The Diamond, Londonderry, Irlanda del Norte, Reino Unido
Marionetas macabras en el escaparate de una tienda departamental de Derry entretienen a los espectadores en Legenderry’s (¿ves lo que hicieron allí?) Halloween Spooktacular Festival, «Awakening the Walls». (Octubre de 2019)

 “… pero son pocos los hombres que comprenden las múltiples ventajas que proporciona el no avergonzarse por nada y el atreverse a todo”.  Erasmo de Rotterdam

En mi último año de estudios de psicología, debíamos realizar prácticas de psicología clínica en el hospital psiquiátrico ubicado en una pequeña población cerca a la ciudad de Bogotá, llamada Sibaté. Me acuerdo del primer día, me encontraba en la recepción del lugar con mis compañeros a la espera de ser autorizados para ingresar. Alrededor se encontraban deambulando algunas personas que hablaban solas. De pronto uno de estos personajes, un joven de aproximadamente 30 años se acercó al grupo y nos dijo susurrando: “Si quieren entrar aquí, yo les recomiendo que no lo hagan, esto está lleno de locos”. Nos miramos sorprendidos y una vez se alejó, alguien dijo. “¡Este si está loco! cómo se le ocurre imaginar que nosotros estamos aquí para quedarnos”.  Nos asusta la demencia, que nos llamen locos e incluso que piensen que lo somos.

La palabra viene del latín dementis y significa «el que se sale de su mente». Entender el ser demente como un desorden en las funciones racionales y comunicativas, es lo común, ya que se utiliza para hablar de un desajuste de la razón y para denominar a aquellas personas que tienen un comportamiento extraño, no necesariamente referido a una patología mental. Así, cuando alguien nos dice algo con lo que no estamos de acuerdo, le respondemos: “eres un demente”.

 El demente lo emprende todo, no se para frente a nada, no se sonroja, ni tiene miedo al peligro, ni al qué dirán, tres trabas que dificultan el conocer y que nos alejan de afrontar nuevos terrenos.  Esto lo viví con Antonio, allí en Sibaté. Era todo un personaje, nada callaba, lo llamaban el “noticiero de Sibaté”. Todo lo que él oía o veía o sentía, o hacía, lo expresaba a viva voz, todos teníamos que oírlo. Después me enteré de que murió ahogado en el lago ubicado frente al asilo. Sobrepasó todas las barreras, se escabulló. No era la primera vez que lo hacía. No nos es fácil la demencia como práctica, ya no los dice Rotterdam “… pero son pocos los hombres que comprenden las múltiples ventajas que proporciona el no avergonzarse por nada y el atreverse a todo”. Nuestro problema al crear e innovar es precisamente nuestra mente rígida y estática, preguntémonos ¿cómo alcanzar una mente flexible?

Los locos son siempre los otros, cada uno considera que actúa de manera cuerda. Creemos tener el control sobre lo que sucede a nuestro alrededor y que son los otros los que han perdido la razón y actúan de manera extraña. Llamamos demente a aquellos que viven y comunican una realidad diferente a la nuestra y al hacerlo la delatan como una realidad inconveniente, improductiva e ineficiente, produciéndonos malestar y rechazo.

¡Eres un demente! el libro que te reconcilia con la locura

Universidad de Queen Belfast, edificio Lanyon, Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido
Escultura de mármol de Galileo Galilei contemplando la naturaleza del universo (Nov, 2019).

El demente tiene como principio la negación de lo cuerdo, de lo que viene siendo aceptado y demostrado como válido y útil. Cuando aquel se paro y dijo “no es el sol el que se mueve sino la tierra”, todos creyeron estar frente a un demente, por cuanto lo que afirmaba era una fantasía, una mentira, una negación completa de los sentidos, sobre todo el de la vista. Quisieron callarlo lo más pronto posible, fue amenazado, y se retractó de alguna manera: “Bueno la tierra no se mueve, pero sin embargo se mueve”, dicen que lo proclamó para no pasar a la hoguera.

Pero dejó puesto un alfiler en la consciencia y en las creencias de las personas de la época. Lanzó una pregunta y generó alguna inquietud, invito a observar, a pensar de nuevo. De allí en adelante, hemos venido requiriendo de otros dementes que inviten a la duda, al cuestionar, para avanzar, para movernos de donde estamos, para emplazar el movimiento.

El demente da origen a las cosas nuevas al abandonar los dogmas y al cometer una que otra tontería o extravagancia: tenemos que ser dementes para atrevernos a contradecir y a negar lo que viene siendo proclamado como verdad. Si vemos con cautela la vida de los genios más sobresalientes, en cualquiera de las artes humanas, (Picasso, Dalí, Einstein, Newton, Galileo Galilei, Copérnico, Darwin, Pasteur, Curie, Tesla, etc.), podemos descubrir que realizaron actos dementes. Reneguemos progresivamente de nuestra cordura. La razón queda vencida por el desorden que impera en el demente, subyugada por el peso de lo improbable, tal vez también, por el deseo de algo mejor.

Al hablar el demente, los cuerdos se alegran y ríen, como si se burlasen de lo expresado, pero también denotando la alegría de la sorpresa que se produce por el aspecto nuevo y trasfigurado de lo presentado por el demente. El demente exige al cuerdo atención, esfuerzo por comprender, escucha activa. Pero no la atención, el esfuerzo, la escucha que usamos normalmente, sino la atención, el esfuerzo y la escucha requerida cuando estamos frente a un “charlatán”. Desconfiamos de lo que dice, pero a la vez nos obliga a presentar nuestros argumentos con contundencia, como manifestación de poder y sujeción, a poner más atención, para anticiparnos al engaño, que pensamos nos quiere hacer caer. En esta dinámica, entre negar o defendernos de lo que nos dice el demente y la argumentación que damos para rebatirlo, se da un resultado sorprendente: surgen otras posibilidades no vistas.

Asumamos la tarea de hacernos dementes y agreguemos a esto la idea de flexible. Aquella frase famosa es retadora: “Seamos realistas pidamos lo imposible”, pues nos lleva a reflexionar acerca de la idea que tenemos de lo que es cuerdo, adecuado, aceptable, real. Todo nace al pedir lo imposible, es como si nos dijéramos: “Pidamos lo imposible por que lo posible nos está matando”.

Pedir lo imposible puede ser considerado como un caminar sin brújula a un lugar que no sabemos ni conocemos, pero también como búsqueda, dónde el no saber a dónde queremos llegar no es el obstáculo, es libertad.

Es indudable la necesidad que tenemos los seres humanos de crear o innovar. Sin esta actividad nuestras soluciones se harían progresivamente obsoletas. Acerquémonos a otras explicaciones y soluciones permitiéndonos la locura, pero no aquella que tenemos clasificada como inconveniente y destructora, sino la que está implícita en la expresión: “esto que estás proponiendo es una locura”.

Celebremos cuando nos gritan ¡Eres un demente!

 Raúl E. Nieto Echeverry

Raúl E. Nieto Echeverry

Psicólogo y profesor en Colombia