuánto? pregúnteselo a un experto). Con pisotear el sistema de instituciones y el marco de la diplomacia internacional, no tendrán donde acudir a la hora que el balance de poder les resulte desfavorable.

El despliegue de fuerza indiscriminada y arbitraria en el Caribe (¿no hay experto que haya sumado los muertos?) es un taparrabos para una creciente debilidad. Porque se trata en realidad de un repliegue estratégico que encaja en una serie de jugadas a corto plazo, que abre la puerta a una lógica de bloques: tres imperios regionales con EEUU reinando en las Américas, Rusia al este de Europa, y China en el sureste asiático.

Y de ahí el gran cambalache, Ucrania por Venezuela, Venezuela por Taiwán, y puede que pronto Taiwán por Groenlandia o Colombia, etc. Aunque se sorprendan los expertos, no es una verdadera sorpresa, ya que las directrices de la política estadounidense a largo plazo están claramente trazadas en la estrategia de seguridad nacional, publicada en noviembre de 2025 (National Security Strategy, en la web de la Casa Blanca).

Ante las imágenes de un presidente secuestrado (déspota y polémico, de acuerdo, pero ése no es el punto aquí), pocas naciones parecen capaces de alzar la voz para denunciar este nuevo desprecio a las reglas del juego.
Con dos años de genocidio en tecnicolor en un silencio sepulcral, la ley y el derecho ya estaban moribundos.

Al arrancar 2026, me temo que estemos asistiendo al tiro de gracia. Si no hay reacción alguna desde ya, será muy difícil volver a armar los pedazos de un mundo en el que la moral ha sido derrotada. “In my (not-so-expert) humble opinion”.

La ceguera de un imperio
Elias S. Demang

Elias S. Demang

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