Simón Bolívar, imagen generada por IA Gencraft

 

El historiador colombiano Cacua Prada sostiene en su libro “Los hijos secretos de Bolívar” que el Libertador Simón Bolívar tuvo dos hijos con Teresa Lainsney, una joven francesa a quien conoció en París en 1802. Uno de ellos murió a los diez meses mientras que la otra fue la célebre Flora Tristán.

Teresa estaba casada con un aristócrata peruano miembro del ejército español llamado Mariano Tristán, un hombre bastante mayor que ella que no reconoció como suya a la pequeña Flora, entre otras razones, porque era estéril. Sin embargo, aceptó que creciera junto a su madre en el seno del matrimonio. Después de la muerte de su esposo, ocurrida 5 años después, le puso su apellido a su hija y parece que nunca le contó quién era su verdadero padre.

Flora, como se sabe, se convirtió en una célebre escritora y activista política socialista que defendió la emancipación de las mujeres como parte integrante de la emancipación de los trabajadores, recorriendo durante varios años Francia. Escribió la famosa proclama de “Proletarios de todos los países, uníos”, con la que después Marx y Engels remataron en su “Manifiesto del partido comunista” en 1848.

 

El posible lazo entre Simón Bolívar, Flora Tristán y Paul Gauguin

Flora Tristán, por Jules Laure

 

Fue, además, la madre de Aline Chazal, quien nació en 1825 y fue a su vez la madre de Paul Gauguin que nació en 1848 en París. Por eso, de ser cierta esta afirmación del historiador colombiano, Bolívar sería el bisabuelo del gran pintor francés postimpresionista fundador del estilo sintetista, que consiste esencialmente en representar una superficie plana cubierta con colores conjuntados en un cierto orden, enamorado de la vida y condición natural de los seres humanos cuyos prototipos ejemplares fueron para él los habitantes de la Polinesia.

Sobre la historia de Flora Tristán y de su nieto Paul Gauguin, el escritor Mario Vargas Llosa escribió en 2010 su libro “El paraíso está en la otra esquina” en donde los presenta profundamente unidos en la búsqueda del ideal perfecto o del paraíso perdido. Pues, aunque no se conocieron personalmente, ya que Flora murió 4 años antes del nacimiento de Gauguin, ambos se integraron en la creencia firme de que existía aquí en la tierra la posibilidad de encontrar de nuevo en sus vidas ese paraíso perdido.

Sin embargo, esta interpretación que hace Vargas Llosa de la vida, o mejor, del sentido de la vida de estos dos personajes, no es válida con respecto a Flora, porque lo que ella buscó no fue el paraíso, sino lograr la libertad para los trabajadores y las mujeres, luchar por ayudarlos a liberarse del dominio que ejercían sobre sus vidas sus amos empresarios o sus padres, esposos y hermanos. Anhelo que ha venido realizándose progresivamente con el paso de los años en la modernidad gracias a la lucha de los trabajadores y de las mujeres por conseguirlo.

De ahí que su mayor mérito histórico es el de haber sido una de las primeras precursoras femeninas de estas luchas libertarias. Y los trabajadores y las mujeres, al lograr liberarse del dominio que ha sufrido, no alcancen el paraíso sino sólo la libertad.

 

El posible lazo entre Simón Bolívar, Flora Tristán y Paul Gauguin

Flora Tristán

 

Ahora bien, si aceptamos como válida la posibilidad de que Flora fuera hija de Bolívar, sería más correcto y apropiado señalar el paralelismo o la similitud que existió en la vida de los dos, dada por la entrega de sus vidas a luchar por la emancipación. Es en torno al poderoso anhelo de emancipar o ayudar a emancipar a quienes sufren el dominio o la opresión de los poderosos en donde los dos se encontraron y se unieron. O tal vez, sea mejor decir, que este anhelo fue el legado que le dejó Bolívar a su hija Flora, aunque nunca la conoció ni supo de su existencia. Legado que ella asumió plenamente para darle sentido y orientación a su vida sin saber quién era su verdadero padre.

Pero este anhelo de lograr, para quienes son oprimidos, para los que sufren el dominio de otros, que se emancipen y se liberen de la opresión, les surgió seguramente porque les pareció, con razón, completamente injusto e inaceptable. Y no se conformaron, entonces, con vivir sufriendo en carne propia o viéndolo sufrir a otros, por lo que decidieron dedicar sus cortas vidas –Bolívar vivió 47 años y Flora Tristán apenas 41– a luchar para liberar de ese dominio, político o personal, a quienes lo sufrían. El primero, recorriendo con su ejército gran parte de América del Sur para combatir y derrotar a las tropas españolas que sostenían el poder colonial; y la segunda, recorriendo Francia explicándoles a las mujeres y a los trabajadores la necesidad de unirse, organizarse y luchar por su emancipación. Se les convirtió a los dos un deber imprescindible e inaplazable esforzarse al máximo por suprimir esas formas de dominio imperantes en la realidad en la que vivían. Pues comprendieron muy bien que solo suprimiéndolo los hombres y mujeres que lo padecen podrán llegar a ser libres, podrán adquirir la posibilidad de vivir en función de su autónoma voluntad.

 

El posible lazo entre Simón Bolívar, Flora Tristán y Paul Gauguin

 Paul Gauguin, autorretrato

 

Esta inconformidad poderosa que sintieron los dos con la realidad que los rodeaba la sintió también Paul Gauguin. Pero, a diferencia de su abuela y bisabuelo, no la sintió contra las diversas formas de dominio que sufren los seres humanos, sino hacia la civilización occidental que hacía mucho tiempo había dejado atrás o abolido el orden natural de la vida de los seres humanos. Sintió un fuerte rechazo por una civilización que había eliminado o “matado” de su seno las formas de vida natural de los seres humanos. Pues al hacerlo habían destruido la más auténtica y valiosa vida que puede tener cualquier ser humano.

Vivir de acuerdo a la propia naturaleza no fue tanto para él una enseñanza estoica, que tal vez nunca conoció, sino un imperativo que brota de la misma vida de los seres humanos. De ahí que decidiera dejar ese mundo civilizado para ir en pos de un lugar en la tierra donde sus habitantes vivieran, precisamente, de manera natural, y poder así representar en sus lienzos la naturaleza corporal de sus mujeres y de su entorno vital. Allí encontró ese lugar que se parecía, como bien lo señaló Vargas Llosa, al paraíso perdido, el lugar vivo y presente semejante al que existió en el pasado remoto del mundo occidental en el que los seres humanos eran uno con la naturaleza.

 

Texto: Camilo García Giraldo

Texto: Camilo García Giraldo

Filósofo y escritor