Tráiler
Sinopsis
En Bogotá, en 1996, un eclipse lunar que promete iluminar el cielo de rojo provoca una ola de pánico. Se rumorea que este acontecimiento anuncia la llegada del Diablo a la Tierra. Entre los habitantes preocupados, Mila, de 13 años, se debate entre dudas. A medida que pasan los días, ve cómo su cuerpo cambia: ¿será el cumplimiento de una maléfica profecía?
Con esa película experimental, Camila Beltrán confunde nuestros puntos de referencia. A lo largo de la película, la heroína se ve atrapada en una ciudad donde las creencias ancestrales conviven con la modernidad. El entorno en el que vive está saturado de una atmósfera pesada y opresiva en la que los límites entre sueño y realidad se difuminan.
© Sylvain Verdet – « Mi Bestia »
Entrevista a la directora
Hola Camila Beltrán, gracias por esta entrevista con El Café Latino.
Hugo Bernamonti – ¿Por qué elegiste el título «Mi Bestia» ?
Camila Beltrán – La cuestión es doble: la bestia como animal y la bestia como diablo. En nuestro imaginario colectivo, estas dos caras de la misma moneda se funden. El título «Mi Bestia» evoca esta dualidad, recordándonos tanto las profecías demoníacas de la película como la fuerza bruta de la naturaleza animal. El posesivo «Mi» subraya la profunda conexión entre Mila y esta entidad ambivalente, que es a la vez su diablo y su parte más animal.
H.B. – ¿Fue el contexto colombiano un factor determinante para elegir ese título ?
C.B. – Colombia es un país profundamente arraigado en la fe católica. Esta dualidad espiritual se refleja en el miedo ancestral al diablo y en la reverencia a Dios. La sociedad colombiana, marcada por una fuerte influencia religiosa, ha construido una narrativa que separa lo divino de lo demoníaco, lo humano de lo animal. Entonces existe una desconexión con el mundo natural. El título «Mi Bestia» busca desafiar esta dicotomía, invitándonos a explorar la bestia que yace en nuestro interior, aquella parte salvaje y primitiva que a menudo reprimimos.
H.B. – ¿Por qué decidiste basar la trama de la película en el eclipse de 1996 ?
C.B. – El eclipse, en nuestra película, se convierte en un catalizador de miedos y profecías apocalípticas que marcaron finales del siglo. Aunque ficcionalizado, el evento astronómico se entrelaza con creencias reales sobre el fin del mundo y la llegada del diablo. De hecho, algunos de los archivos que salen en la película son reales.
H.B. – Respecto a la luna roja, muchas escenas son rodadas de noche. ¿Por qué decidiste sumergir la película en una atmósfera tan oscura con tantas escenas nocturnas ?
C.B. – La oscuridad en nuestra película es más que solamente nuestro mundo interno y nuestros miedos. Representa la dualidad entre el bien y el mal, la luz y las sombras. En una sociedad tan maniqueísta como la colombiana, donde los límites entre lo bueno y lo malo están claramente definidos, la noche se convierte en un espacio de ambigüedad y misterio. La idea era poder trabajar la noche como un espacio de misterio pero también de libertad aunque connotado negativamente. Para la protagonista, la oscuridad es un refugio, un momento de liberación en el que encuentra un respiro.
H.B. – Los animales también desempeñan un papel muy importante : por ejemplo el perro o la lechuza. ¿Por qué decidiste utilizar tantos símbolos animales ?
C.B. – El título «Mi Bestia» refleja mi interés por la relación que ponemos, como humanos con las formas de vida no humanas. Los animales, especialmente, son un misterio completo para nosotros y encarnan una potencia de vida salvaje y misteriosa que escapa a nuestra comprensión racional, como el deseo por ejemplo. El deseo también está dentro de las profundidades de nuestro ser pero a menudo no lo entendemos. La lechuza es un símbolo de lo desconocido. Su figura, asociada a la brujería y a la noche, nos conecta con los aspectos más oscuros y desconocidos de la psique humana. A través de ella, exploró la parte más salvaje y misteriosa del ser humano, aquellos aspectos que compartimos con el animal y que nos vinculan a la naturaleza.
H.B. – Las escenas en las que aparecen los perros son siempre impactantes. ¿Qué papel desempeñan los perros en la película?
C.B. – La película explora la ambigüedad entre lo que protege y lo que amenaza. A menudo, aquello que consideramos peligroso resulta ser nuestro mayor aliado, mientras que lo que creemos seguro puede ocultar peligros insospechados. Esta tensión se manifiesta en la figura de los perros guardianes, símbolos de protección que, sin embargo, generan miedo. La protagonista descubre que su lugar está precisamente en este espacio ambivalente, encontrando refugio en lo que inicialmente le aterraba. De igual manera, la figura del padrastro, que en principio debería brindar protección, se revela como una fuente de peligro, mientras que la oscuridad, asociada con lo desconocido y lo temible, se convierte en un espacio de libertad y autodescubrimiento.
© Sylvain Verdet – « Mi Bestia »
H.B. – La televisión parece desempeñar un papel crucial en el desencadenamiento de las preguntas de Mila y, más en general, parece tener una influencia directa en los personajes. ¿Por qué elegiste la televisión como vector de influencia y sospecha?
C.B. – En la película, la televisión juega un papel crucial; es casi como un personaje más. Para la protagonista, las imágenes televisivas comparten y moldean su realidad tanto como cualquier otra experiencia. Esto se debe a que, desde mi perspectiva, las imágenes forman parte esencial de quienes somos, y la manera en que las percibimos influye profundamente en nuestro mundo interior. Por eso era fundamental mostrar cómo este universo televisivo, que transmite tantos miedos, estereotipos y conceptos sobre la mujer, el amor y la forma en que se deben ver las cosas, comienza a integrarse en su vida. Estas imágenes contribuyen a formar su sensibilidad en ese momento de su vida. Yo crecí con la televisión. En Colombia, es asombrosa la influencia que tiene este medio; está omnipresente y nos ha dejado una marca profunda, especialmente en mí, debido a mi historia personal. Como anécdota, el periodista que aparece en la película es mi padre, quien realmente era periodista. Crecí viéndolo hacer reportajes, y creo que todo esto influyó significativamente en mi sensibilidad hacia la imagen.
H.B. – En la película, los pantanos, y más en general la naturaleza, se presentan como un lugar de refugio para Mila, aunque a menudo se asocian con el peligro. Al contrario, la ciudad, que suele verse como un lugar familiar y seguro, se presenta como hostil. ¿Por qué has invertido este simbolismo?
C.B. – Cuando crecí, Bogotá siempre se percibía como un lugar extremadamente inseguro, y en muchos aspectos, lo era. Estos espacios salvajes eran vistos como escenarios del crimen y de lo desconocido. Para mí, era importante cambiar esa percepción y mostrar cómo una niña puede encontrar refugio en lo salvaje, un lugar que para muchos inspira temor. Ella establece una conexión especial con ese entorno, y esta es su primera transgresión: adentrarse en un lugar donde normalmente no debería estar, un espacio solitario y prohibido. Aún hoy, estos lugares se consideran peligrosos, pero también poseen una poderosa esencia que conecta con la ciudad antes de que ésta existiera como tal. Ahí se invierten los roles entre lo urbano y lo natural. Quise mostrar lo hostil de lo urbano y lo sagrado, precioso y misterioso de lo salvaje. Esto también se refleja en la relación de la protagonista con los animales. Lo que ocurre con los perros es un buen ejemplo: ella, que se siente tan sola, se acerca a ellos y encuentra una pequeña comunidad. Aunque no está claro en qué espacio se encuentra, este encuentro le proporciona claves sobre sí misma, sobre cómo enfrentar o no ese mundo y sobre cómo resolver su confrontación con él.
H.B. – En la película, la luz es tenue en general, y los colores son oscuros. Sin embargo, en la escena en la que los perros comen, la sangre resalta intensamente, creando un contraste impactante. ¿Tiene algún significado especial ese rojo de la sangre?
C.B. – La película explora profundamente el tema del cuerpo, en particular el cuerpo femenino, el de una niña en transformación. Por eso, la presencia de la sangre es crucial; simboliza todo lo que conlleva atravesar cambios físicos. En esta escena, la sangre crea un vínculo entre lo animal y lo que ella está viviendo internamente, algo que no se muestra de manera explícita, pero que se expresa a través de este color rojo. La sangre nos ayuda a entender relaciones que no se articulan con la razón ni con las palabras, sino que se transmiten visualmente, como en este caso. Esto también se refleja en la escena del primer beso. Ella desea tanto que llega a morder, y en ese mordisco, se sorprende del poder de su propio deseo, incluso sintiendo cierto temor hacia él. Creo que ella se enfrenta a un deseo salvaje, uno que le provoca vértigo y la confronta con su propia naturaleza.
H.B. – ¿Qué mensajes le gustaría transmitir a los espectadores a través de esta película?
C.B. – Como espectadora de cine, no creo que el objetivo sea transmitir mensajes, sino más bien ofrecer una experiencia. La película ofrece una experiencia de otro tiempo, de opresión, pero también de la posibilidad de liberación. Nos brinda la sensación de rechazar un mundo al que no queremos pertenecer y nos invita a reflexionar sobre cómo responder a ello. También nos confronta con la melancolía de lo que perdemos al dejar atrás la infancia, experiencias que todos hemos vivido al crecer.
Lo que me gustaría es que nos preguntemos sobre lo más profundo de nosotros mismos, sobre esa oscuridad y ese misterio interior. En términos de la discusión que la película puede plantear hoy, se trata del poder de la imagen y de la necesidad de preservar ese misterio, lo innombrable, aquello que nos pertenece íntimamente a cada uno.
© Hugo Bernamonti – Camila Beltrán
