© Frédéric Vigneau

El Brouillarta[1] azotó la tarima ese domingo 10 de septiembre del 2005 interrumpiendo el concierto del Rey de las Manos Duras Raymundo Barretto Pagán,   más conocido como Ray Barretto, quien en la plenitud de sus 76 primaveras, ignoraba que ese sería su último viaje a Europa y el final de su paseo por el planeta; el Gran Ray, oriundo del Brooklyn abandonaría para siempre sus congas el 17 de febrero del 2006 en New Jersey.

Músicos, periodistas y parte del equipo del festival Toros y Salsa que lideraba en ese entonces François Charpentier (pionero de la salsa en Europa, quien también nos dejó la noche del 7 de noviembre del 2023) nos refugiamos en el lujoso hall del hotel Splendid emblema del Art-déco, construido por André Granet en 1928. Monumento histórico que acoge artistas, toreros y personalidades en sus 149 cuartos y sus 3 suites.

Las inclemencias del tiempo iban a ofrecerme la claridad que ocultaba la tormenta típica de aquella región denominada les Landes[2], encrucijada del País Vasco y la Gascuña, la Nueva Aquitania en el suroeste de la república francesa.

Fueron esas cosas que nos depara el destino u otra reyerta entre Cronos y Kairos lo que hizo que algunos periodistas, músicos y curiosos nos encontráramos alrededor del monumental conguero nuyorican, entre ellos Frankie Vásquez el Sonero del Barrio.

Truenos, güiros, pitos, maracas y tambores repicaban aquella tarde ennegrecida por el entrometido temporal y en el firmamento un concierto de luces y bramidos celestiales reemplaza momentáneamente el tumbao y la divina polirritmia. Invocamos a nuestros dioses favoritos en los panteones del Goce para que Changó aplacara el temporal y se reanudara el rumbón, única razón por la que nos encontrábamos reunidos en Dax miles de afiebrados salseros y deschavetados melómanos sin remedio. [3]

Café, chocolate, cerveza, ron y otros brebajes acompañaban la tregua musical del Cartel de la Salsa que minuciosamente había preparado Don Pancho, que en paz descansa.

Conversando con Ray «Recordando a François Charpentier»

© Frédéric Vigneau

Tuve la suerte de sentarme frente a Ray Barretto que bebía serenamente un agua mineral. Hasta que llegó el momento preciso, ese instante que surge cuando alineadas ciertas estrellas y posicionados los astros se facilitan las cosas, o mejor dicho, para no decir tonterías, cuando vencí mi timidez y mi inseguridad y armado de arrojo, le pedí a Raimundo Barreto Pagán que me contara sobre sus inicios en la música, allá en la Gran Manzana que lo vio nacer, antes de convertirse en Ray Barretto, El Manos Duras.

Con la parsimonia de un oso y una paciencia más digna del carisma de un monje tibetano que del desparpajo de un percusionista de música afroamericana, despojado de todo rasgo que lo asimilara a sus remoquetes: Manos duras, el Watussi, el Indestructible; el tamborero mayor del Barrio, de la Fania, de la Charanga, la Salsa y el Jazz latino, Ray empezó a contarme su historia iluminado por los relámpagos que traspasaban las cortinas del antiguo castillo fortificado de la edad media[4].  Esa tarde del 11 de septiembre del 2005 tuve la gran revelación en mi vida de salsero y de melómano.

Desde principios del siglo XX se había ido acrecentando el flujo migratorio de puertorriqueños hacia los Estados Unidos, y empezó a formarse el Spanish Harlem en Nueva York. EL BARRIO. La música fue la manifestación más importante de la cultura puertorriqueña dentro del desarraigo que implica el exilio. Ray Barretto, surgió de esa generación de hijos de inmigrantes boricuas. Hijo de Ramón Barreto y Dolores Pagán, originarios de Aguadilla, donde nació el compositor de «El Cumbanchero» y «Lamento Borincano», Don Rafael Hernández.

Conversando con Ray «Recordando a François Charpentier»

© Frédéric Vigneau

«Cuando era un niño, en mi casa escuchaba los programas que mi abuela sintonizaba en la radio, música puertorriqueña, boleros de Daniel Santos y Bobby Capó, bombas, plenas y también música cubana, colombiana, venezolana, además de las bandas gigantes de jazz de Tommy Dorsey, Glenn Miller, Harry James, mezcladas con Machito y sus afrocubanos, Tito Puente y Tito Rodríguez que hacían de las suyas con el Mambo el en Palladium[5].»

La música fue mi salvación espiritual, me dijo mirándome a los ojos mientras hacía una pausa, como rebuscando en la memoria aquellos momentos fundamentales de su vida. La tormenta arreciaba y los truenos repercuten en la bóveda del antiguo salón, donde alelado escuchaba al Gigante narrando sus remembranzas. «Durante mi servicio militar en Alemania encontré una estación de radio que tocaba jazz y la escuchaba cada que podía. Un día pusieron «Manteca» el tema de Chano Pozo y Dizzy Gillespie[6] y sentí algo muy profundo. Me volví loco con ese disco e hice todo para conseguirlo, y lo logré. Lo escuchaba sin parar hasta que la música me entró por las venas y se quedó dentro de mí.» Respiró profundo, bebió su último trago de agua mineral y sonrió con su rostro de hombre ducho, bonachón, satisfecho, colmado de vivencias y de música, mucha música, sonoridades diversas rellenaban ese cuerpo de gigante, ese Watussi[7] criollo de Siete pies y Ciento sesenta y nueve libras.

«Como te decía en mi casa, mi madre y mi abuela escuchaban música latina y cantaban siempre en español con mucho sentimiento y nostalgia. Y cuando yo salía en Nueva York y entraba a los clubes me encontraba con Charlie Parker, Dizzy Gillespie, con José Madera, Mongo Santamaria, Eddie Palmieri y su hermano Charlie, un músico maravilloso, y otros que andaban por ahí. Así nos fuimos conociendo, compartiendo, mezclando. Nueva York se llenó de músicos que venían de muchas partes, y claro estábamos los que habíamos nacido allí, los Nuyoricans. Después llegó un hombre muy importante para la música nuestra, ese señor se llamaba Arsenio Rodríguez, era cubano y ciego, pero era un Caballo como dicen los cubanos, un monstruo; el vino a curarse de su ceguera y no lo consiguió pero sí consiguió darle vida a una Criatura que llamarían tiempo después Salsa. Si, fue él quien sentó las bases de la Salsa con su son Montuno y sus innovaciones. Además de los aportes musicales que brindaba la gran ciudad. Que Grande Arsenio. Grande, Grande. El Padre de la Salsa. Después nació la Fania… Los años 70… La locura, el apogeo… Oye chico ¿qué tal si nos tomamos una cerveza? tengo sed.»

Pedimos un par de cervezas y Barretto se refresca el gaznate. Estaba iluminado, con todo su pasado en la mente. ¡Qué suerte la mía! Se le había prendido esa video que tenemos en la mollera, por allá arrinconadita en el subconsciente. Y siguió contándome cosas. Era ya un monólogo, una confesión, un testimonio de su vida y de la Nueva York de esa época. La entrevista ideal: Una sola pregunta y ¡Zaz! El hombre soltó lo que tenía en el corazón y en su banda sonora.

Conversando con Ray «Recordando a François Charpentier»

© Frédéric Vigneau

«Pero antes de Arsenio y de la Fania estuvo muy de moda la Pachanga que trajo a Nueva York Fajardo y sus Estrellas, eso fue después del Cha cha chá que no pegó mucho. Estaba de moda el formato de Charanga con flauta y violín que habían traído los cubanos. Siempre los cubanos. Pero la pachanga tampoco resistió a tanta experiencia y creatividad que corría por la Avenida. Nuevas sonoridades nacían y esa melaza se fue formando con gentes venidas de diferentes lugares, donde había un denominador común que siempre estaba presente: Los Ancestros Africanos. Sin olvidar las otras influencias, Francia que había desembarcado con la Contradanza en Haití, España y la herencia arabo andaluza y por supuesto los sones del Caribe, la bomba, la plena, la cumbia, el tambor venezolano, el cajón peruano, lo mestizo, indio, negro y español. Todo eso también fue importante para lo que somos y lo que hacemos ahora.»

Sorbos de cerveza, notas de piano, voces disgregadas, gotas de lluvia y resuellos de placer que mi alma emitía ante tanta dicha y evocación.

«Así fue que surgió la charanga nuyorican con Charlie Palmieri, Pacheco en sus inicios como flautista, Joe Quijano y su Conjunto Cachana, Mongo Santamaria y la Sabrosa, Eddie Palmieri que había comenzado con Tito Rodríguez creó la Perfecta, entonces yo formé La Moderna. Era el final de las bandas gigantes que empezaron a ser reemplazadas por agrupaciones más pequeñas que mezclaban flauta, violín, trompeta y trombón, y el son montuno de Arsenio influenció a todas esas bandas. También era el final de las grandes salas de baile como el Palladium Ballroom que albergaba miles de personas, otra época comenzaba, la industria del disco irrumpía, la Pachanga agonizaba y las Descargas se popularizaron, surgían clubes más pequeños, los nightclubs más intimistas donde cabían los septetos y los grupos de formato reducido, y se bailaba mas apretadito que en los shows de Mambo del Palladium.»

Mirando los ventanales, meneando la cabeza y afirmando con su enorme sonrisa, como si el temporal le trajera sus viejos recuerdos de Nueva York continuó narrando:

«Después, por ahí en 1960 –otro sorbo de cerveza- Charlie Palmieri empezó a combinar, a fusionar como dicen ahora, incluyendo trombones y trompetas alejándose del formato charanguero de violines y flauta. También él dirigía las Descargas de la Alegre All Stars, pura improvisación chico, era genial. Y después con su hermano Eddie hicieron cosas maravillosas. Él incluyó a Cheo Feliciano en la All Stars, todo eso fue mucho antes de la Fania. Charlie también tocó con Johnny Pacheco. Era el final del Mambo y el inicio de otra movida. Ya en esa época se empezó a oír el término Salsa en las canciones, Joe Cuba con Jimmy Sabater metieron Salsa y Bembe en el LP Stepping Out, que cantaba Cheo.

¡Ay chico! se me olvidaba otro grande, pero Grande Grande, así como Arsenio y Charlie, Louie Ramírez, un vibrafonista que empezó con su tio el famoso Joe Loco que en realidad se llamaba Jorge Estévez. Louie aprendió con Willie Bobo a tocar timbales, todo eso fue por allá al final de los años 50. Fue él quien organizó el Afro-Cuban Jazz con el percusionista Sabú Martínez, grabando su primer álbum Jazz Espagnole en
  en Alegre Records. Louie tocó con Charlie Palmieri, con Manny Oquendo del Conjunto Libre, y grabó con Tito Rodríguez el LP Algo Nuevo. Oye, pero todos estos que te nombro eran músicos enormes. Ahora me doy cuenta de la suerte que tuve viviendo esa época tan fecunda, rodeado de tanta genialidad. Monstruos, Caballos. Enormes. Sí señor, así fue…»

Conversando con Ray «Recordando a François Charpentier»

© Frédéric Vigneau

A partir de 1965 y como respuesta a la cultura anglosajona que imponía a los Beatles y la pop-music con enormes campañas publicitarias en radio y televisión, aquellos grupos de talentosos músicos fueron construyendo una Cosa más Latina, más urbana. Primero fue el Boogaloo que fusiona la guajira con el rock.

«El Boogaloo era típico de nosotros pues cantábamos en inglés y en español. En el 66 Joe Cuba pegó con Bang Bang, el Pete Rodriguez con I Like It Like That y Richie Ray y Bobby Cruz con su Jala Jala y Boogaloo. Era nuestra identidad Nuyorican, la de los hijos de los latinos nacidos o llegados a USA. Nada más ni nada menos. Pero cuando estás metido en las cosas de cada día no te das cuenta de su importancia ¿sabes? Es con el tiempo…

Por ejemplo cuando en la guerra de Vietnam muchos puertorriqueños tuvieron que ir, y se formaron revueltas lideradas por los Young Lords que eran como los Black Panthers, y los artistas tomamos consciencia. Eddie Palmieri graba el LP Justice / Justicia, Ernie Agosto y la Conspiración sacaron Tengo Poder, La Flamboyán de Frankie Dante, Venceremos y Paz, Tony Pabón y la Protesta graban Bandera, y así muchas orquestas jóvenes protestaron contra esa guerra. Muchas orquestas desaparecieron, grababan un disco y se desintegraron, no era fácil perdurar en ese medio y en ese ambiente. Nueva York tiene sus leyes y el pez grande se come al chico.»

Después llegaría el Boom de la Salsa con la Fania que Johnny Pacheco había creado con el abogado Jerry Massucci, y surgieron jóvenes artistas nuyoricans o nativos de la Isla del Encanto como Larry Harlow, Willie Colón, Bobby Valentín, Pete El Conde Rodríguez, Ismael Miranda, Ismael Quintana, Héctor Lavoe, entre otros, que crearon esa gran familia de la Salsa. Y esa familia se extendió por todo el Caribe y otras ciudades de Latinoamérica, creando una Identidad Cultural. En Caracas, en Cali, en San Juan, pero también en Lima donde el Callao es un bastión de salseros bravos, Veracruz en México, Barranquilla en el Caribe colombiano y por supuesto Ponce en Puerto Rico, cuna de grandes salseros.

La salsa no era un ritmo, No lo es, ni lo será nunca. Es un movimiento, una manera de asumir y de modernizar el Son cubano que fue la base, la fuente, el legado de Arsenio Rodríguez, de Benny Moré, de Chappottín y sus Estrellas, Miguel Matamoros, etc.

La Salsa y el jazz son géneros que vehiculan ritmos diversos y permiten fusiones e innovaciones, por esos se fundieron fácilmente los afroamericanos de todas las lenguas y naciones con italianos, anglosajones, judíos y músicos sin fronteras ni banderas.

Esa semilla salsera, afrocaribeña o como se quiera llamar se expandió por todo el continente. A la Salsa llegaron de otros horizontes Celia Cruz la Guarachera de Cuba[8] e Ismael Rivera el Sonero Mayor[9] atraídos por ese imán musical, por esa magia inexplicable, esa red de sabrosura, atrapados entre los tentáculos de una Criatura que se había gestado en la Calle: la Salsa de América latina y del Caribe.

Junto a Maelo y a Celia otros músicos de Puerto Rico, de Cuba, de Venezuela, de Colombia, de Panamá, del Perú y de la República Dominicana adhirieron al fenómeno urbano dentro del ámbito de la música popular del siglo XX: Papo Lucca y la Sonora Ponceña, Oscar de León, El Grupo Niche y Joe Arroyo, Antonio Cartagena, Cuco Valoy, etc., etc.

La tempestad se calmó y el Festival Toros y Salsa reinicio su culto a la Salsa, a la Salsa Dura, la Salsa Gorda, La Salsa Brava como decía François. Y cabe anotar que este hombre fue un Iluminado, un Visionario. Conversando con su esposa Laurence Charpentier acerca de la pasión que la Salsa provocaba en François, he aquí un resumen de su testimonio:

«En 1975, Claude el hermano mayor de François que en ese entonces tenía 15 años, lo lleva a un concierto de Ray Barretto en Bayona. En aquella época sus gustos musicales eran el rock, Carlos Santana, los Rolling Stone y sobre todo el folk rock y el rock progresivo, Crosby, Stills, Nash & Young, Creedence Clearwater Survival, Tim Buckley, Bob Dylan, el jazz rock con Steely Dan y por supuesto Frank Zappa. Después del concierto de Barretto -donde su hermano lo llevó casi forzado-, François salió transformado, impresionado por las manos ensangrentadas de Barretto después de tocar las congas. Eso lo marcó profundamente y un flechazo instantáneo por Esa Música se produjo, y empezó a escuchar, a buscar, a investigar, a aprender sobre ese género hasta entonces desconocido para él.

Programar Ray Barretto en 2005 en Toros y Salsa, ¡fue un sueño de infancia que François realizaba! Cuando François vio el estado de cansancio en que llegó Ray Barretto a Dax, se preguntó cómo iba a hacer para tocar con ese estado físico tan deteriorado, pero cuando Barretto subió a la tarima el concierto comenzó, era otra persona completamente diferente, galvanizado, no reflejaba ningún rasgo de cansancio y ofreció al público un concierto inolvidable. Y ese concierto quedó grabado en su memoria y en la de todos aquellos que tuvieron la suerte de asistir. Barretto también entró en la Gran Historia de Toros y Salsa porque ese fue su último concierto.»

Y lo que siguió fue apoteósico, Ray Barretto se juntó con los Papines y demás músicos que habían sobrevivido a la intemperie, y la Música retomó el Ritmo de la Vida en el Reino de Kairos y el Tumbao.

Ernesto Concha, Marsella, 07 de Noviembre del 2024.

Conversando con Ray «Recordando a François Charpentier»

© Frédéric Vigneau

[1] Brouillarta: Indomable ventarrón del nordeste francés que llega del océano atlántico, ensombreciendo repentinamente el cielo, con ráfagas que pueden alcanzar entre 90 y 100 km/h; las temperaturas disminuyen considerablemente y lo único que se puede hacer es huir porque la violencia de este fenómeno se llevará por delante todo lo que se interponga.

[2] Les Landes, en español las Landas, es una gran extensión de tierra llana y agreste.

[3] La antigua Aquae Tarbellicae y la moderna Dax tienen en común sus aguas medicinales. Tanto los antiguos galo-romanos como los franceses actuales se han curado en sus Aguas. La Fuente de agua caliente, emana, desde tiempos antiguos, a una temperatura de 64º C. Desde tiempos ancestrales en ella se adoraba a la diosa celta del agua, Nèhe. El lugar fue visitado por el emperador Augusto y su hija Julia, atraídos por la leyenda de la sanación del perro tullido de un legionario, tras ser tirado a las aguas termales por su amo.  El pórtico actual de  sin remediola fuente, de estilo toscano, se construyó en el año 1814, bajo el reinado de Luis XVIII.

[4] Arrasado en 1891, fue reemplazado por el establecimiento termal Dax-Salins-Thermal en 1984; posteriormente destruido por un incendio en julio 1926, antes de convertirse en el lujoso Splendid Hôtel.

[5] Durante dos décadas, de 1946 a 1966, existió en Nueva York el salón de baile más importante en toda su historia dentro de lo que se ha denominado la música afrocubana o antillana, El Palladium o La Casa del Mambo, preludio de lo que sería años más tarde, el género musical que se convirtió en un boom y se explayó por todo el mundo, la Salsa, y que llevó a la cima la música latina. (Pepe Comenta, diario la Libertad).

[6] Un día 29 de septiembre de 1947, en el Carnegie Hall, en Nueva York, Estados Unidos, se estrena el número “Manteca”. El concierto lo había abierto Ella Fitzgerald quien, al final, sentenció que esa noche había nacido un nuevo sonido en el jazz. Dizzy Gillespie había integrado a su agrupación al conguero Chano Pozo con el fin de involucrar ritmos latinos en el estilo BeBop. Así nació uno de los grandes clásicos de lo que fue conocido de ahí en adelante como CuBop y más tarde, como Jazz Latino o Latin Jazz. Más adelante, el 22 de diciembre del mismo año grabaron la primera versión del famoso tema.

[7] Caballero, acaba de entrar Watussi
Ese mulato que mide siete pies
Y pesa 169 libras
Y cuando ese mulato llega al solar todo el mundo dice
A correr que ahí llegó Watussi
El hombre más guapo de La Habana
¡Watussi, Watussi!
¿Qué quieres? (Fragmento de El Watussi de Ray Barretto, 1963)

[8] Celia Cruz (La Habana, 1924 – Fort Lee, Estados Unidos, 2003) Cantante cubana, una de las más grandes intérpretes de música latina del siglo XX. Ya en la década de 1950 cobró popularidad como vocalista de La Sonora Matancera, una de las orquestas punteras de la Cuba de Batista; el advenimiento de la revolución cubana (1959) forzó su exilio a los Estados Unidos, donde se vinculó a los artistas latinos de Fania All-Stars e inició su carrera en solitario.

[9] Ismael Rivera (Maelo, El Sonero Mayor o El Brujo de Borinquen) nació el 5 octubre de 1931 en Santurce, Puerto Rico. De niño se distinguió por un apasionado interés en la música y se las pasaba improvisando con latas y palitos. A temprana edad debió abandonar sus estudios para trabajar como limpiabotas y así contribuir con el sostén del hogar. A los 16 años se inició como albañil, aunque se la pasaba cantando y tocando en los rumbones que se formaban en la Calle Calma y otros sectores del Santurce Cangrejero, en unión de su amigo y compadre Rafael Cortijo, un personaje clave en la carrera artística de Rivera, con quien compartió fama y escenarios en numerosas ocasiones. (Fuente: Historia de la Salsa; Hiram Guadalupe Pérez)

 Ernesto Concha

Ernesto Concha