- La adhesión tuvo un coste importante en materia social y el balance es agridulce
- La situación exige esperar el medio siglo con cambios para toda la tribu europea
Como era de esperar para los reyes del marketing, la Comisión Europea aprovechó estas fechas significativas para jactarse de los beneficios del ingreso de Portugal y España en la UE:
Han recurrido a cifras reales, pero sin tener en cuenta que ha habido también damnificados en los sectores industrial, comercial y pesquero. Más de 200 000 españoles y más de 55.000 portugueses han estudiado en universidades de toda la UE gracias a Erasmus+ entre 2021 y 2024. Más de 500 000 agricultores españoles y 200.000 portugueses reciben cada año un apoyo vital a través de la política agrícola de la UE, pero muchos más perdieron su medio de vida dejando el campo vacío y sin futuro; y ha habido más del 100 % de aumento del PIB real de España y el 131% del PIB portugués desde su adhesión a la UE, y los sueldos bajaron, el paro se disparó y el empleo precario y poco cualificado creció al por mayor. Sin olvidar la vivienda, artículo de lujo.
No cabe duda de que también las regiones se beneficiaron de fuertes inversiones en infraestructuras locales y se duplicaron las exportaciones. Miles de millones de euros en fondos de cohesión se repartieron desde 1986.
En los últimos cuarenta años, millones de hogares han obtenido acceso a banda ancha gracias a los fondos regionales de la UE y miles de investigadores de la Península Ibérica llevan a cabo proyectos con beneficios directos para los ciudadanos de toda Europa.
La entrada de España y Portugal en la Unión Europea (entonces llamada Comunidad Económica Europea) el 1 de enero de 1986 fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de ambos países: Portugal había puesto fin a su dictadura mediante la Revolución de los Claveles (1974), mientras que España estaba en el apogeo de su transición tras la muerte de Franco (1975).
Entre los elementos a rescatar estuvo el papel de puente entre Europa y América Latina y entre Europa y África, el primero encabezado por España y el segundo por Portugal.
Al ser los países que están más relacionados con América Latina, por su historia, su economía y su lengua, acercaron sin duda a las instituciones europeas su preponderancia en las relaciones con Latinoamérica, a través de la lengua y de los intercambios comerciales.
La adhesión, acontecimiento decisivo de la historia contemporánea
Dicen los analistas que la adhesión de España y Portugal favoreció la liberalización comercial, la modernización industrial y la llegada de inversiones extranjeras. Los fondos estructurales europeos permitieron una profunda transformación de infraestructuras, agricultura y desarrollo regional, reduciendo progresivamente las diferencias económicas respecto a los países más avanzados de Europa occidental.
En el ámbito social y cultural, la integración europea facilitó la libre circulación de personas, el acceso a programas educativos comunes y la adopción de estándares europeos en derechos sociales, laborales y medioambientales.
Los vaivenes económicos de la integración
Hay que reconocer que este paso ha supuesto un cambio profundo en economía, política, sociedad y proyección internacional pero también ha sometido a ambos países, que al igual que Francia tienen regiones ultraperiféricas, alejadas, fragmentadas y más pobres, a vaivenes económicos difícilmente previsibles al principio, cuando todo parecía un cuento de hadas y la alegría de dos países que salían de sendas dictaduras y se abrían a la libertad lo justificaba todo.
Un tema preocupante es que al ingreso de España y Portugal a la UE le siguieron retrocesos claros en las leyes sociales que los europeos venían disfrutando desde hacía décadas: la UE, que decía y dice no intervenir en la mayoría de los asuntos sociales permitió que se rebajaran los derechos de los ciudadanos de forma alarmante. Prueba de ello han sido los ajustes a los que sometieron a los ciudadanos de toda Europa en la crisis de 2008.
El euro, motor y desequilibrio
Entre los acuerdos de mayor importancia que siguieron a la inclusión, hay que recordar al euro, que ha sido un motor de integración y estabilidad para la Unión Europea, pero ha generado desequilibrios económicos que pagaron las clases más desfavorecidas desde el comienzo.
Según los estudios económicos el euro mostró que compartir moneda sin una unión fiscal completa aumenta las tensiones entre los países.
La vivienda, a precios desorbitados
En cuanto a los problemas sociales actuales, hay que tener en cuenta que la vivienda en España ha pasado de ser un bien relativamente accesible en los años ochenta a convertirse en uno de los principales problemas económicos y sociales actuales, reflejando el encarecimiento del suelo y la pérdida de poder adquisitivo relativo de los salarios.
España y Portugal son hoy más ricos que en 1985, desde el ángulo estadístico (PIB) pero el acceso a la vivienda, por ejemplo, se ha vuelto relativamente más difícil, especialmente para los jóvenes.
Según los datos recogidos, en 1985, un español necesitaba aproximadamente entre 3 y 4 años de salario medio para comprar una vivienda media. Los precios de la vivienda eran relativamente bajos en relación con los ingresos, y el acceso a la propiedad resultaba más asequible para las familias.
En la actualidad, la situación ha cambiado notablemente: se necesitan entre 7 y 9 años de salario medio para adquirir una vivienda similar, dependiendo de la ciudad. El fuerte aumento del precio inmobiliario desde finales de los años 90, especialmente tras la entrada en el euro y el auge del crédito hipotecario, ha hecho que la vivienda sea mucho menos accesible.
A pesar de que la integración europea trajo modernización (infraestructuras, crecimiento económico y turismo), también abrió las puertas del mercado inmobiliario a inversión extranjera y presión turística. Esto provocó que, en ambos países, desde los años 2000 y sobre todo tras 2015, la vivienda dejara de ser un bien accesible para gran parte de la población local.
Desde la entrada en la UE, por ejemplo, los precios de la vivienda en Portugal se han multiplicado más de 10 veces en términos nominales y los salarios subieron mucho menos.
Los claroscuros de la integración
No obstante, el proceso también generó dificultades, como la reconversión industrial, el cierre de sectores poco competitivos y una creciente dependencia de determinadas actividades económicas
Sin embargo, y a pesar de que durante las dos últimas décadas del siglo XX ambas naciones vivieron uno de los mayores periodos de crecimiento económico de su historia y de que los fondos europeos supusieron un importante desarrollo regional, hoy se viven consecuencias no deseadas de aquella necesaria incorporación, como los pueblos sin habitantes por el deterioro de la agricultura, y la extrema especulación y dependencia de un turismo masivo que no favorece a nadie.
Aun así, el recuento histórico tiene un saldo positivo: hoy los dos países tienen voz y voto en igualdad de condiciones y se dejan oír (sus diferencias también) incluso en circunstancias de extrema gravedad como la guerra iniciada por EE. UU. e Israel en Irán y Líbano en su afán de dominio mundial que al parecer nadie les autorizó, ni demandó, ni conoció de antemano.
La revisión de los 40 años no debe quedar en estos datos. Hay que ahondar en la integración, y profundizar en los cambios que se necesitan para que el ingreso no cumpla el medio siglo con una población más decepcionada y empobrecida aún. Si las guerras nos dejan.

Patricia Almirón Cairoli
Periodista