Tags: fusión, Colombia, Venezuela, Reunión, música afrolatina, electrónica.

A lo largo del año 2024, realicé una serie de entrevistas con tres grupos y artistas de paso por Francia o Marsella en el marco del programa de radio Qué viva la música, que conduzco los lunes en Radio Galère. Sin la pretensión de constituir un corpus, las entrevistas se fueron encadenando al ritmo de los festivales y de mis intereses musicales centrados en las músicas afrolatinas. Pero muy rápidamente me pareció que resonaban unas con otras, formando un coro polifónico que compone una reflexión sobre las globalidades musicales, las fusiones entre repertorios tradicionales, las músicas electrónicas y los descentramientos culturales.

El orden elegido no es cronológico, pero decidí conservar la forma unitaria de las entrevistas por grupo y artista. El artículo se abre y se cierra con dos grupos; en el centro, un músico solista. Tanto el primero como el último otorgan un lugar privilegiado a las voces femeninas. Sin embargo, cada uno ofrece una perspectiva sobre nuestra relación con las músicas «folklóricas». [1]

Parranda La Cruz: de Barlovento a Reunión pasando por Lyon

Las músicas afro-latinas bajo el prisma de las fusiones

© Archivo personal del artista

Margot, francesa, y Rebecca, venezolana, se conocieron hace algunos años en Lyon y decidieron cantar juntas un repertorio afrovenezolano, específicamente de la costa caribeña, en la región de Barlovento, cuna de una herencia afrodescendiente poderosa. Margot, que ya tocaba en varias agrupaciones de Maloya, presentó a Luc y David, ambos originarios de Reunión, a Rebecca. El nombre del grupo, Parranda La Cruz, es una fusión entre el primer término, que hace referencia a un cortejo musical durante las festividades populares en Venezuela, y la transposición al español del barrio lionés Sainte-Croix, donde se conocieron los miembros del grupo.

Sobre este encuentro, Luc comenta:

«Nos dimos cuenta de que la música afrovenezolana nos hablaba mucho, porque es una música ternaria, un poco como en Reunión. Entonces, también hubo ese vínculo que facilitó la conexión y nos permitió adaptarnos rápidamente

Sin embargo, el grupo es más cauteloso en cuanto al carácter «tradicional» de su música:

«Yo no lo llamaría tradicional en el sentido de que no estamos… Nosotros estamos en Francia, vivimos en Francia, tenemos experiencias distintas y no venimos todos del mismo lugar. Entonces, decir que hacemos música tradicional, no. Nosotros creamos, componemos, escribimos nuestras canciones, inspirándonos en estas tradiciones que nos hablan y respetándolas. Nos inspiramos en ellas.»

La música venezolana sigue siendo poco conocida y escasamente representada en la industria musical de exportación etiquetada como world music. Esto puede deberse a que Venezuela, desde principios del siglo XX, ha sido un país ultra-petrolero que no ha necesitado desarrollar una economía cultural o turística (dos sectores que suelen ir de la mano en el ámbito de la world music). Además, como expresa Rebecca: «Son músicas bastante desconocidas porque no todas son bailables como se suele pensar. Son festivas, pero no de la manera bailable que uno esperaría.»

El primer álbum de Parranda La Cruz puede considerarse inédito, sobre todo porque fusiona inesperadamente los ritmos del océano Índico con los de las costas venezolanas del Caribe. Esta particularidad ha permitido que músicos venezolanos se interesen y colaboren en el álbum. Entre ellos, el percusionista Orlando Poleo, Julio D’Santiago y las hermanas Machado, Betsayda y Nereida, guardiana de la tradición afrovenezolana.

Cuando se les pregunta cómo lograron apropiarse de ritmos poco conocidos, David responde:

«Hay algo en esto de que todos somos cantantes, todos tocamos percusión. (…) Y así fue como la fusión surgió de manera natural. (…) Ahora sabemos que necesitamos hacer esto, crear juntos. (…) Cada uno aporta algo propio y eso crea algo único para nosotros, y es lo que nos gusta vivir juntos

En el repertorio percusivo, otra novedad que aporta Parranda La Cruz es la incorporación de los Quitiplás. Muy utilizados en la región de Barlovento, son gruesos tubos de bambú cortados que producen sonido al golpearse contra una superficie dura, como una piedra. Generan una polirritmia que dominaba a la perfección Belén María Palacios antes de su muerte en 2009 [2]. Se asemejan al piqueur de Reunión, un bambú golpeado con baquetas. Los puentes siempre existen, y la música nos lo recuerda constantemente.

Leo Merchán: de una Colombia a otra

Las músicas afro-latinas bajo el prisma de las fusiones

© Archivo personal del artista

Leonel Merchán es originario de Ibagué, una ciudad a pocas horas de Bogotá donde los instrumentos predilectos son la guitarra y el tiple, característicos del repertorio de esta región orientada hacia la rajaleña, los sanjuaneros, torbellinos, bambucos y pasillos. Su abuelo era músico, y él mismo empezó a tocar en bares a los 15 años. En 2005, se enamoró de la marimba, el instrumento típico de la costa del Pacífico colombiano, también llamado el «piano de la selva». Nos conocimos durante el Festivalito, festival de música colombiana que tiene lugar a principios de julio en el departamento de Gard (sur de Francia).

En los años 2000, formó un grupo llamado Pambil, compuesto por músicos del Pacífico y del centro del país. Actualmente, busca mezclar la música andina con la marimba, explorando conexiones inesperadas.

Dirige desde hace algunos años el grupo Phonoclórica, que fusiona con la música electrónica. Uno de los detonantes de esta nueva propuesta fue el confinamiento por la COVID-19: los músicos tuvieron que encontrar formas de tocar sin sus compañeros.
«No fue algo que buscamos, sino una necesidad. Y ahora es un proyecto.»

La marimba lo llevó a cuestionarse sobre la tradición, la afrocolombianidad y la música como componente cultural, identitario y político.

«Cuando tocábamos en Bogotá, me daba cuenta de que la música del Pacífico tiene otro biorritmo (…) Nosotros aprendimos a tocar la marimba sin ser representantes de la tradición, pero sí de su interpretación. Estudiamos la tradición para poder hacerlo con el mayor respeto. (…) Lo importante es el lugar de enunciación. Tengo un dúo de marimba y en la guitarra, toco a Philip Glass, Eric Satie, Bach, Mongo Santamaría o Lucho Bermúdez. La marimba se convierte en un instrumento del mundo como la guitarra, la zurna, el tabule, el tantán y el bandoneón (…) La marimba solo va a transformarse en un instrumento que cada vez más gente querrá tocar. E incluso positivo para las comunidades originarias que también desarrollan un turismo en torno a la marimba”.

Dessde poco, Leonel prueba un formato en solitario. No es DJ, sino que toca en directo sus propias composiciones mezclando marimba y loops electrónicos que llama piezas “electrofolkloricas” [3]. Para él, se trata de un “beneficio espiritual”. Después de 20 años de aprendizaje de este instrumento, es la primera vez que se presentaba en Europa.

Reco Reco y Canalón de Timbiquí: unos tolosanos en el Pacífico colombiano

Las músicas afro-latinas bajo el prisma de las fusiones

© Paul Goueguizoux

Finalmente, para explorar las fusiones, los puentes y los encuentros en las músicas actuales a partir de las músicas «tradicionales» de América Latina, en particular afrolatinas, nuestra última etapa se centra en una colaboración franco-colombiana: Reco Reco y Canelón de Timbiquí. Tuve el placer de entrevistarlos durante su paso por Babel Music XP en abril, en Marsella.

Proponen una fusión entre la música tradicional del Pacifico colombiano y ritmos electrónicos. El primero es un trío de artistas de Toulouse, el segundo es un grupo de música de seis cantantes y músicos dirigido por la talentosa Nidia Gongora quien, desde unos años hizo una serie de colaboraciones artísticas con músicos y DJ europeos

Este proyecto fue impulsado por Thomas Belet, director del festival Locombia en Toulouse. Como parte de la iniciativa, tres músicos franceses viajaron a Colombia y grabaron tres piezas con Canelón.

Canelón, al igual que otros grupos de esta región colombiana, como Herencia de Timbiquí y Grupo Bahía, se caracteriza por su fuerte vínculo con la cultura del río Cauca, los manglares y el océano Pacífico, así como por su reivindicación territorial y afrodescendiente.

Nidia Gongora, líder de Canalón, habla de la globalización de las sonoridades del Pacifico colombiano, sobre todo con el Grupo Bahía como precursores. También explica que la música tradicional no ha retrocedido, sino que ha evolucionado, al igual que a otras culturas. Se dio una transmisión intergeneracional, permitiendo que las nuevas generaciones retomen una herencia que pasó por un proceso de búsqueda, grabación y reforzamiento.

Uno de los puntos claves de esta evolución radica en que estas músicas también sirven como un medio para la reivindicación cultural, política y socioeconómica. Nidia precisa:Creo que cuando abrimos la puerta para compartir y mostrar una cultura, una identidad musical, la puerta debe quedar abierta también para recibir, aprender e interactuar.”

Por su parte, los músicos de Reco Reco reconocen que aprendieron muchas cosas, no solo sobre música, sino sobre un pueblo, una vida y mucho más:

Aquí en Francia se pierden muchas cosas simples. Y esa relación con lo simple, la conexión con la naturaleza, son cosas muy importantes. Olvidamos lo esencial porque siempre hay cosas por hacer, objetivos temporales… Pero allá la vida no es así.

Una contemplación que también aborda la transmisión, primero intergeneracional, luego femenina, un tema muy querido por Nidia:

A pesar de que vivimos en sociedades machistas, el matriarcado siempre ha sido fundamental porque son las mujeres las guardianas de la transmisión, en particular las abuelas. El hogar, las culturas, la pesca en el manglar (piangüar), así como las nanas (arrullos), cantos y nacimientos, dependen de ellas. Son ellas quienes se encargan de cuidar la salud, los cuerpos, la vida, los niños, los esposos y todos los espacios donde la organización comunitaria cobra vida. (…) Están presentes durante los nacimientos con los arrullos y en los fallecimientos con los alabaos. (…) Ahora hay mujeres percusionistas (tamboreras), cuando antes no era permitido, pues estaba demasiado estigmatizado. (…) Se capturaba la fuerza y las capacidades creativas de la mujer. En mi caso, me decían que no era bueno mostrar que se sabe tanto, porque cuando sabes mucho, representas una amenaza y eso puede ser peligroso para ti”.

En mi país, marcado por la violencia social y política, ser mujer, negra y pertenecer a una comunidad que protege su territorio puede ser un factor de riesgo, que finalmente la música tiende a alejar.

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En los últimos años, ha habido numerosas discusiones y polémicas en torno al fenómeno de la apropiación cultural, en parte debido al surgimiento de discursos decoloniales cada vez más acerbos y críticos de las formas de dominación histórica y cultural, vestigios o residuos de los colonialismos.

Ahora no se trata de levantar el velo de la polémica ni de los enfrentamientos entre quienes tienen una visión radical de la “propiedad cultural”, porque al final, solo es el producto de la explotación. Pero también es importante no dejar de lado lo que se desarrolla cada vez más: las relaciones y fusiones consentidas que no expolian nada a nadie, sino que se enriquecen las unas y las otras.

No se trata de un multiculturalismo indolente y apolítico, sino de necesidades reales, sobre todo en cuanto al «regreso al esencial» (naturaleza, comunidad, luchas sociales), que experimentan numerosos artistas provenientes de la cultura occidental capitalista. Y el vector de las músicas globales es un parapeto necesario para propagar estos modos de vida alternativos al mundo capitalista occidental; algo que podría asemejarse a una «transglobalidad», de cierto modo, entre la globalización, la glocalización y la hibridación.

Esta breve serie de tres entrevistas me permitió establecer el vínculo entre ellos, sin haberlo planeado al principio. Apareció un hilo conductor en tiempo real que podría convertirse en una línea multicolor de sonoridades y experiencias compartidas.

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[1] Ya sea en la fusión de artes musicales instrumentales o electrónicas, se trata también de un término que englobaría cualquier intento de desplazamiento, descentramiento o incluso de apertura de las músicas populares tradicionales.

[2] Se le ha dedicado un documental: https://vimeo.com/142209170

[3] https://www.youtube.com/watch?v=daiNVbFnIr0&pp=ygURbGEgcGFuZWxhIG1lcmNoYW4= 

Mila Ivanovic (aka DJ Mamaloba)

Mila Ivanovic (aka DJ Mamaloba)

DJ, animadora de radio y aficionada

Traducción: Margo d’Auria