© Sebastian Goldberg

Escrito por Carmen Helena Trujillo

Es posible visitar y compartir con una comunidad indígena en la Amazonía de Colombia.

Son más de 30.000 indígenas de la etnia Tikuna que habitan los territorios de Perú, Colombia y Brasil.  En el asentamiento de San Martín de Amacayacu en Colombia viven aproximadamente 600 indígenas.

Viajé desde Bogotá, capital de Colombia y allí tomé un vuelo hacia Leticia capital del departamento del Amazonas que duró unas 2 horas. Es mágico poder contemplar desde lo alto la selva y el majestuoso río Amazonas. En el puerto de Leticia tomé la lancha que me llevó por el Amazonas durante 1 hora y 30 hasta llegar al puerto de Bocas que es un puerto solamente donde comienza la selva, no hay más construcciones. Allí, dos personas de la comunidad me esperaban para darme la bienvenida y llevarme en su canoa con motor hacia San Martín de Amacayacu, navegando por el río Amacayacu durante 10 minutos aproximadamente.

La tranquilidad y armonía de los indígenas se funde entre la selva; son silenciosos y cautelosos.. Me acogen, me observan, los niños me saludan y sonríen, en su territorio soy una “cori” extraña en lengua tikuna

Sus casas son hechas en madera, son amplias y elevadas para no tener contacto con el terreno, adornadas con flores, bromelias rojas que decoran los diversos lugares dando un contraste entre el color café de la madera(acapú) de las casas, con el verde de los árboles y el color de la tierra firme, junto al río Amacayacu de aguas cristalinas.

Se siente una tranquilidad en este lugar pacífico y armonioso. La cotidianidad de la comunidad se basa en que las mujeres se dedican a la familia y a la artesanía, utilizando la palma de chambira (Astrocaryum chambira), los hombres a la pesca (hay sobre todo los peces sábalos, paco, que es un pez gigante y variedades de bagres), a la artesanía con la fibra natural de la corteza de árbol que se llama yanchama y a la talla de madera conocida como palo  sangre con la cual hacen diversas esculturas pequeñas,  a la construcción y en general todos los adultos sin distinción de edad a la agricultura, cada familia tiene una parcela de tierra que llaman chagra y allí cultivan frutas (guama, piña, asai, lulo, banano, etc.) tubérculos(yuca, batata, ñame, etc.) y otros alimentos como caña de azúcar y plátano. La chagra es importante y cada familia procura tenerla bien bonita.  Hay días de minga (actividad comunitaria de colaboración) en los que por ejemplo todos ayudan a hacerle mantenimiento a una chagra o a pintar una casa o a arreglar un bote.

¡Es linda la vida en comunidad!

La chicha que está preparada con base de yuca, la beben para celebrar. El domingo es el día de la asamblea comunitaria, día en el cual se reúnen en la maloca principal y se toman decisiones democráticamente, están organizados como cabildo autónomo y el Curaca es la máxima autoridad. Su filosofía de vida se basa en que la palabra es sagrada, la paciencia es una virtud, los niños viven en libertad y no se les cohíbe para no traumatizarlos, se les enseña con el ejemplo y en armonía con la naturaleza, toda la sociedad es tratada por igual sin distinción de edad

La vida en San Martín es tranquila, quien quiera ir puede hacerlo, hay aproximadamente 12 prestadores de servicio comunitarios avalados por la secretaría de turismo de San Martín y el parque Nacional Natural de Amacayacu, con el apoyo de la Unión europea, desarrollo social sostenible, acuerdos para la conservación, el buen vivir y la paz. Visitarlos además contribuye a su economía y bienestar. Transforma nuestra vida porque después de esta experiencia verán la vida con otros ojos, como me ha sucedido, pues la vida vale la pena en armonía con la naturaleza y viviendo en comunidad.

Carmen Helena TRUJILLO

Carmen Helena TRUJILLO